El juego de mis lágrimas
Tengo en mi interior lágrimas que juegan a salir, pero se reprimen y no salen…
Quiero llorar…
Este año tengo un 1° de “la nueva secundaria” que es un desastre. El “primerito” es de un turno vespertino, por lo que ya-de entrada-no está formado por alumnos de 12-13 años que es la edad que corresponde en condiciones normales a los alumnos que entran a la “nueva secundaria”. Así, este curso está formado por alumnos que tienen 15-17 años-y hasta había uno de más de 20-.
Son alumnos que ya arrastran un evidente fracaso escolar, muchos de ellos ya han desertado un par de años y volvieron al sistema, han repetido una, dos, y hasta tres veces, son alumnos que de alumnos no tienen nada: absolutamente inadaptados, sin mínimos modales imprescindibles para convivir en una escuela, maleducados al máximo, tanto que ayer uno estaba engripado y usaba las manos de pañuelo, cuando no salivaba directamente en el suelo.
Es imposible, absolutamente imposible dar clases. Una alumna ni siquiera puede leer el reloj, con un reloj enorme en el aula no podía identificar la hora. Y ni hablar de las falencias pedagógicas, cero comprensión de texto, y ni siquiera intentan por comprender un texto
¿Qué hacer?
¿Llorar? El martes mis lágrimas jugaban a salir, pero se contuvieron.
Me pongo “oficialista, progresista y pedagogo” y digo “y bueno, es lo que hay, para eso estamos, es la misión del educador, hay que ayudar a estos alumnos, las políticas educativas se están implementando para superar esta situación…”.
El problema es que los “oficialistas, progresistas y pedagogos” son los que están lejos, están inventando circulares, prometiendo, y teorizando respectivamente…
Hay que estar en un curso así. El progresismo se va al carajo. Le pregunté a la preceptora si se portan así en las otras materias, y la prece me respondió “con vos se portan más o menos bien…”.
Pero qué m… se tiran papeles delante mío, y si les digo algo se terminan enojando ellos, escriben los bancos, ya muchos tienen actas, salivan desde un primer piso hacia el patio de abajo.
Es imposible dar clases, quiero llorar.
Es un curso absolutamente ficticio. Estos alumnos, 28 en lista-15 reales-, fueron reclutados simplemente para justificar la creación este año del 1° para así tener la secundaria completa en un par de años, y porque no tenían lugar en otras escuelas, todas ya los habían rechazado.
La verdad es que con el fracaso que traen a cuesta para estos alumnos esta es la última oportunidad de seguir dentro del sistema educativo y para no formar parte de los 700.000 mil jóvenes “NI-NI” que tienen entre 14 y 24 años-1.300.000 si la franja de edad es entre los 14,29 años-.
Este curso es absolutamente ficticio, ¿cuàntos cursos ficticios habrá en el país?.
¿Qué hacer?
A mí no me vengan con el discurso progresista trucho. Me da pena la situación de mis alumnos, hay muchos de ellos que seguramente hasta son adictos, y lo digo por los chistes que se hacen entre sí. Soy consciente que estos alumnos son como son por una situación social explosiva, son excluidos del sistema que el “Gobierno Nacional y Popular” quiere incluir de prepo.
El tema es que la inclusión no se logra a partir de Leyes de obligatoriedad educativa, a partir de discursos y de relatos fantasiosos.
Estos alumnos necesitan un progresismo en serio y un Estado Social fuerte. Porque esta inclusión a la fuerza de última termina fracasando, con suerte uno o dos de estos alumnos llegarán a egresar del secundario, y quizás ninguno de los 15 del grupo. Están allí únicamente para bajar momentáneamente las estadísticas de deserción…
Estos alumnos necesitan otro Estado. Tenemos gabinete en el colegio, pero su margen de acción es limitado. Si existiera una verdadera política de inclusión estos alumnos tendrían un seguimiento-muchos necesitan urgente ayuda médica-el Estado además debería ofrecerles otras posibilidades, tendría que tener convenios con instituciones deportivas para que estos alumnos tengan la posibilidad de practicar deportes, tendrían que tener un seguimiento personalizado por expertos en este tipo de cuestiones, meterlos 4 horas en un colegio no es la solución.
Este curso es una lágrima. Ahora la última posibilidad que me queda es tratar de plantear el tema con los otros docentes y con mi directora. Mi directora es la más lúcida que conocí en el puesto, pero es una directora, no practica magia. A esto me refería en el artículo anterior, acá los docentes nos quedamos solitos. El Estado se Borra, nos vemos absolutamente superados, y después Sileoni sale a hablar de falta de compromiso docente, de motivaciones, de directores con falta de liderazgo…
Voy a esperar un mes, y después veo qué hago. De última prefiero tener 4 horas menos y no llorar, y no terminar con problemas psíquicos. A partir de cursos como estos se empieza a explicar el ausentismo docente…
¿Vio Sileoni qué el ausentismo docente es consecuencia de problemas mucho más profundo? El ausentismo no es un problema que generan los docentes…
Yo sé todo lo que es sabido
Y en el medio todo es parte del juego de mis lágrimas
Primero hay dulces del poder político
Después hay miradas de los inspectores
Y después a cursos como estos voy a renunciar
Porque no debería haber dolores del corazón y lágrimas por cursos así…
Hay que dejar de sentirse triste…
No quiero más.
Serale
/image%2F1539329%2F20150615%2Fob_d5fad2_images.jpeg)