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En falta con la ley de financiamiento educativo

Publicado en por serale

El siglo XIX y la primera parte del XX fueron los tiempos de la escuela primaria, ya que los niños que en esos años no completaban esta etapa del ciclo escolar enfrentaban grandes dificultades para su inserción laboral. Pero los años han pasado, los procesos productivos y las relaciones laborales se han hecho mucho más complejos a partir de las últimas décadas del siglo XX, al ritmo de importantes avances tecnológicos que en este nuevo mundo globalizado se han venido acelerando.

No es aventurado sostener que quien ahora no completa el ciclo escolar secundario difícilmente tendrá una buena inserción en el mundo del trabajo, es decir un buen empleo en “blanco”, por eso no es alentador que mientras en el 2003 egresaron graduados de la escuela secundaria 281 mil adolescentes, en el 2011 estos egresos cayeron un 12 por ciento, ya que apenas fueron 247 mil los graduados.

No solamente tenemos menos graduados secundarios, sino que además es abrumadora la desigualdad social, ya que en las escuelas privadas la relación entre alumnos secundarios graduados e ingresantes al primer año es el doble que en las escuelas estatales.

Tenemos, como se ve, un doble problema: la deserción escolar secundaria que no solo es alta sino, además, muy desigual.

No hay igualdad de oportunidades en este siglo XXI sin una efectiva universalización de la escuela secundaria para todos los adolescentes, cualquiera sea el nivel socioeconómico de sus familias. Esta debería ser una meta que todos los argentinos deberíamos apoyar.

Pero no habrá universalización de la escuela secundaria sin un previo acceso igualitario a una educación primaria de calidad, meta que ya fuera claramente planteada por Juan Llach cuando propuso una nueva política de “escuelas ricas para niños pobres”.

El primer paso hacia esta meta de inclusión social es la jornada escolar extendida, por eso es preocupante que no se esté todavía cumpliendo la Ley de Financiamiento Educativo, sancionada en 2005.

El gasto en educación ya supera el 6 por ciento del PBI, como lo dispone la ley de Financiamiento Educativo. Pero el caso es que esta ley también establece en su artículo segundo otra muy importante meta concreta, para ser alcanzada el año 2010: “Lograr que, como mínimo, el 30 por ciento de los alumnos de educación básica tengan acceso a escuelas de jornada extendida o completa, priorizando los sectores sociales y las zonas geográficas más desfavorecidas”.

Además, la ley de Educación Nacional, aprobada en el 2006, ratificó expresamente esta meritoria meta en su artículo 26, donde se dispone que: “Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley”.

En el mundo hay una tendencia general a facilitar la educación primaria extendiendo la jornada escolar, es decir la cantidad de horas en la escuela, por eso la Presidenta suscribió en Mar del Plata, en diciembre del 2010, las metas educativas fijadas para el año 2021, en la Cumbre de Jefes de Estado de los países Iberoamericanos. En estas metas concretas se determina que: “En el 2021 entre el 20 y el 50 por ciento de las escuelas públicas primarias tienen jornada completa”.

Lamentablemente la realidad es otra ya que el Ministerio de Educación de la Nación, en su Anuario del 2011, informa que hay alrededor de 3,5 millones de niños en las escuelas primarias estatales, pero son apenas 293 mil los que gozan de los beneficios de la jornada extendida o completa.

Cumplir la ley exigiría incorporar sin demoras a este tipo de escuelas 745 mil alumnos, ya que la meta legal del 30 por ciento requiere incluir en los beneficios de esta jornada a 1.038.000 niños y hay beneficiados apenas 293 mil.

Por su parte, cumplir el compromiso asumido por nuestro gobierno en la Cumbre Iberoamericana de 2010 exigiría, hacia el 2021, multiplicar nada menos que seis veces la cantidad de niños beneficiados, si se desea beneficiar a la mitad de los niños.

Estas metas no son inalcanzables, basta mirar a aquellos países latinoamericanos que están avanzando hacia estas metas que son esenciales para la inclusión social y la igualdad de oportunidades.

Es hora, entonces, de fortalecer la escuela, porque allí se juega el futuro de nuestro país.

Clarin.com

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