Sobre el cierre de cursos en Capital
Tengo la suerte de conocer muchos docentes, de la provincia como de Capital. Y justamente ayer me colgué a hablar con un amigo que trabaja en Capital y le pregunté por el cierre de cursos. Mi amigo me decía que en uno de los colegios donde trabaja la semana pasada recibieron la visita de una inspectora y que la inspectora les había dicho lo siguiente: “la culpa en última instancia es de los docentes, si los profesores aprobaran más y mandaran menos chicos a exámenes no habría tantos repetidores y ahora no se cerrarían tantos cursos”.
Textual. Y es un poco lo que piensan muchas autoridades. Para los responsables de las distintas carteras educativas-porque esto pasa también en las provincias-lo más importante es el fin, no los medios. Y el fin es presentar estadísticas que comprueben cómo se bajo la deserción, el abandono, la repitencia, etc. No importan los medios, si hay que aprobar cualquier cosa es lo de menos…
El testimonio de esta inspectora se complementa con lo que yo había publicado en uno de los anteriores artículos del blog, más precisamente donde mostraba cómo un directivo “invitaba” a los docentes a borrar los ausentes de algunos alumnos en mesas de marzo para que se puedan presentar una instancia más en caso de que algunos de esos alumnos se hayan quedado con tres previas.
Y así estamos había titulado esa entrada. Y así estamos sigo pensando. ¿Qué está pasando?, ¿Por qué se cierran tantos cursos?, ¿Sigue la transferencia hacia las escuelas privadas?, ¿Hay un menor crecimiento vegetativo de la población?, ¿Se crearon demasiadas escuelas en los últimos años?, ¿La deserción es cada vez más grande?...
Quizás pase un poco de todo esto. Pero el cierre de cursos es una realidad. Y en muchos casos está bien, y está bien porque me consta que en muchos colegios de la Ciudad de Buenos Aires hay 4° y 5° años con dos o tres alumnos, y ante esta situación es casi natural que se cierren los cursos.
Pero al mismo tiempo tenemos que tener un montón de factores en cuenta. Lo primero que me gustaría resaltar es que esta situación nos lleva a equivocarnos, y a equivocarnos feo: no podemos decir “la culpa es de los docentes porque no aprueban más alumnos”; o “borren actas para que más alumnos se puedan presentar a rendir una vez más una mesa”: o “apruebo a este que no estudio mucho porque corre peligro que no se abra este o aquel curso”….
El tema es complejo. Es válido defender nuestro trabajo. Es válido oponernos al cierre de cursos para no perder laburo. Pero al mismo tiempo no podemos proponer cualquier cosa para defender la situación, porque a la larga terminamos siendo cómplices de un sistema educativo que funciona mal por donde se lo mire.
Es válido pelear por no perder horas y decir “sí, reconozco que tener un curso de cuatro alumnos no es viable pero no quiero perder horas”, pero ¿hasta qué punto vale alterar actas de exámenes…?.
El tema es muy complejo. Yo sinceramente creo que habría que hacer toda una reestructuración. Yo no le tendría miedo a cierre de cursos. Y que después el problema explote por donde tenga que explotar, la solución no es aceptar los consejos de los inspectores. Hay situaciones que no se pueden mantener. Hay que hacer una verdadera reestructuración, deben existir miles de cursos que tienen entre 3 y 15 alumnos. Lo vi muchas veces en los últimos años, incluso en los colegios donde trabajo.
Y esto sería una oportunidad para reestructurar todo. El 6% del PBI que se invierte en educación no alcanza porque está todo mal distribuido. El cierre de cursos tendría que tener una consigna: nadie se tiene que quedar con menos sueldo. Entonces el cierre de cursos debería servir para redistribuir ese 6% del PBI de otra forma. Por ejemplo para trabajar menos con el mismo sueldo.
No puede ser que haya docentes que para ganar $5.000 tengan que estar los tres turnos en distintos colegios. No puede ser que para ganar $5.000 un profesor tenga que ser “taxi”.
El cierre de cursos tiene que ser parte de un plan integral donde se tengan en cuenta caso por caso todas las escuelas, todos los cursos, cómo formar cursos que no tengan solamente 5 alumnos pero tampoco más de 25, qué cargos ociosos hay en el sistema, y creo que hay muchos…
Claro que toda esta reestructuración chocaría con algo muy difícil: la gestión. Para hacer todo esto hay que gestionar…
Y contar con la colaboración de los gremios y de los docentes en general. Cosa que difícilmente haríamos, hay muchos intereses en juego…
Muchos de esos cargos ociosos están ocupados por compañeros que de ninguna manera van a querer volver al aula de nuevo. Y se va a armar quilombo.
Cualquiera que tenga 20 años de antigüedad sabe de lo qué estoy hablando.
Hasta Pronto
SERALE
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