Overblog Todos los blogs Blogs principales Empleos y Educación
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Trabajo infantil, Aulas vacías

Publicado en por serale

El miércoles 20 de julio, en el Suplemento Educación de Clarín, salió una nota muy buena que desnuda uno de los problemas sociales que tenemos y que impacta plenamente en el sistema educativo. El artículo tiene un título que lo dice todo: Trabajo infantil, aulas vacías.

 

Por fin los medios de comunicación se ocupan de un tema central. Estos son los temas prioritarios que la sociedad-y el Estado-tienen que resolver. Esta es una verdadera realidad, una prioridad, mucho más importantes que cualquier cambio en los planes de estudio, mucho más importante que debatir entre “polimodal o nueva secundaria”.

 

Algunos datos de la nota que demuestra la triste realidad:

 

-El 8,2% se los chicos entre 5 y 17 años se ve obligado a realizar algún trabajo doméstico.

 

-El mayor peso de este trabajo doméstico suele caer sobre todo en las hijas mujeres.

 

-El 12, 3% se los menores se ven afectados por un trabajo en actividades económicas, como ayudar en un negocio familiar o juntar cartones.

 

-En la adolescencia el porcentaje de los que trabajan sube a 32%.

 

-En nuestro país existe una Ley, la 26.390 que prohíbe el trabajo de los niños. Y obviamente, es una ley inútil.

 

Datos de la realidad que impactan en el sistema educativo. Siempre se dijo en polimodalitos que lo más importante a la hora de explicar el sistema educativo es lo social. No sirve de mucho analizar cualquier teoría pedagógica si no se resulten problemas sociales.

 

La educación es obligatoria, el secundario es obligatorio, son obligatorios por ley, pero no hay ninguna ley que pueda ir contra la propia realidad. La realidad no se transforma con leyes, sino todo sería mucho más fácil. La realidad se trasforma con políticas sociales, y de nada sirve decir lo que dicen las autoridades: “las leyes que garantizan la obligatoriedad de la secundaria, contribuyó a la disminución del trabajo adolescente”, porque hay miles y miles de chicos fuera del sistema educativo.

 

 Los chicos que no van a la escuela son más vulnerables, los chicos que abandonan la escuela perpetúan su pobreza. Los chicos que no van a la escuela son una tragedia social.

 

Bien por la nota de Alfredo Dillon, sé que sigue polimodalitos, y desde acá quiero felicitarlo por el tema del suplemento educación del 20 de julio. Estos son los verdaderos problemas del sistema. Mientras estos problemas no se resuelvan todo lo demás serán temas que sólo podrán aprovechar una parte del sistema educativo. Muchos de esos temas serán “tiros por elevación”.

 

La existencia de la Ley 26.390 es el reconocimiento de una realidad, pero al mismo tiempo deja expuesto aún más a los funcionarios: saben que el problema existe y son incapaces de resolverlo.

 

Hay 900 mil chicos menores de 24 años que no estudian ni trabajan. Hay miles que están en el sistema educativo pero que solamente “están”, si son docentes seguramente entienden lo que quiero decir.

 

Este es un verdadero problema, ante esto los demás son casi “de utilería”. Los medios de comunicación deberían poner más énfasis en los verdaderos problemas, y no solamente en los problemas “de utilería”.

 

Hasta Pronto

Serale

 

Acá adjunto parte de la nota que está en el blog de “La Asociación conciencia” que trabaja con el tema

 

 

Trabajo infantil, Aulas Vacías

 

Quién los vio en Retiro y Constitución, en las plazas y los semáforos? ¿Quién los vio vendiendo fruta en la verdulería con su mamá? ¿Quién los vio faltando al colegio para cuidar a sus hermanos más chicos? El problema del trabajo infantil es que es invisible. Está ahí, todos los días, a plena luz. Pero no lo vemos: esa invisibilidad lo perpetúa.


Según las cifras oficiales, en el país hay alrededor de un millón y medio de chicos que son invisibles. La ley 26.390 prohíbe el trabajo de niños, niñas y adolescentes menores de 16 años. “En algunos países predominan posiciones como la del movimiento NATs (Niños y Adolescentes Trabajadores), que abogan por la regulación, no la abolición. Pero en la Argentina estas posturas no tienen legitimidad: el Estado impulsa la erradicación”, explica Pilar Rey Méndez, presidenta de la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (CONAETI), que depende del Ministerio de Trabajo. 

 

El principal obstáculo con que choca cualquier intento de erradicar el trabajo infantil es la “naturalización”. La abogada Liliana Litterio, autora del libro El trabajo infantil y adolescente en la Argentina, explica: “Esto ocurre entre las familias rurales o las que ejecutan algunos oficios, por ejemplo la carpintería. Como piensan que el trabajo desde pequeños junto a sus padres forma adecuadamente a los niños y les asegura un futuro, valoran más el aprendizaje laboral que el que pueden recibir en la escuela. En otros supuestos, como el trabajo artístico y deportivo, se lo naturaliza porque no se lo advierte como trabajo. Y en los casos altamente visibles, por ejemplo la venta ambulante, al ser una realidad con la que estamos habituados a convivir a diario, muchos ni siquiera lo registran como trabajo”.


