Overblog Todos los blogs Blogs principales Empleos y Educación
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Asaltan a una madre y balean a un padre en la puerta de una escuela

Publicado en por serale

Sergio Navarrete había ido hasta la escuela de sus hijos como una tarde cualquiera. Antes de llegar a la puerta del colegio Santa María de los Angeles, estacionó su Fiat 125 y caminó hasta el establecimiento, en 81 entre 8 y 9. A las 16.40 de ayer todavía faltaba un rato para que los nenes terminaran el día de clases. Por eso, para ahorrar tiempo de espera, se quedó charlando con el portero. De fondo, podía sentirse el murmullo de alguna maestra y de varios chicos con ganas de irse a casa. Esa era la situación, casi rutinaria, que se vivía en ese sector de la Ciudad, aunque, en sólo segundos, la tragedia rondó por el barrio. Fue cuando el ruido de dos motos comenzaron a hacerse sentir en 9 entre 81 y 82. En una iba Beatriz Recalde (31), la mamá de un nene de primer grado, y en la otra, tres ladrones con camperones holgados en los que escondían por lo menos un arma. La mujer estaba por bajarse también para esperar a su hijo. Los delincuentes la vieron y se le abalanzaron para robarle su Honda Wave roja. Había visto que la seguían y, ni bien se dio cuenta de que le apuntaban con una pistola, empezó a pedir auxilio. A la vuelta de la esquina y, a unos 15 metros de distancia, Sergio Navarrete oyó los alaridos y fue a ver qué pasaba. Ahí se dio cuenta de que a la que le apuntaban era la mamá de un compañerito de su nene más chico. Anoche el hombre baleado permanecía internado en el hospital San Martín, estable. Los médicos igualmente dijeron que el pronóstico “es reservado” El hombre no tenía nada para ahuyentar a los ladrones. Solamente una dosis de coraje: les aplaudió y les soltó algunos gritos. Sin embargo, los delincuentes vieron que los habían descubierto y arremetieron con una réplica furiosa. Uno de ellos, al parecer el mismo que le apuntó a la mujer, orientó su arma hacia Navarrete y apretó el gatillo a quemarropa. Dentro del colegio, unos diez minutos antes de que sonara la campana, retumbó el estruendo del disparo. La mayoría de los docentes se dio cuenta de que había sido un tiro, aunque nunca se imaginaron la cercanía del hecho. La bala fue a pegarle en el abdomen a Sergio. Al instante se cayó a la vereda por el embate y vio, desde la perspectiva rasante del asfalto, cómo los delincuentes se iban en dos motos (la que traían y la que se robaron) rumbo a la calle 82. El hombre, que no perdió el conocimiento, escuchó voces, sirenas de patrulleros y ambulancias. Todo con una ronda de testigos horrorizados, que le preguntaban todo el tiempo cómo se sentía y le pedían que resistiera, que ya lo iban a atender. Los médicos se lo llevaron de urgencia al Policlínico, en donde decidieron que lo mejor para su caso, al menos por el momento, era dejarle la bala calibre 22 alojada en el cuerpo. Fuentes policiales sostuvieron que anoche el hombre se encontraba estable y que su pronóstico era reservado.

UN MUNDO DE POLICIAS

La esquina se pobló de patrulleros de distintas jurisdicciones. Algunos se fueron a buscar a los delincuentes sin éxito, otros se quedaron en el lugar para preservar la escena y buscar algún rastro de los ladrones. Para ese fin, la herramienta más útil sería una cámara de seguridad perteneciente al colegio, que enfoca hacia el lugar exacto en el que asaltaron a la mujer. Esa filmación, clave en el esclarecimiento del episodio, quedó ahora en manos de los investigadores.

“una locura”

Todas las sensaciones que quedaron flotando en el aire enrarecido de 9 y 81 destacaban con horror la cercanía de un episodio de esta clase a un recinto lleno de chicos. “Una locura, de no creer, algo tremendo”. Las mismas frases se repetían de boca de los papás que, testigos o no del robo, seguían incrédulos y con el gesto petrificado cuando se dieron cuenta de que, si todo pasaba unos minutos más tarde, el herido de bala tal vez podría haber sido algún nene. La tensión solamente bajó con los minutos y le dio paso al revuelo. Algunos permanecieron unos minutos consternados. Pero también hubo una reacción que fue casi un acto reflejo: la mayoría de los papás abandonó de inmediato el lugar, temerosos de que, en una jornada de pésima suerte, a ellos también les quisieran robar.

www.eldia.com

Comentar este post