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Una Opinión: "Docentes y crisis educativa"

Publicado en por serale

Nuestro sistema educativo está viviendo un estado de crisis, entendida en el sentido de hallarnos en una situación incierta que reclama agudamente cambios de fondo. Los problemas que se vienen observando desde hace más de medio siglo nos han llevado a la encrucijada de hoy, en la que es frecuente que nos preguntemos cuáles han sido las causas de la declinación de nuestra escuela y qué pasó con nuestro sistema educativo, que inspiraba un legítimo orgullo, construido sólidamente a partir de la memorable ley 1420 de 1884.

La calidad educativa que se reconocía internacionalmente es hoy un recuerdo que las pruebas de evaluación PISA han relegado a un nivel menor que la mediocridad. La crisis que hoy nos alarma tiene origen en causas que trascienden una razón presupuestaria, pues se suman factores sociales y económicos que afectan a las familias, las fluctuaciones del pensamiento político acerca del lugar y la consideración que merece la educación por sectores gremiales en pugna interna que han convertido la cuestión salarial en el conflicto dominante de nuestra enseñanza.

Basta apreciar al respecto que, contando con la ley de 2005, de garantía de un financiamiento educativo superior, el presupuesto se consume casi íntegramente en el pago de sueldos que no son satisfactorios, mientras el Gobierno maneja injustamente la distribución de las partidas según las adhesiones provinciales.

Parece atinado buscar las claves de la declinación de nuestra enseñanza en los cambios de época que han generado innovaciones de fondo que afectan la vida social; las ideologías políticas; las conductas morales, con el quiebre del indispensable principio de autoridad; los conocimientos científicos y los recursos tecnológicos en acelerado avance. Toda esta transformación repercute en la escuela, la familia y el docente, y exige nuevas respuestas para encontrar un equilibrio que permita una labor renovada en beneficio del alumno, lo que supone la incorporación de las actuales tecnologías en el proceso didáctico cotidiano, verdadero desafío en el aula, que no encontró todavía el grado de eficacia esperado.

El problema mayor lo plantean las nuevas problemáticas sociales que debe afrontar el maestro en relación con las familias cuando están desorganizadas o son monoparentales, o bien cuando los padres están desempleados o sólo cuentan con ingresos informales. A esto se une otra realidad de hoy: madres que trabajan fuera del hogar y no pueden acompañar a los hijos como antes, y padres que enfrentan al docente de manera muy distinta que en el pasado, cuando lo respetaban como autoridad, porque había una conciencia clara aun en los inmigrantes de que el camino de progreso personal de los hijos se alcanzaba a través de la educación y la cultura del esfuerzo.

Sin generalizar la situación que hoy afecta al maestro o al profesor, es real que muchos de ellos advierten un descenso en la estimación de su rol social y se sienten postergados en sus ingresos. Tiene el magisterio ante sí una tarea mayor que en otros tiempos en lo que concierne a los conflictos familiares que recaen sobre los chicos y que se reflejan en indisciplina, agresiones y acosos entre los propios alumnos, situaciones que requieren especial conducción, causa por la cual hay barrios o escuelas ingratas y otras preferidas.

Esa realidad, con frecuencia chocante, hace declinar el ánimo del docente y se revela en el aumento del ausentismo. Todo esto concurre a insistir en el valor de una formación que contemple mejores recursos y otorgue mayores habilidades al docente para la conducción de los grupos de alumnos y el tratamiento de los conflictos domésticos, capacitación acorde con la época en la que estamos viviendo.

Mucho hay que pensar y decidir sin demora a propósito de los problemas mencionados, que hoy afrontan 1.200.000 maestros y profesores, cuyas carreras encuentran reducidas opciones para asumir otros roles que abran una deseada diversidad en el ejercicio de su vida profesional. Esa realidad que lo afecta está unida a la demanda de mayores habilidades para enseñar los nuevos contenidos curriculares con el empleo de recursos tecnológicos.

Desde luego, por encima de todo, es necesaria la vigencia de una vocación que no ceda a los obstáculos, carencias e incomprensiones. Esa firmeza caracteriza a los verdaderos maestros que recordamos, y que debemos recrear.

lanacion.com

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