Debate:¿Los escraches,deben ser enseñados en la escuela? (II)
Relacionado con el artículo anterior, y con el tema principal del Suplemento educación de Clarín del miércoles 15 de junio, voy a dejar en el blog la siempre palabra autorizada de jaim Etcheverry.
Chau.
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Guillermo Jaim Etcheverry
Ciudadanos críticos y libres
Puesto que la educación responde al proyecto político de una determinada sociedad, resulta esencial que las actividades que se realicen en las instituciones educativas de una democracia se propongan contribuir a la formación de los niños y jóvenes como ciudadanos. Para ello, es necesario que comprendan la estructura social y su organización política, así como sus deberes y derechos que les permitan, llegado el momento, participar activa y reflexivamente de la vida en común.
Resulta importante no perder de vista que el papel de la escuela no se limita a la enunciación de la teoría de la democracia como una materia más, sino que debe constituir para los alumnos una experiencia vital. En tal sentido, por ejemplo, la escuela pública argentina de fines del siglo XIX y de la primera mitad del XX, constituyó un exitoso proyecto de integración social. Además de adquirir herramientas intelectuales, los alumnos aprendían a convivir en una situación de igualdad con otros niños provenientes de ambientes sociales y culturales muy distintos a los propios. El guardapolvo blanco no permitía distinguir a los hijos de los empleados de los de los profesionales o de los obreros. La fortaleza de la escuela pública residía, precisamente, en esa práctica de convivencia de identidades muy diversas que permitía que cada uno aprendiera, desde muy pequeño, a respetar al otro, reconociendo diferencias culturales y religiosas. Esa fue una de las mayores contribuciones de la educación a la construcción de ciudadanía que, lamentablemente, hemos ido perdiendo por el ocaso de lo público que se acentuó en la segunda mitad del siglo XX. Hoy la mayoría de nuestros chicos se educa en guetos de iguales, trátese de villas o de countries, lo que los priva de la posibilidad de convivir con realidades diferentes.
Tal vez un hecho al que se presta escasa atención es que una de las contribuciones más sustantivas que puede hacer la educación a la formación de ciudadanía es la de proporcionar a cada persona las herramientas que le permitan realizar un análisis crítico de la realidad que la rodea. Si todas las investigaciones coinciden en señalar que el 50% de quienes completan la educación media cerca del 30% de los que inician la escuela primaria carecen de la capacidad de comprender lo que leen, posiblemente deberíamos poner un mayor énfasis en asegurar que esos jóvenes dejen las aulas con las habilidades esenciales para ejercer sus derechos. Porque cuando se desconoce la realidad del mundo resulta muy difícil discernir racionalmente entre alternativas para modificar ese entorno, manifiestamente injusto y desigual.
Mostrar la realidad del mundo, la historia de las luchas del ser humano para alcanzar crecientes niveles de participación y libertad, poner como diría Hannah Arendt "a los recién llegados en posesión de su herencia", es una de las mejores alternativas con las que cuenta la escuela para contribuir a la formación de ciudadanos libres.
La frecuentación de algunos de los grandes pensadores de la política, para muchos la única oportunidad de aproximarse a ellos, podría ser el disparador de enriquecedores debates guiados por los docentes.
Tal vez habría que pensar que no necesariamente la escuela debe ocuparse de manera exclusiva de lo inmediato y actual sino que podría esforzarse para enriquecer intelectualmente a las personas de modo tal que puedan analizar críticamente lo contemporáneo. Lo harían provistas de un conocimiento que, trascendiendo una mera opinión construida con información intencionada, sea el resultado de ref lexiones propias surgidas de una diversidad de lecturas y experiencias que las instituciones educativas deberían estimular.
Fuente: Suplemento Educación Clarín
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