La escuela ante el voto joven
La Ley de Voto Joven interpela el lugar de la escuela por varias razones. La primera, porque ahora la institución que se concibe como "responsable" de la formación ciudadana tiene que lidiar con jóvenes que cuentan con derechos, con muchos que van a votar, que aprendieron un lenguaje sobre sus "derechos" que en otra época no estaba disponible. El nuevo marco normativo permea las interacciones en la escuela de un modo aún imprevisible.
Pero en segundo lugar, interpela fundamentalmente la mirada adultocéntricasobre lo que debiera ser la participación juvenil --que generalmente se construye apelando al recuerdo de cómo era la participación de los adultos cuando eran jóvenes--. Hoy tenemos tensiones, conflictos más implícitos que explícitos entre los significados que jóvenes y adultos otorgan a estas instancias de participación política.
Las instituciones cuentan con varios programas que "impulsan" la participación estudiantil, pero cabe acá preguntarse si las maneras de entender qué es la participación son similares entre jóvenes y adultos. Asimismo, igual que muchas reformas educativas, un primer desafío que tenemos por delante es poder consolidar un entramado institucional que tenga efectos concretos en la vida cotidiana de los jóvenes; aspecto para el cual es preciso promover un conjunto de políticas que busquen conmover las experiencias de la condición juvenil contemporánea.
La escuela secundaria tiene diversos desafíos por delante. Del lado de los docentes, lo que pueden hacer no es más que dar clases (para así lograr reducir la cantidad de "horas libres" que tienen muchos jóvenes en algunas escuelas), garantizar la pluralidad de voces en las aulas, habilitar espacios de discusión y participación. Suena sencillo, pero no lo es, porque estamos habituados a una relación intergeneracional en la que el adulto concentraba los saberes y conocimientos y era pensado como referencia política y moral de los alumnos. Hoy tenemosjóvenes más cuestionadores --de múltiples maneras, no sólo a través de acciones políticas sino también de los diversos lenguajes y estéticas, diferentes formas de expresarse--, que en muchos casos acceden a conocimientos en distintos espacios y que tienen formas de entender su tiempo en la escuela muy diferentes de las funciones que los adultos otorgamos a la institución escolar.
La política en la escuela se practica de manera cotidiana, en espacios institucionales, pero también a partir de las discusiones que puedan surgir en las clases, en el Centro de Estudiantes, y en los aprendizajes cotidianos acerca de las formas "correctas" de comportarse, de ser varón o mujer, de poder o no utilizar determinados espacios o de contar con márgenes para tomar decisiones. Muchas veces esas formas de construcción de ciudadanía tienen efectos más concretos en la vida de los jóvenes que la presencia o no de un programa que incentiva su "participación" --generalmente pensada desde cómo la entienden los adultos--.
La escuela no monopoliza la "formación de ciudadanos" --cabe preguntarse si alguna vez lo hizo-- y hoy debe lidiar con formas políticas que en muchos casos la sobrepasan. Allí cada institución encuentra a veces formas más horizontales y democráticas de construir la cotidianeidad escolar. Para muchos jóvenes la escuela es una institución donde experimentan y aprenden derechos, donde pueden apropiarse del valor de la palabra, donde conocen formas de autoridad más reflexivas que las que viven en sus hogares o en el mundo del trabajo. En definitiva, enfrentan de distintas maneras, y con suerte diversa, los cambios culturales y políticos; algunas desde modalidades de regulación más tradicionales, mientras otras inician una búsqueda de formas de interacción más horizontales en las que la reciprocidadocupa un lugar central.
Estamos ante una oportunidad para sentar las bases para una política de Estado coherente que promueva, asegure y desarrolle instancias de reconocimiento y ejercicio de derechos para los y las jóvenes. Sin pretender que actúen como los adultos quisiéramos que lo hicieran, sino expandiendo el campo de sus posibilidades, algo a lo cual no siempre estamos dispuestos.
Clarin.com
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Encuesta Clarin.com
¿Está de acuerdo con que los chicos voten a partir de los 16 años?
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La opinión de los adolescentes sobre el voto joven
Por Alfredo Dillon
Chicos y chicas de 16 y 17 años explican su postura frente a la nueva posibilidad de votar en las elecciones legislativas de este año. Miradas a favor y en contra.
Voces a favor
Agustina Landi, 16 años: “Para mí está bien que los chicos de 16 años tengamos la opción de votar y elegir quién nos va a representar. Muchos adolescentes ya tenemos una idea de lo que pasa a nuestro alrededor, y el hecho de que sea opcional hace que los que no quieren no estén obligados.”
Valentín Fernández, 16 años: “En cuanto a mí, me siento capacitado para votar, y creo que muchos chicos de mi edad también lo están. Pienso que poder elegir a nuestros futuros representantes conlleva una gran responsabilidad y requiere de estar informado al respecto. También pienso que, como hay chicos que saben lo que quieren para su país, hay otros que no, y que votar no es de su interés. Por otra parte, y sin criticar al Gobierno actual, pienso que la presidencia está motivando a los jóvenes a votar, dando bienes materiales innecesarios.”
