¿Las escuelas de Berazategui son “tortugas”?
“La escuela es lenta, parece una tortuga” es el título de una nota aparecida en “Crítica de los argentinos”. Esta es la conclusión de un trabajo de campo realizado en Berazategui donde se entrevistaron 51 alumnos de los tres primeros años de la escuela Media.
La nota es de Mariana Fernández Camacho, y fue publicada el domingo. Aquí parte de la nota:
Normas que existen pero no se cumplen; estrategias pedagógicas que no despiertan deseos de aprender; faltas de respeto y malos tratos de alumnos a docentes y de docentes a alumnos; profesores desinteresados; violencia y sensación de inseguridad: todos factores de una escuela que expulsa. Esa fue la conclusión de una investigación realizada por la Fundación Cimientos después de escuchar a los protagonistas del fenómeno: 51 estudiantes de los primeros tres años del secundario con materias pendientes de aprobación, altos porcentajes de inasistencia, antecedentes de repitencia o que reingresaron a la escuela después de haber dejado sus estudios.
En diciembre de 2008, la CTA denunciaba, desde su Instituto de Estudios y Formación, que el 14,2% del total de menores de 18 años –casi dos millones de jóvenes– no asisten o nunca asistieron a un establecimiento educativo. Un panorama todavía más desalentador son las progresivas tasas de repitencia y abandono que se registran en la escuela media desde 2002. El problema de la terminalidad del nivel secundario se advierte en la creciente brecha que existe entre la matrícula y el número de egresados.
La fundación Cimientos, que desde 1997 promueve la igualdad de oportunidades educativas, reconoce factores externos (socioeconómicos, especialmente) relacionados con el abandono escolar, pero también destaca ciertas características del dispositivo escolar que fomentan la exclusión de los chicos del sistema educativo argentino.
Para el trabajo de campo se seleccionaron cuatro escuelas con altos índices de abandono escolar, que brindan Educación Secundaria Básica (ESB) en la localidad de Berazategui, al sur del segundo cordón bonaerense. Durante 2007 y 2008, en las instituciones se realizaron entrevistas individuales y grupales (focus groups) a 51 estudiantes de los primeros tres años con problemas de escolaridad.
Surgieron factores que actúan como barreras para la inclusión educativa: contenidos, actividades y explicaciones que se repiten en un espacio escolar poco acogedor, sucio, roto, sin pintura ni mantenimiento donde se pasa mucho tiempo y de manera entrecortada por las numerosas inasistencias de alumnos y docentes y la reiterada suspensión de clases.
Krichesky revela: “La escuela es muy lenta, tiene un ritmo que, cuando les pedimos a los chicos que lo comparen con algo, decían ‘es como un caracol o una tortuga’. Y los chicos, fuera de la escuela, viven a un ritmo muy rápido. No es el ritmo de la cultura juvenil.”
Sin embargo, del diálogo con los alumnos también surge que la escuela todavía mantiene cierto capital simbólico acumulado y distribuido en el espacio social. Es decir, aún posee herramientas para reinventarse y dar respuestas a los jóvenes que la transitan.
“Todavía no podemos pensar una sociedad sin escuela. Pero se necesita un esfuerzo de imaginación para que la escuela cambie y pueda ofrecer mucho más de lo que está ofreciendo a los que menos tienen”, afirma Krichesky.
Los cuatro establecimientos seleccionados para la investigación reciben alumnos provenientes de familias con necesidades básicas insatisfechas. Esta situación socioeconómica de los hogares encabeza la lista de factores externos relacionados con el abandono escolar. Los jóvenes que trabajan durante la cursada del secundario y aquellos con padres que sólo completaron la primaria también tienen mayores posibilidades de deserción.
El abandono escolar, entonces, difiere según el estrato de ingresos. Siguiendo la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) que realiza el INDEC, la asistencia a la escuela de los sectores más pobres comienza a caer a partir de los 13 años.
En las entrevistas, los estudiantes también identificaron estrategias que realizan las escuelas para intentar retenerlos. Por ejemplo, se les permite faltar y no se lleva un registro de inasistencias, los dejan volver a la escuela en cualquier momento del año después de abandonar, suelen aprobarles el año con sólo tener la carpeta completa y hasta les permiten aprobar materias sin rendir.
Estas estrategias de retención de las escuelas logran una inclusión formal de los alumnos en el sistema educativo y una exclusión real del conocimiento. La pregunta sería entonces, ¿sirve que los jóvenes estén incluidos formalmente en la escuela pero “desenganchados” de los procesos de aprendizaje?
(El subrayado es mío)
Nota completa:
http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=32538
¿Algo qué agregar? Sí, parafraseando al “filósofo Diego Armando”: “A mí, con mi noveno, se me escapó la tortuga..."
Hasta Pronto
SERALE
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