Aprender depende del origen social (II)
Hoy voy a colgar la segunda parte del artículo de Gustavo Iaies. Es también muy jugosa, entre otras cosas dice que “es imprescindible asumir que tenemos un problema grave”. Y es verdad, cuántas veces se dijo acá que si hay algo que no hacemos los argentinos es una auto-crítica. ¿Alguna vez escucharon decir a un profesor, a un director, a un inspector, me equivoqué?. Es más, todo lo contrario, yo, con 20 años en el sistema, y con un paso por más de 10 escuelas, muchas veces escuche a directivos decir “este año estuvo todo bien, tarea cumplida, hicimos todo lo que nos propusimos, etc…” cuando uno sabe que ese año fue todo un desastre!
Dice Iaies “ los directores argentinos son más optimistas respecto de la acción de sus docentes, que los de EE.UU, Canadá, e Italia (…) los padres se encuentran razonablemente satisfechos con la escuela de sus hijos. Algunos gobernadores se vanaglorian de su gestión educativa a pesar de que sus provincias se han derrumbado en las evaluaciones Nacionales…”.
Sin más preámbulos les dejo la segunda parte de la sección Tribuna de Clarín del 13 de enero donde una vez más Gustavo Iaies demuestra que es un maestro. Es verdad, estamos mal, no se ven mejoras y hay una tendencia a creer en una realidad que no existe. ¿No lo vieron muchas veces en el sistema educativo?.
Hasta Pronto
Serale
Aprender depende del origen social
Hemos pasado del proyecto sarmientino de “la mejor escuela para todos”, a una oferta diferenciada que favorece la cristalización de las desigualdades sociales. Y la idea de que el destino educativo de cada uno está definido más allá de sus esfuerzos es inaceptable para una sociedad que se pretende democrática, participativa y progresista.
Es imprescindible asumir que tenemos un problema grave. 57,46% de los maestros dice que en sus escuelas la oferta educativa es mejor que 10 años atrás, según un estudio realizado por el CEPP. Los directores argentinos son más optimistas respecto de la acción de sus docentes, que los de Estados Unidos, Canadá, e Italia, de acuerdo al informe PISA 2006. Los padres se muestran razonablemente satisfechos con “la escuela de sus hijos”. Algunos gobernadores se vanaglorian de su gestión educativa a pesar de que sus provincias se han derrumbado en las evaluaciones nacionales.
O no tenemos noción de la crisis o simulamos que no existe en la dimensión que tiene.
La discontinuidad en la presentación de los resultados de las evaluaciones se suman a un “estilo” que nos es propio como sociedad: creer que la realidad es como nosotros queremos y no como realmente es.
Primero, es preciso tener información clara, escuela por escuela, aula por aula.
Como la tienen Chile, Brasil, México, Costa Rica, y avanzan en esa dirección Colombia, Ecuador, Perú y Guatemala.
Segundo, tenemos que definir metas de mejora, razonables, modestas, cumplibles, y asumir la responsabilidad por ellas . Los chicos por ellos mismos, los padres por sus hijos, docentes y directores por sus alumnos, los funcionarios por el sistema.
Tercero, llevar esos compromisos a cada mesa de acuerdos del sistema.
Las paritarias entre funcionarios y sindicatos docentes deben incluir las metas de mejora, las reuniones de padres de fin y principio de año lo mismo, las de supervisores y directores, las de los equipos docentes en las escuelas. En cada una de esas mesas de trabajo la prioridad debe ser: “¿Cómo hacemos para que los alumnos aprendan más y para perder menos niños y jóvenes en las escuelas? Luego, como con la “cosecha”, recoger los resultados, evaluarlos, hacer los ajustes necesarios y volver a plantearnos metas: un círculo de la mejora.
Estamos mal y se ven pocos signos de mejora aún. Podemos seguir cayendo pero también mejorar. Es una cuestión de esfuerzos y sacrificios de todos. Tenemos un problema severo de calidad educativa, que pone en riesgo la ética de la democracia y la República. No es un tema de gobierno exclusivamente, es una apuesta social a la mejora.
¿Si una sociedad no está dispuesta a sacrificarse por sus chicos, en particular por los más pobres, está dispuesta a “jugarse” por algo?
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