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Sobre la vocación docente

Publicado en por serale

En la semana una colega me preguntó porqué soy docente, cómo había llegado al sistema educativo y porqué todavía estaba en esa escuela-la escuela donde ambos trabajamos-. Esa pregunta nos sirvió, tanto a ella como a mí, para reflexionar un poco sobre la vocación docente.

Le conté mi caso a mi colega, le comenté cómo había llegado a la docencia, y la conclusión fue que se puede llegar al sistema educativo desde distintos lugares. Mi caso puede ser uno de tantos, a mí me gustaba la historia desde la secundaria, por lo general no me la llevaba nunca y me gustaba el ambiente que había allá por los ’80 en mi escuela secundaria. Sumado todo esto a que me gustaba preparar a los compañeros que debían rendir examen a fin de año…y así me metí a “la Facu” a estudiar historia. Cuando tuve algunas materia aprobadas fui un día a un acto público, tome un par de cursos suplentes por un par de semanas-allá por agosto del ’91-y acá estoy…ya con 22 años de docencia.

 

La mía es una historia como muchas otras historias, pero se puede llegar al sistema educativo desde distintos lugares.

 

Hay un gran porcentajes de compañeros que están en el sistema ya como tradición familiar, son aquellos que entraron porque son hijos de docentes. Y al tener una madre maestra esos docentes ya tenían desde chicos una cierta familiaridad con el sistema educativo, y así entraron a él. Hasta comienzos de los ‘90 ni siquiera era necesario tener un título terciario y/o universitario, uno podía terminar la secundaria y anotarse en los listados internos de los colegios: y si uno no tenía contactos en el colegio no entraba nunca, pero si los tenía entraba “al toque”. Y ni hablar de las escuelas técnicas: los técnicos recién recibidos-en los años ‘70 y ’80-instantáneamente se convertían en profesores en los distintos talleres, en matemática, en física o en química. 

Otro gran porcentaje de docentes entró a la docencia a fines de los ’90 como consecuencia del huracán neoliberal. Muchos profesionales-contadores, arquitectos, médicos, y sobre todo abogados-entraron para completar sus magros ingresos o directamente porque no tenían trabajo. La docencia era en ese contexto de crisis un trabajo relativamente estable y con una obra social.

 

Otro grupo de docentes entra a la docencia como única alternativa de llegar a una carrera profesional. Muchos no pueden estudiar en universidades por sus horarios de cursadas y un instituto terciario con horario escolarizado termina siendo una solución para estudiar algo.

 

¿Y la vocación?. En cualquiera de todas estas situaciones hay en el fondo una vocación, sino es imposible soportar las penurias y las contradicciones del sistema educativo. Todas las formas de llegar a la docencia son válidas, y todas son dignas, en el fondo cada uno de nosotros vive, trabaja y se acomoda en el sistema como puede. Pero siempre hay en el fondo una vocación docente, que es en definitiva lo que nos mantiene a flote. Dentro de los colegios hay de todo, pero en el fondo si las escuelas públicas todavía no desaparecieron a pesar de todo los intentos por destruirla, es porque hay muchos docentes que todos los días ponen “huevo”-el concepto no es muy académico pero es el término exacto que tengo que utilizar teniendo en cuenta el contexto general del sistema educativo-.

 

En el fondo muchas escuelas aún se mantienen gracias al esfuerzo de los docentes. Hay mucha gente valiosa, que por suerte superan-por ahora-a los “ladri”. Y en el fondo hay vocación, esa es para mí la vocación, son las ganas y la esperanza que todavía hay en muchos compañeros. A pesar de todo hay muchos compañeros que intentan día a día hacer su trabajo lo más dignamente posible. A pesar del viento en contra que tenemos, viento que viene desde el poder político, desde nuestros sindicatos, desde la propia sociedad.

 

Sintetizando: se puede entrar al sistema educativo desde distintos lugares, pero siempre hay vocación, y nunca escuchen esas pavadas de que “yo soy docente porque pienso que la docencia puede cambiar al mundo”, “yo porque la educación puede cambiar la sociedad”, “yo porque quiero…bla-bla-bla…”, todas esas son respuestas de cassette. Muchos entramos a la docencia desde distintos lugares, y nos mantenemos porque necesitamos trabajar, porque no podríamos trabajar en otro lado, porque hay una relativa estabilidad laboral, o por lo que ustedes quieran, pero siempre con alguna vocación y tratando de hacer nuestro trabajo lo más dignamente posible…lo demás son puras habladurías…

 

Hay de todo. Hasta aquellos que son docentes aún habiendo estudiado mucho, y que siendo investigadores entran a la docencia en las escuelas medias porque no encuentran espacio para su desarrollo profesional…o como complemento a sus magros ingresos en el campo de la investigación académica.

Hay de todo. Y que los institutos terciarios tengan más matrícula no quiere decir nada, o quiere decir otras cosas que no tienen nada que ver con la vocación docente. Quizás tenga que ver más con la situación general del mercado laboral…

 

Serale

 

Adjunto una nota de Clarín.com sobre la vocación docente.

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La docencia, ¿una vocación?

En los comienzos de la escuela, la tarea del docente fue entendida como un "apostolado" que requería una entrega altruista y desinteresada. Hoy ese modelo cambió por uno más profesional. ¿O no?