Federico Sibaja, 16 años: “Ya renové el DNI para poder votar. Me parece bien que los chicos se puedan interesar en la política; creo que esta medida te da pie para que te informes. También creo que está bueno que sea optativo. No entiendo cuando algunos se oponen argumentando que 'los adolescentes no pueden votar porque no saben'. ¿Y a los 18 sí, todos 'saben' lo que están votando? Me parece que los más interesados en votar deberían ser los chicos de mi edad que trabajan. Ellos tienen que estar representados.”
Voces a favor, con reservas
Candela Arocena, 17 años: “Me parece positivo el voto a partir de los 16, pero no en este contexto en el que todavía hay muchos derechos vulnerados y, principalmente, porque no surgió como un pedido por parte de los jóvenes. Si realmente naciera de un interés genuino por la participación de los adolescentes, se daría mucho más apoyo a los centros de estudiantes secundarios. Me parece más importante que aprendamos a comprometernos con nuestra realidad cercana y a desarrollar un pensamiento crítico, que a delegar.”
Francisco Prieto, 16 años: “El voto a los 16, como todo proyecto en Argentina, serviría si estuviese bien implementado. Digo esto porque la idea de que voten pibes de 16 años que no tienen ni la más mínima idea de política me parece una insensatez. Entonces, ¿el voto a los dieciséis está mal? No, no está mal. Si nosotros en el colegio tuviéramos una buena educación, que nos enseñara las ideologías de cada uno de los candidatos, qué prometen, de dónde vienen, y quiénes son, sería una idea genial. Pero hoy por hoy, el voto a los dieciséis es otra herramienta para conseguir votos, no por méritos, sino valiéndose de la ignorancia.”
Inés Alberico, 16 años: “Yo voy a ir a votar porque siento un compromiso con el país. Me parece que podría ser una buena medida, si los jóvenes tuviéramos canales de expresión. Creo que esta iniciativa debería dar pie a nuevas políticas orientadas a los jóvenes, y abrir la posibilidad de que los jóvenes expresemos lo que opinamos. Por ejemplo, con respecto a la educación: a nosotros nos importa mucho, pero a los adultos no tanto. A veces siento que cuando nos llaman para participar, es más para inculcarnos ideas que para escucharnos.”
Lea Vasallo, 16 años: “Voy a votar, pero todavía no sé a quién. Me parece importante que se escuchen nuestras voces. De todas maneras, entiendo que a partir de los 18 uno tiene otras posibilidades (como poder trabajar, tener independencia, etcétera) que te dan más conciencia. Los jóvenes tenemos una mirada distinta, quizás alguien de 40 por su experiencia es más pesimista, o está más desencantado.”
Voces en contra
Maximiliano Nill, 17 años: “En mi opinión, el votar siendo menor de edad no está bien. Creo que para poder votar hay que estar bien informado de la situación política del país y los menores son muy 'manipulables'. Además me parece que hay otras cosas más importantes que cambiar y resolver (como por ejemplo las leyes, hoy en día matás a alguien y en una semana ya estás fuera de la cárcel). Lamentablemente las leyes están hechas para favorecer a los ladrones.”
Florencia Sanchez, 17 años: “Me parece que la mayoría de los adolescentes de esa edad no tienen el conocimiento ni el interés para poder votar. En el contexto de ahora, estoy en desacuerdo, pero apelo a un cambio en el sistema educativo, que se implemente un refuerzo a la formación de una opinión individual respecto a la política y los criterios que debemos tener en cuenta a la hora de votar, así cada uno podrá formar su ideología política desde temprana edad.”
Damián Circelli, 16 años: “Yo no voy a votar. Para mí es una contradicción que no nos consideren lo suficientemente responsables como para tener carnet de conducir, salir del país sin autorización, ni siquiera para retirarnos por nuestra cuenta del cole, pero sí para poder elegir a quienes nos gobiernan.”
Federico Martínez, 17 años: “Es un buen incentivo permitir que nos expresemos y, al no ser obligatorio, creo que van a votar aquellos que estén informados. Sin embargo, estoy en desacuerdo porque considero que el Gobierno tiene temas más importantes en relación con los adolescentes, como la prevención de embarazos no deseados y los menores criminales. Yo no voy a votar porque no estoy informado sobre los candidatos, pero de estarlo no lo haría por los actuales.”
Nicolas Mattioli, 17 años: “No estoy de acuerdo porque todavía no somos conscientes ni siquiera de qué ropa usar, o no nos decidimos por qué celular tener y nos quieren hacer votar a los 16. Ni siquiera podemos salir del colegio sin una nota; me parece algo absurdo.”
Clarin.com
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