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Adultos que vacilan, chicos sin reglas

Publicado en por serale

En mi escuela secundaria estaba prohibido fumar, sin embargo, era casi obvio que en el baño del primer piso se fumaba. Los preceptores lo sabían y cada tanto “aparecían” y sancionaban a los que sorprendían. Eran las reglas de juego, existía la norma, la transgresión y la previsible sanción cuando esta se producía. Esas reglas constituían un orden social que aprendimos, que podíamos o no cumplir, pero sabíamos que no hacerlo podía tener costos.

Como la prohibición de fumar, había reglas para el alcohol, los horarios, el respeto a los adultos, las palabras correctas, que pretendían cuidarnos. Todos las transgredimos alguna vez, por tentaciones, porque la incapacidad de contenernos, para experimentar “las cosquillas” por ser sorprendidos, para desafiar a los adultos, para crecer. Pero aun cuando no las respetáramos, teníamos claro que eso no estaba bien.

Y nuestros padres, maestros, autoridades, eran garantes de esas reglas, a veces se enojaban con nuestras trasgresiones, otras les divertían, pero igual “se hacían los enojados”, y en algún caso nos sancionaban, tanto para cuidarnos, como para enseñarnos un orden social, aquel en el que íbamos a vivir, y que necesitábamos internalizar.

Sabían que no cumpliríamos las prohibiciones “a rajatabla”, pero más allá de las trasgresiones, debían dejarnos claro lo que se podía o no se podía, las consecuencias del incumplimiento, y que algunas restricciones serían “levantadas” cuando pudiéramos ir mostrando la internalización de ese orden, es decir, creciendo. Se trataba de ir asumiendo gradualmente las normas que nos imponían, “haciéndolas nuestras”, asumiendo nuestro propio cuidado .

Cuando los adultos plantean ideas del tipo “para qué se lo voy a prohibir si lo va a hacer igual”, o “más que aplicar sanciones prefiero que él se de cuenta que no está bien lo que hizo”, dejan de transmitir mensajes claros, referencias, una idea del funcionamiento de la sociedad , del orden que permite vivir en ella.

Cuando un padre le prohíbe tomar alcohol a un chico, sabe que habrá transgresiones, pero debe hacerlo porque lo que le está diciendo es “eso no es bueno para vos, yo quiero cuidarte, y me enoja que te hagas daño”.

Que lo discuta con él, se lo explique, no quiere decir que no lo sancione, que no le transmita la idea de que las normas están “más allá” de nosotros, que las podemos revisar, pero mientras están vigentes, operan.

Debemos ayudarlos a internalizar ese orden social, sin que las pautas sean un terreno de permanente negociación, de prueba .

Los chicos y jóvenes son menos transgresores que en el pasado, lo que les pasa en la actualidad está más cercano a la pérdida de noción del lugar de la norma como pauta.

No es que las transgredan, simplemente no las cumplen, las ignoran, sin sentir las “cosquillas” de estarlo haciendo. Están convencidos que pueden discutirse “eternamente” y que el “incumplimiento no es tan distinto al cumplimiento”. La falta de pautas claras, la permanente “negociación”, les ha dificultado internalizar ese orden. Las reglas de los adultos, más allá de cumplimientos, transgresiones, interpretaciones, deben ser referencias claras, para entenderlas, para pelearse con ellas, para intentar cambiarlas … para crecer.

 

http://www.clarin.com/opinion/Adultos-vacilan-chicos-reglas_0_689331135.html

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S
Completamente de acuerdo con esta nota.
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