 

La docencia es una opción cada vez más valorada por los jóvenes a la hora de proyectar su futuro: la matrícula en los institutos de formación docente creció un 29% desde el año 2008, según datos del ministerio de Educación nacional. En 2012, 384.980 estudiantes cursaban los profesorados de nivel inicial, primario y secundario en los 1317 institutos de formación docente de todo el país. En 2008, la cifra era de 298.435 alumnos en las carreras docentes. El dato invita a reabrir un viejo debate: ¿es una vocación la docencia? ¿qué implica esta idea de "vocación"?

La palabra tiene un origen religioso: en latín,vocare significa "llamar". En su acepción original, la vocación es un llamado de Dios. Hay profesiones que son más "vocacionales" que otras; la docencia es una de ellas. Sin embargo, pensar la tarea docente como vocación puede encerrar algunas trampas. 

"Es un concepto que se asocia con el de altruismo. La idea de que la docencia es un `apostolado’ es de origen religioso, y supone pensar 
la tarea docente como una entrega desinteresada", advierte GracielaMorgade, doctora en Educación de la UBA. Al pensar la docencia como una ocupación altruista, pueden entenderse algunos de los problemas que históricamente han tenido que enfrentar los educadores, como las horas extra, las jornadas laborales no pagas o los bajos salarios. ¿Cuánto de la tarea docente depende de la buena voluntad, la "entrega forzosa" que se espera de los profesores? ¿Cuántas veces la única retribución al trabajo extra es la "satisfacción" de haberlo hecho "por los chicos"?

Morgade señala que la idea de vocación gravitó con fuerza en los comienzos de la escuela y fue determinante para que la mayoría de las docentes fueran mujeres. "Se pensaba que eran mejores educadoras. En primer lugar, porque ellas crían a los hijos. También porque se les podía pagar menos. Y en tercer lugar, porque la docencia era concebida como una tarea de mera transmisión del conocimiento; se creía que la escuela sólo `reproducía’ el saber". 

Mucha agua corrió bajo el puente desde aquellos tiempos. Y hoy se escuchan con más fuerza las voces que abogan por la profesionalización. ¿Hablar de "profesión" requiere desterrar el concepto de "vocación"? No necesariamente. Como escribe el sociólogo Emilio Tenti Fanfani: "La docencia debería convertirse hacia una actividad profesional altamente calificada y al mismo tiempo vocacional. Pero con la vocación entendida básicamente como compromiso moral con el bienestar y la felicidad de las nuevas generaciones". 

Por su parte, Faustino Larrosa Martínez, autor del libro Análisis de la profesión docente, dijo a Clarín Educación que "la docencia es una profesión, pero no una más, porque trabaja con personas". Ahí estaría la principal diferencia con otras profesiones: en el contacto cotidiano con chicos y chicas. 

"Enseñar con entusiasmo, tener confianza en el poder de la educación, considerar la docencia como un servicio, ser paciente y perseverante en la consecución de objetivos razonables, ser un buen modelo a imitar, entre otras, son cualidades importantes que deben adquirir los que se dediquen a enseñar", afirma Larrosa. Son nuevas maneras de nombrar la vocación: entusiasmo, confianza, servicio. 

Estas cualidades plantean un desafío a las instituciones donde se forman los nuevos docentes. ¿Cómo enseñar el entusiasmo? ¿Cómo inculcar "la alegría de enseñar", para usar la expresión del pedagogo brasileño Rubem Alves? Según Morgade, este es el principal reto: "Para cualquier estudiante de cualquier disciplina, cuando encuentra un profesor copado, eso es estimulante. Muchas veces cuando les preguntás a los jóvenes `¿De dónde surgió tu interés por la docencia?’, ellos se refieren a los docentes que les transmitieron la pasión y el entusiasmo por enseñar". En otras palabras, en la formación docente hay un núcleo central no se enseña, pero sí puede transmitirse. "Creo que la pasión 
de una persona interpela la pasión de la otra y la convoca", asegura. 

Las cifras del Ministerio de Educación de la Nación indican que hay casi400.000 alumnos en los institutos de formación docente de todo el país. El camino de la profesionalización parece ser la mejor estrategia para mantener en ellos el entusiasmo. Por el contrario, idealizar la docencia como un "apostolado desinteresado" puede hacer que se decepcionen en cuanto empiecen a ejercer. 

"Con los años de servicio no siempre se mantiene la vocación, sobre todo si se acude a la docencia con demasiado altruismo, pensando que los problemas de la enseñanza desaparecerán. En estos casos sepuede producir un desengaño", señala Larrosa. Y agrega: "El concepto de vocación puede ser reemplazado por el de profesión porque, al tiempo que se aceptan deberes, hay que exigir derechospara poder cumplir con las obligaciones".

 

http://www.clarin.com/educacion/docencia-vocacion_0_931707279.html

 

 

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S
Yo tuve la oportunidad de ejercer la docencia entre 1991 y 1993 en el área artística, sin tener título oficial. Luego, me enfermé muy mal y renuncié a todos mis trabajos. Fueron años muy duros para<br /> mí, salí del sistema, solo me dediqué a recuperarme.<br /> En 2003 retomé el profesorado que había dejado. ¿Por qué? Porque me pareció que la docencia me iba a permitir reintegrarme al mercado laboral a los treinta y pico de años y sin experiencia en otra<br /> cosa.Nunca pensé en la vocación. Me recibí en febrero de 2006 y desde entonces estoy trabajando como docente. Aunque mi reingreso a este ámbito haya sido atípico, siento que tengo una gran vocación<br /> y amo lo que hago. Muy buena la nota y tu artículo al respecto. Saludos.
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