Mis “Polimodalotes”
Hola compañeros ¿Cómo están? ¿Todo en orden? ¿Qué pregunta la mía? es difícil que todo se encuentre en orden en nuestro querido sistema educativo. Bueno, según mis cálculos esta fue la primera semana completa desde que empezaron las clases, por lo menos para mí, aunque no di clases una horita en uno de mis curso, pero sólo una horita, creo que a esta altura y como viene la mano no es grave.
Estamos ya en junio y todavía no comente nada de mi curso de adultos, curso que desde hace muchos años es mi favorito, es el único momento de la semana donde me siento un “tanto profesor”, los alumnos me escuchan, puedo hablar todo el tiempo e intercambiar conceptos interesantes con ellos, en los otros cursos siempre siento que estoy y nada, ustedes me entienden…
El viernes me reencontré con los “polimodalotes” después de mucho tiempo, la última vez que los había tenido fue hace como 28 días y “a medio tiempo” ya que ese día se había cortado la luz en todo el distrito y nos tuvimos que ir cuando faltaba una hora de clases. Y los viernes siguientes por una cosa u otra no tuvimos clases.
Ayer cuando los vi me deprime un poco al principio, es que es muy difícil-para ellos y para mí- seguir un ritmo, cuesta arrancar después de tantas “clases sin clases”, y además cuando entré al curso sólo estaban presentes 8 alumnos, pero por suerte con el correr de los minutos fueron llegando algunos más hasta llegar al numero 15, si 15 alumnos. No estaría nada mal sino fuera porque en la lista original tengo 42 inscriptos.
La primera pregunta que les hice, como para empezar “a romper el hielo” fue: ¿Por qué son tan pocos? Y la respuestas fueron contundentes: “porque tuvimos muy pocas clases en las tres últimas semanas y nos cuesta venir” o “Cuesta volver, llegar, y al no haber clases nos ponemos mal porque sentimos que perdemos el tiempo y no nos compensan con nada…”
Ante esta realidad, y siguiendo mi estilo de clases (charlar con los adultos algunos minutos de distintos temas de actualidad antes de entrar en los temas del programa) les pregunté como estaban sintiendo la crisis, sobre todo en la parte laboral, si veían o no en sus trabajos la crisis que se desató desde el conflicto con el campo y que se agudizo en los últimos meses.
Del diálogo surgieron los siguientes datos: De los 15 alumnos presentes, 11 trabajan y 4 no. De los 11 que trabajan 7 están en negro y 4 en blanco. De los que trabajan 4 ganan menos de $1000; 3 entre $1000 y 1500; 2 entre $1500 y 2000 y de los otros dos “suben y bajan” de acuerdo al trabajo y/o horas extras que puedan hacer.
En cuanto a sus trabajos puedo decir que un par son operarios en distintas fábricas (existen, pero son como piezas arqueológicas en un país que se desindustrializó desde Martínez de Hoz para acá). La mayoría trabaja en el sector servicios, atendiendo negocios, repartidores, repositores.
Este curso de adultos es como un “oasis en el desierto”, claro que no por ello uno no puede encontrase con alumnos al estilo polimodalitos. Cierta vez recuerdo que un alumno, grande ya, pasó a dar lección y ante una pregunta sobre los temas que había que estudiar me empezó a hablar de las estrellas (nunca di astronomía, lo aclaro por las dudas) me contó como viajan los cometas, algo de la luna, todo con una seriedad asombrosa, yo no sabía que hacer porque me tomó por sorpresa, cuando levanté la vista veo que los alumnos del fondo se empezaron a reír y me hacían señas como que estaba “loco”. Una situación dramática, unos segundos interminables, luego me contó el preceptor que tenía problemas psicológicos y problemas de adicciones en su juventud, e incluso que había pasado mucho tiempo internado en un centro de recuperación para las adicciones. Hubiese sido bueno que el preceptor me haya informado antes de ese momento…
Este año-como en los últimos tres-tengo una alumna que me tiene evidentes problemas neurológicos. Es una alumna que me pone muy nervioso, por lo general, en adultos el ochenta por ciento de las evaluaciones son orales, desde que tengo esta alumna el ochenta por ciento de las evaluaciones son escritas, ya que para que no haya ningún problema siempre traté de tener y guardar el documento escrito que es una prueba. En los tres años jamás supero el dos de calificación, bueno, es que jamás entendió una sóla consigna. Me interrumpe en clases con preguntas desubicadas, Cuando intento dictar algo se pierde en la segunda palabra, y lo peor de todo: cuando me pongo a caminar por frente del pizarrón, de lado a lado, me sigue con la mirada…sin mover la cabeza, me pone realmente tenso.
En su momento tuvimos un debate con los compañeros para ver que podíamos hacer, algunos querían aprobarla porque ya es un caso que escapa a nuestras posibilidades, aprobarla para subirla, y que termine de una vez el secundario. Otros no aceptaron esto por el simple hecho de que si se la aprueba nos quedamos sin argumento para desaprobar a los compañeros que no estaban para aprobar. Lo cierto es que este es el tercer (o cuarto) año que la tengo como alumna y no sé que va a pasar este año, yo, decididamente otro año no la quiero tener…
Así son los “polimodalotes”, muchos con los mismos vicios de los “polimodalitos”, otros muestran mucho más interés que estos últimos. Pero por lo general yo me siento más a gusto con ellos, y muchos de ellos son ex alumnos del polimodal, que años después de su deserción vuelven…
En el presente año tengo en lista 42 alumnos, unos cuantos nunca fueron, por ejemplo, ayer aparecieron por primera vez dos de ellos. La deserción en este curso es mucho mayor que en polimodal, siempre fue así, ronda el 50% fácilmente. Más adelante les voy a contar sobre las evaluaciones y algo más de mis polimodalotes…
Hasta Pronto
SERALE
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