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Vuelve a polimodalitos Gustavo Iaies

Publicado en por serale

Hay muy pocos analistas lúcidos en los medios de comunicación masivos que escriban sobre educación. Algunos de ellos podrían ser los jaim Etcheverry, una Claudia Romero, un Raúl Guevara, o-como en el caso de hoy-un Gustavo Iaies.

 

Voy a colgar en el blog un artículo de ayer de Iaies, muy interesante, salido en la sección “Tribuna” del diario Clarín, que cuando no está “nervioshooo” saca buenas notas.

 

 

180 días de clase, la colina final

 

 

PorGustavo Fabián Iaies. EXPERTO EN EDUCACION, DIRECTOR DEL CEPP

Se van a cumplir los 180 días de clase”, dice el funcionario público con cara de “prócer” como si acabara de hacer una sentencia trascendente. Hemos escuchado declaraciones como ésta de funcionarios, especialistas, legisladores del oficialismo y la oposición, en el último mes de tomas y protestas estudiantiles.

Y está bien que sostengamos este patético límite, porque es la “última colina” en la que intentamos resistir un posible proyecto para nuestra educación. Mientras no tengamos algo más interesante para decirles, cuidemos esta sentencia, que aunque sea pobre y no podamos garantizar su cumplimiento, todavía es una “colina” simbólica desde donde resistir. Pero mientras lo hacemos, tengamos claro que esa no puede ser la única referencia educativa para unos chicos que ya no saben qué hacer para que reaccionemos. Tomaron las escuelas, nos mostraron algunas en estado lamentable, cortaron las calles, debatieron con los periodistas de “igual a igual”, evaluaron las políticas de infraestructura y las reprobaron, esperando que tuviéramos algo más interesante para decirles. Y sólo pudimos contestarles que “se van a cumplir los 180 días de clase”.

De hecho, el conflicto no logra terminar sino que se extingue, ellos lo empezaron y ellos lo están terminando, dado que los adultos no hemos podido cuidar su año lectivo, ni conducirlos en una experiencia de protesta que les enseñe mejores cosas. Si nos detenemos un minuto, veremos que no pudimos plantearles nada vinculado a lo sustantivo, a lo importante, los saberes, valores y las prácticas que deben adquirir en un proceso educativo medianamente interesante.
¿180 días de qué?, podrían preguntarnos. ¿O nos están hablando de una cuestión totalmente formal y son 180 días de lo que sea, pero 180 veces? Quizás deberíamos pensar, como parámetro, en la cantidad y el tipo de libros que tienen que leer por año, los ensayos o cuentos que deben escribir, las prácticas solidarias que deben realizar, los saberes que deben adquirir, los proyectos que deben emprender. Les estaríamos planteando una pauta que tenga alguna relación con lo que esperamos que adquieran en la escuela y además, que los comprometa a ellos, los instale como actores con obligaciones. Ellos encontrarían algún sentido para nuestro límite, y probablemente nosotros estaremos más convencidos de ponerlo, para no seguir “refugiados en la última colina”.

Parecemos esos papás que rendidos ante el hecho de que no podrán controlar la hora de vuelta de sus hijos de una fiesta, la cantidad de alcohol que tomarán o las relaciones que tendrán, dicen con cara de serios: “Pero llevá un pullover porque va a refrescar”.

El cumplimiento de los 180 días de clase debería dejar de ser nuestra meta, porque revela que hemos “bajado la guardia”, porque todos sabemos que la escuela secundaria que les ofrecemos tiene pocas posibilidades de garantizar las necesidades cognitivas, afectivas y vivenciales que tienen nuestros jóvenes. Mantengamos la exigencia, mientras nos disponemos “a llenar” esas escuelas de mejores contenidos, prácticas, experiencias, valores y relaciones.

Busquemos construir pertenencia en instituciones que los chicos, los profesores y las autoridades sientan como propias. Las imágenes de enchufes salidos, lamparitas inexistentes, paredes perforadas que hemos visto en los últimos días dan cuenta que esas escuelas públicas lejos de ser “de todos”, han pasado a ser “de nadie”.

Una escuela más interesante no evitará las protestas de los chicos, lo que probablemente permita es que los adultos estemos más convencidos de poner un límite, de actuar como adultos. Le dará sentido a esa puja existencial en la que ellos quieren transgredir los límites que les ponemos y nosotros intentamos que no lo hagan. Pero nosotros estaremos convencidos de que no pueden perder ni un día de clase, que no pueden dejar de participar de esa experiencia educativa porque es el mejor puente al futuro que podemos ofrecerles.

Con 180 días, con 200 o 100, con los días de clase que sean necesarios, tenemos que ofrecerles una escuela en la que puedan aprender a conocer, a ser, a hacer y a vivir juntos. Pero eso requiere que dejemos de “resistir en la última colina”, que asumamos que mientras estamos a la defensiva sin animarnos a contenerlos, limitarlos, guiarlos, enseñarles, acompañarlos, se están quedando solos, porque los adultos no logramos asumir la responsabilidad de darles un proyecto de futuro

Fuente:

http://www.clarin.com/opinion/dias-clase-colina-final_0_347365406.html

 

Hasta Pronto

 

 

Aquí Iaies el año pasado en polimodalitos:

 

http://polimodalitos.over-blog.es/article--la-escuela-publica-esta-privatizada--40911930-comments.html

 

 

 

 

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