El juego de mis lágrimas (III)
¿Qué hacer, qué hacemos, en el actual contexto del sistema educativo?.
La verdad no sé, creo que muchos de nosotros estamos desconcertados en muchos de nuestros cursos-lo que puedo hacer es tratar de contarles qué es lo que yo intento hacer-.
El último artículo que colgué en el blog me viene bárbaro para explicar que intento hacer en las escuelas. Y lo primero que intento hacer es tratar de que los chicos no me golpeen, no me gustaría recibir un cintazo a esta altura de mi vida. La única que me daba cintazos era mi mamá y el último que me dio fue hace como 40 años. Sería muy feo que uno de mis alumnos me propine un cintazo hoy.
El segundo paso es tratar de mantener un orden en clases. A veces no tengo problemas y a veces me veo superado. Aunque sea tratar de imponer un mínimo orden y mantenerlos sentados para pasar al tercer paso.
El tercer paso sería tratar de inculcar buenos modales, tratar de que los alumnos no utilicen algunas palabritas que ellos están acostumbrados a usar. Ayer, pasando lista en un curso, cuando nombré a una alumna, desde el fondo la niñita me respondió “yo, acá, la tetona”. En ese caso tendríamos que enseñarles a decir “no… se dice yo, acá, la de los pechos grandes…”. O cuando se dicen “la c…de tu madre” deberíamos corregirlos mostrándoles que la manera correcta de decir lo mismo es “la señora que te dio la vida”…
El cuarto momento dentro del aula sería tratar de dar algún temita del programa oficial. Si tenemos suerte y si llegaron hasta acá en algún curso sí podemos empezar a desarrollar el programa, programas que en algunos casos parecen de ciencia ficción para las actuales circunstancias. Por ejemplo, hay una materia nueva en 6° año de “la nueva secundaria” llamada “historia de de filosofía de la ciencia” que creo que el único que podría darla es Mario Bunge, y encima está en Canadá. Si usted es un profesor del profundo conurbano que ha sido ubicado en esta materia, y si a su vez viene de un Tepis, y ese Tepis era por unas horas de un ECI desaparecido y que además estaba relacionado con el área de lengua no se preocupe, no necesitará ningún curso de capacitación porque para llegar a dar esta materia a nuestros alumnos podríamos guitarrear que los chicos no se darán cuenta.
Pero si de casualidad tenemos la suerte de tener un curso tranquilo ahí sí podemos pasar a un “quinto momento”. Los cursos que nos permiten llegar “hasta acá” son los cursos tranquilos, con alumnos que por su conducta no causan muchos inconvenientes, hacen silencio cuando un profesor explica, escuchan…
Este tipo de curso existen, son poco pero existen, yo tengo tres de estas características este año, el problema acá es que por lo general son apáticos, tengo un curso que tiene todas estas características pero el problema es que los alumnos no tienen ganas ni de saludar, cada vez que llego al curso, para que me respondan tengo que saludar tres o cuatro veces…se cruzan de brazos y “vuelan, vuelan” por el techo del salón, duermen con los ojos abiertos…
En este quinto momento podemos avanzar con el programa, aunque avanzamos y avanzamos “nosotros y el programa” y algunos alumnos, pero la mayoría de estos chicos parecerían estar en una especie de siesta anual…
Y por último, si encontramos un buen curso, raro hoy en este contexto, podemos sí sentir alguna gratificación personal, podemos debatir, podemos incentivarnos a pasar videos, a hacer todo lo que no podemos hacer en los otros curso.
Son cursos en vía de extinción. Cursos que aparecen rara vez, uno de cada 1000. Yo este año tuve suerte, tengo un curso así, es un 5° año de economía, la semana pasada tomé lección y me dio la impresión que competían entre ellos para ver quién se sacaba más nota, increíble, si bien puse un par de “1”, el 70% aprobó, con muy buenas notas, hace como 15 años que no tenía un curso así.
Esto nos lleva a la conclusión que en la docencia hay de todo. La descripción de estos “seis estadios” de cursos es una descripción general, donde las características desarrolladas en cada estadio son generales para el curso, pero donde dentro de cada uno de ellos tenemos alumnos que superan el promedio “para arriba o para abajo”. Por ejemplo, podemos encontrar en un curso “del primer estadio” un alumno más o menos bueno que podría y se merecería estar en un curso mejor…
Esto a la larga nos lleva a una problemática. Cuando llegue fin de año y entreguemos los promedios finales nos daremos cuenta que un alumno desaprobado de un curso bueno, por ejemplo, del sexto estadio, es mucho mejor que un alumno aprobado de un curso del primer estadio. Lo que termina siendo muy injusto y desvalorizando el secundario. Porque los dos están aprobados, pero uno aprobó nada más que por estar rodeado de desastrosos compañeros que no hacían nada y aprobó simplemente porque se destacó del grupo…
Este es un problema de fondo de la educación media. Al ser obligatoria, al obligar a la fuerza a permanecer en el colegio a chicos contra su propia voluntad, y que pasan de año ya por cansancio terminan teniendo las mismas certificaciones que los alumnos estudiosos. Y ambos títulos tienen la misma validez social, sin ser lo mismo el mérito de cada uno en estas dos situaciones distintas.
Por eso la educación media perdió relevancia. Se impuso “la choricera” y se empezó-en la última década-a dar certificaciones como quien hace chorizos en forma industrial. Por eso las universidades tienen cursos de nivelación y/o examen de ingreso, porque hay miles de escuelas y de ellas salen miles de alumnos con distintas capacidades.
¿Está bien? ¿Está mal? Qué sé yo…por suerte no soy un teórico de la educación que asesora a algún ministro. Yo soy un teórico que teoriza solamente para mi blog. Tengo un título de Licenciado en Educación, pero como ya hace más 10 años que me recibí y nunca le di importancia ya me olvidé de todas esas absurdas teorías de la educación que sirven para justificar la posición que ocupan-en el campo intelectual-los teóricos del sistema. Siempre dije que el mérito de los teóricos de la educación es la capacidad que tienen para teorizar sobre lo evidente. Y claro, de ganar espacio dentro del campo intelectual, a costa del retroceso de aquellos que piensan que tiene que prevalecer el conocimiento duro, el fáctico.
Y una prueba de lo que digo lo podemos observar en los planes de estudio de los terciarios. Mientras hace 20 años en los planes de estudio de un profesorado había 4 ó 5 materias pedagógica, hoy hay como 12 ó 15, y todas “un divague” total.
Lo que se necesitan son conocimientos duros, para no divagar tanto, con buena formación en su campo y con unos años de experiencia el docente se puede arreglar tranquilamente. Para qué tanto divague…
Y una prueba de lo que digo soy yo mismo…divago mucho en Polimodalitos gracias a que soy Lic. En Educación….me salva un poco mi gusto por la historia, mi otro título, tengo mi diploma colgado en frente de la Pc y me pregunto ¿Para qué? Y lo peor de todo, y lo más contradictorio de todo es que la provincia de Bs. As. Solamente otorga un punto-1-al puntaje de base…¿no es un chiste?. Si creen que “lo pedagógico” es fundamental en el sistema ¿por qué no le dan un buen reconocimiento? Cualquiera que haga 3 ó 4 cursitos truchitos que andan por ahí de oferta ya supera ampliamente cualquier Licenciatura en Educación…y esto pasa simplemente porque es nuestro querido sistema educativo.
Fin del juego de mis lágrimas, ahora me voy a reír un poco, ya está…
Serale.
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