UNA OPINIÓN: "Ahora la violencia va a la escuela"
Por Ricardo Roa
No es la primera vez ni será la última que hay problemas con un chico conflictivo en una escuela. Pero no se había visto lo que se vio ayer en un colegio de Caballito. Hartos de que no se resolviera su pedido, un grupo de padres llamó a los medios para que mostraran lo queellos iban a hacer y que la escuela no hacía: impedir que el chico con problemas de conducta entrara al colegio.
El remedio fue peor que la enfermedad:terminaron como barrabravas, a los golpes con el padre del chico. Fue igual que convalidar la violencia de la que denuncian son víctimas sus hijos.
¿Violencia escolar o pruebas en la escuela de una sociedad violenta? Ni una ni la otra: las dos cosas juntas. Lo que ocurre en las escuelas no es casual.
La violencia atraviesa sus puertas porque está fuera de ellas. No son islas. Replican lo que pasa en la sociedad.
La semana última alumnos del Buenos Aires, que habían tomado el colegio avalados por sus padres, hicieron destrozos en la iglesia de San Ignacio y más acá vecinos de Villa Urquiza quemaron patrulleros, barrabravas de Platense entraron a un shopping para robar y pasajeros del subte B rompieron ventanillas de la boletería y agredieron a empleados.
Son datos que revelan una violencia incrustada entre nosotros. Es una sociedad que vive crispada y que no necesariamente sanciona la violencia como una falta grave.
Hay una historia detrás del escándalo de ayer en Caballito que no conocemos o conocemos parcialmente. Los padres dicen que estaban cansados de que sus hijos fuesen maltratados y de que las autoridades no se ocuparan del tema. El padre del chico supuestamente agresor dice lo contrario, que los otros chicos agredían a su hijo “porque es uruguayo”.
La pregunta de fondo es por qué ahora no podemos resolver cosas que antes podíamos. Siempre se encontraron modos de trabajar estas situaciones en la escuela: diálogo, reuniones, sanciones. Pero hoy fallan los viejos remedios. Y además se barrió con la histórica alianza entre padres y maestros.
El colegio de Caballito tiene un reglamento y una directora que es la responsable de resolver la situación, darle tranquilidad a los padres y sobre todo a los chicos. Pero eso requiere que ella ejerza su autoridad y que esa autoridad sea aceptada por los padres. Eso no funcionó y el conflicto se les fue de las manos a todos, incluido el Ministerio de Educación porteño donde finalmente recayó.
La subsecretaria de Inclusión Escolar, Soledad Acuña, dice que “están trabajando el tema desde principios del año”. Es mucho tiempo para el tiempo de cualquier padre cuando lastiman a sus hijos. Y se sabe quelas cosas las arreglan las personas, no el tiempo. De lo contrario, pasa lo que pasa con tantas otras cuestiones: una transferencia de responsabilidades hacia nadie.
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