Publicado en por serale
En la “semana” del Maestro, el nuevo régimen académico de la escuela primaria bonaerense generó polémica, entre otras cosas, por la eliminación de los aplazos (la nota más baja será 4; se aprueba con 7) y la admisión de alumnos en el grado que corresponda a su edad, aunque no hayan cursado los anteriores.
Clarín consultó a los docentes para conocer su opinión sobre el tema.
Julia Corso, maestra de 1º y 2º grado en una escuela pública en Villa Jardín, en San Isidro, define: “Los aplazos no son para castigar ni son estigmatizantes. Los chicos te cuestionan: ¿Para qué voy a estudiar, si Fulanito no hizo nada y pasó? Estos cambios desalientan el esfuerzo y desmoralizan a los docentes, porque al final parece que da igual si los chicos aprenden o no”.
Desde la Escuela Nº 7 de Boulogne, Mariana Balaz, maestra de 1º y 3º grado, opina que la reforma “está llena de lindas palabras, pero los problemas de fondo siguen. Estamos generando individuos sin herramientas”. Con respecto al fin de la repitencia en 1º grado, Mariana asegura: “La consecuencia es que tenés más repetición en 2º. El abismo con los otros compañeros es cada vez más grande”.
Graciela Simari, directora y maestra de primaria, plantea: “El debate debiera ir más allá de la nota numérica de los aplazos. Lo importante es lo que se hace con la nota. Si es tomada como castigo, no sirve: al contrario, desmotiva”. Para Graciela, es preocupante que en la escala prevista para la nueva libreta de trayectorias escolares (que reemplaza al boletín) no aparece el sobresaliente: “¿Qué hay del alumno que estudia y se esfuerza? ¿Hay que ocultarlo?”.
Para Omar Cabrera, docente en escuelas públicas de San Martín, el problema es que “los docentes siguen sin ser consultados. Sólo reciben cada vez más presiones para realizar la ‘promoción social’ de los estudiantes. Los alumnos, sobre todo los más desfavorecidos, siguen sometidos a un plan político atroz: se los trata de convencer de que no tienen capacidades para construir conocimientos”.
También hay miradas positivas sobre los cambios en Provincia. Silvia Freire, directora de la Escuela Nº 14 de Avellaneda, subraya que la resolución “exige una articulación profunda de la primaria con el jardín y la secundaria, así como con otras instituciones, como el club de barrio”. Silvia destaca la mirada “amplia” sobre la evaluación: “Si el chico fracasó, no es sólo responsabilidad de él. Tengo que preguntarme: yo, como docente, ¿en qué me equivoqué?”.
Mónica Torneiro, maestra de Matemática en escuelas públicas de Capital, reflexiona: “Desde lo discursivo, la reforma es buena. Hay que ver cómo se aplica, porque no alcanza sólo con cambiar las notas. Si eliminás del 1 al 3, ahora el 4, 5 y 6 van a ser considerados ‘estigmatizantes’, y el alumno se va frustrar igual. Pero la verdadera frustración pasa por no aprender”.
Patricia Sivak, directora la escuela ECEA de Lanús, valora la reforma porque “reconoce que los directivos y docentes debemos ser ingeniosos para desarrollar proyectos educativos inclusivos”, pero plantea una pregunta desde la perspectiva de las escuelas privadas, que también se verán afectadas: “Resulta contradictorio que la resolución, que reconoce la diversidad, a la vez regule con prescripciones en un nivel de detalle que condiciona los márgenes de libertad de la escuela”.
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Además de la eliminación de los aplazos, la reforma de la primaria bonaerense plantea interrogantes también sobre otro tema que afecta a la educación argentina. Uno de cada cuatro chicos argentinos termina la escuela primaria con más edad de la que corresponde cronológicamente al último grado, muchos de ellos por haber abandonado en algún momento de su trayectoria escolar. Por eso, para enfrentar este problema, la resolución bonaerense que entrará en vigencia en 2015 permite que un alumno pueda saltearse grados y volver a la escuela directamente al grado que le corresponde según su edad, aun sin haber cursado y aprobado los anteriores.
Esto figura en el inciso 11 de la resolución 1057/14, que dice: “En las situaciones de ingreso tardío o reingreso al nivel primario, se considerará la posibilidad de matricular al niño en el año que corresponda a su edad cronológica”. Por ejemplo, si un alumno abandona en tercer grado y decide volver a la escuela dos años más tarde, puede hacerlo directamente en 5to grado, a pesar de no haber completado los cursos anteriores.
En esos casos, y como método de compensación para los contenidos que no pudieron ver, “la escuela se comprometerá a generar los dispositivos pedagógicos para que el alumno logre, en el menor tiempo posible, alcanzar los contenidos del año que correspondan a su edad”. Pero lo que sucede, según la mayoría de los especialistas y docentes, es que esa forma de compensación nunca queda del todo clara. No se sabe cómo y ni con qué recursos se hace. “Esta resolución reconoce que la escuela es un fracaso, y el espíritu es que los chicos avancen –cuestiona Luis María Segura, especialista en Innovación educativa–. Y además, suponiendo que las escuelas tienen los recursos para hacerse cargo de esa compensación de contenidos, les están diciendo que definan a su juicio la continuidad de estos chicos con sobreedad. ¿Cómo comparás lo que hace cada escuela, cómo medís las equivalencias?”, se pregunta Segura.
Según la información oficial disponible en el sitio web del Ministerio de Educación, de 2009, la tasa de sobreedad en la primaria es del 21% (en Buenos Aires, del 14,9%) y trepa al 38% en la secundaria.
“No podemos seguir buscando seudosoluciones para problemas complejos, como son las trayectorias escolares de nuestros chicos. El derecho de la educación conlleva la obligación de que el estado garantice no sólo la promoción sino trayectorias de calidad”, dice Victoria Morales Gorleri, presidenta de la Comisión de Educación de la Legislatura porteña.
Esta norma que aplica la provincia de Buenos Aires proviene de la resolución 174 de 2012 del Consejo Federal de Educación, que agrupa a todos los ministros de Educación del país. En el inciso 20, la resolución expresa que “en todos los casos de ingreso tardío o reingreso al nivel primario, se comprometen a generar los dispositivos pedagógicos y normativos para (...) incorporarse al grado que por su edad cronológica correspondiera”.
“Hay que tratar de que los chicos no tenga sobreedad, pero las estrategias deberían ser otras”, aseguró Walter Grahovac, ministro de Educación de Córdoba. “Los dos primeros pasos para mejorar la calidad aparecen en esta resolución: se reconoce el problema y se genera un camino posible para afrontarlo. Falta aún el tercer paso que consiste en generar las condiciones necesarias para implementar la ambiciosa iniciativa”, dice Elena Duro, especialista en Educación de Unicef.
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