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24 abril 2017 1 24 /04 /abril /2017 09:35

A caballo, caminando o a lomo de burro; por caminos de ripio y a veces ni siquiera eso. Atravesando montañas, haciendo dedo o coordinando para conseguir un auto. En escuelas aisladas y carentes de ciertas comodidades. A veces con un solo maestro, que a su vez es el director. Así transcurren los días en las escuelas rurales argentinas que sin embrago, año tras año, muestran mejores rendimientos, especialmente en la primaria. La histórica brecha que había entre ambas modalidades se va achicando, a punto tal que en las últimas pruebas Aprender -que se tomaron en octubre - surgió un dato sorprendente: los chicos de sexto grado del campo se destacaron más en matemática que los que viven en la ciudad.

La proporción de alumnos que allí alcanzaron un nivel avanzado de matemática fue del 24,6%. En la ciudad, en cambio, fueron el 19,1%. Son chicos , de entre 10 y 12 años, que lograron desde resolver problemas complejos hasta identificar figuras geométricas partiendo de sus propiedades, entre tantas otras capacidades. En Lengua, el desempeño de los chicos urbanos y rurales fue similar. Hay otro dato que muestra la buena performance de las escuelas del campo. De 6.455 colegios rurales, 3.996 estuvieron por encima de la media nacional en sexto grado: es el 62%. Estudios regionales de la UNESCO y el anterior Operativo Nacional de Educación (ONE) dela Argentina ya marcaban esta tendencia. No sucede lo mismo en la secundaria, donde la brecha sigue tan alta como siempre. Por ejemplo, mientras el 30,7% de los chicos urbanos lograron buenos resultados en Matemática, en el campo fueron solo el 17,8%. Si bien no existe ninguna investigación acerca de las razones de todos estos resultados, diversos especialistas consultados por Clarín arriesgaron algunas hipótesis que lo puede explicar. Entre ellas, destacan el modelo pedagógico que utilizan estas escuelas, la inversión que hubo para ellas en los últimos años –financiada por organismos internacionales- y, finalmente, que se trata de comunidades muy comprometidas con la educación de los chicos. “Estos resultados nos muestran que habría mucho que aprender de las prácticas pedagógicas en las escuelas rurales. Allí se enseña en la modalidad de plurigrado (aulas con chicos de distintas edades y grados), donde se trabaja por proyecto y de forma más individualizada con cada alumno. La hipótesis sería que es una alternativa pedagógica efectiva, que se podría implementar también en ámbitos urbanos para mejorar”, dijo a Clarín Elena Duro, secretaria de Evaluación Educativa del Ministerio de Educación.

Graciela Cappelletti, especialista en Didáctica y profesora en la universidades de San Andrés y UBA coincide. Siempre en el terreno de las hipótesis, cree que los resultados se pueden deber a la menor cantidad de estudiantes, al plurigrado y al seguimiento cercano por parte de los docentes, entre otras razones. “Estas condiciones son poco frecuentes en las aulas urbanas donde la división es por grados, y con grupos más numerosos, por mencionar solo alguna de las características”, afirma.

La mayor inversión es otra posible explicación de estos resultados. Desde 2006, las escuelas rurales reciben apoyo en equipamiento (libros, útiles, infraestructura) y en capacitación docente, por parte del programa PROMER (Proyecto de Mejoramiento de la Educación Rural) financiado por el Banco Mundial. Hay 250 millones de dólares comprometidos en este programa hasta el año 2020. El nuevo foco está puesto en el desarrollo de las escuelas rurales secundarias.

“Lo que hizo el PROMER fue poner a las escuelas rurales en condiciones normales, similares a las urbanas. Hasta entonces esos colegios estaban abandonados. No fueron inversiones mayúsculas, pero lograron poner a esas escuelas en funcionamiento, con el equipamiento didáctico necesario”, dijo a Clarín Sergio España, especialista en educación rural y maestro de esas escuelas durante años, en pueblos de Chubut. Una tercera hipótesis que podría estar detrás de los resultados es el compromiso de las comunidades rurales con la educación de los chicos. Lo explica Duro: “Las escuelas rurales tienen una alianza fuerte con la comunidad. Por sus características, esas escuelas están más acostumbradas a trabajar con las familias”.

“El dato sobre los resultados en matemática de primaria confunde y merece ser seguido -dice Gustavo Iaies, director de Fundación CEPP-. Parecería que en la ciudad, las condiciones de estímulo de los alumnos deberían ser mayores, pero eso no está ocurriendo. Las condiciones de las escuelas urbano-marginales, aún promediada con las escuelas de mejor nivel parece empatarse con la de las zonas rurales, cosa que aparentemente no debería ser así”. El experto agregó que “un chico de ciudad debería tener mayores estímulos a resolver problemas, por el tipo de problemas que le plantea ese ámbito, que desembocan en sus resultados en matemática. Debería encontrar mayor cantidad de situaciones desafiantes para la evolución de su pensamiento lógico-matemático. La realidad de las zonas urbano-marginales se encuentra muy deteriorada, y parecería que va a necesitar un trabajo específico, profundo, para que la escuela equipare los desafíos que no plantea cada casa”.

 

clarin.com

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Published by Polimodalitos
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