Aunque está prohibido, el trabajo infantil es una realidad que lastima los derechos de la niñez.
Según datos de 2010 del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, recogidos en los principales conglomerados urbanos del país, el 8,2% de los chicos de entre 5 y 17 años se ven obligados a realizar trabajo doméstico intensivo en sus hogares (ver infografía). Allí el mayor peso suele recaer sobre las hijas mujeres. A las ocupaciones domésticas se suma el trabajo en actividades económicas ­como ayudar en el negocio familiar o juntar cartones­, que afecta al 12,3%. Muchos de estos chicos forman parte del “paisaje” de las ciudades que recorremos todos los días. Tienen el derecho y la obligación de estudiar, pero no pueden.


Es que el trabajo infantil afecta directamente el derecho a la educación. El impacto se da de múltiples maneras: desde inasistencias hasta bajo rendimiento. Un chico que trabaja no tiene tiempo libre ni espacios para el juego; por lo tanto, estará siempre cansado, no podrá hacer la tarea y probablemente sufrirá problemas de aprendizaje.


Entre los adolescentes, el impacto es más grave: el porcentaje de quienes trabajan asciende al 32,4%. Ellos duplican las tasas de ausentismo y repetición de sus compañeros que no trabajan. En consecuencia, es mucho más probable que terminen abandonando la escuela. “De esta manera, el trabajo infantil perpetúa el círculo de la pobreza, porque no llegan a terminar la escuela y, por lo tanto, tendrán trabajos menos calificados”, explica Gimol Pinto, especialista en Protección de la Infancia y la Adolescencia de Unicef.


Fundada en 1982, la Asociación Conciencia trabaja precisamente sobre este punto: evitar que estos chicos dejen la escuela. Como la realidad del problema es muy compleja, trabajan con niños y adolescentes pero también con sus familias y con las escuelas. “A los adultos les ofrecemos capacitación en oficios, les damos herramientas que les permitan aprovechar sus potencialidades, además de informarlos sobre sus derechos y los de sus hijos.

A los chicos les brindamos apoyo escolar y psicopedagógico, para mantenerlos en la escuela. Y a los docentes los capacitamos y los sensibilizamos sobre el tema, para que sepan a quién acudir”, cuenta Soledad Gómez, responsable del programa de Inclusión Social de la ONG.
Fundación Telefónica también interviene con su programa Proniño, en el que participan Conciencia y otras organizaciones sociales. En total, trabajan con 11.500 chicos en la Argentina y 220.000 en toda Latinoamérica. “Buscamos que el retiro de los chicos del trabajo sea progresivo, reteniéndolos en la escuela y ofreciéndoles actividades a contraturno, además de hacer un abordaje con los padres para `desnaturalizar’ el tema”, sostiene Bibiana Ottones, gerenta de Relaciones Institucionales.
Los especialistas coinciden en que la Ley de Educación Nacional, al establecer la obligatoriedad de la secundaria, contribuyó a la disminución del trabajo adolescente.


“Las leyes que garantizan la educación para todos tienen gran incidencia. Si los chicos son expulsados por el sistema educativo, se vuelven más vulnerables a sufrir situaciones de exclusión, violencia o trabajo”, sostiene Gimol Pinto.
Según los datos oficiales, también tuvo un impacto positivo la Asignación Universal por Hijo. De acuerdo con el Ministerio de Trabajo, la tasa de actividad de niños y adolescentes cayó un 15% entre 2009 y 2010. “Obliga a los chicos a estar en las escuelas, y a los padres, a llevarlos a controles de salud. Esos controles son un mecanismo de detección”, explica Gómez. Es que, además del derecho a la educación, el trabajo infantil lesiona su salud física y psicológica, su integridad moral, su derecho a la recreación y al juego. Es decir, hace que dejen de ser niños para volverse “adultos”.
Si bien la pobreza es uno de los principales determinantes, no es el único: también hay un componente cultural, sobre el que se puede reflexionar desde la escuela. “En algunas familias quizás el valor de la educación no sea una prioridad y los padres prefieran que el chico trabaje, porque sienten que la escuela no da respuestas a sus necesidades más inmediatas”, señala Gimol Pinto.
Soledad Gómez agrega: “El trabajo infantil tiene dos componentes: uno económico y uno cultural. El económico se da si el adulto no tiene un trabajo digno, y necesita que el niño trabaje. El cultural responde a que muchos de estos chicos son hijos de padres que también trabajaron desde niños. O que tal vez que no fueron a la escuela y, por lo tanto, no ven el valor de la educación. Muchos te dicen: Si el de 11 no trabaja, el de 5 no come “.

En otras palabras, culpabilizarlos por esta realidad no parece ser una vía para solucionarla.


CLAVES PARA LOS DOCENTES


1. No asumir que un chico que se queda dormido en clase, se duerme porque se quedó mirando televisión. Puede ser que ese chico esté agotado porque trabaja.
2. Si se detecta un caso de trabajo infantil, plantearlo a los directivos, y que sea la escuela la que contacte a la familia o lleve la denuncia al Consejo de Niñez o las comisiones provinciales de prevención y erradicación del trabajo infantil.
También se pueden acercar a las sedes de Conciencia.
3. No hay que exigirle menos a un chico que llega cansado al colegio. A algunos docentes les da lástima y lo aprueban.
Pero eso es lo peor que pueden hacer, porque después esos chicos llegan a 7° grado y no saben leer ni escribir.
4. Remarcarles a los chicos y a sus padres el valor de la escuela, sobre todo en contextos donde ese valor pueda estar cuestionado o subestimado.
Fuente: Soledad Gómez, de Asociación Conciencia

 

 

 

http://www.conciencia.org/wordpress/?p=706

 

Comentar este post
S
<br /> Muy buena la nota y también las apreciaciones de Serale.<br /> <br /> <br />
Responder