¿Cómo nos ven nuestros alumnos?
Sigo investigando más detalladamente a mis alumnos-más que en años anteriores-para el blog. En esta oportunidad quiero mostrarles cómo nos ven nuestros alumnos. Son alumnos de un segundo de “polimodalitos”, de una escuela que tiene únicamente turno noche, y donde tengo un ECI.
El cuestionario que les pedí a este grupo fue al final de una larga charla que tuve con ellos la semana pasada después que el preceptor me pidió unos minutos para pasar lista y comunicarles todas las faltas que tenían cada uno de ellos.
Mi charla comenzó cuando veía con asombro el número de faltas que tenían muchos de ellos. Algunos tenían entre 20 y25 ausentes, otros entre 25 y30 y algunos más de 30.
“Chicos, a partir de ahora no perdono más faltas, ni llegadas tarde, el que no entra a horario va a tener media falta, también voy a empezar a pasar las faltas de educación física…” dijo el preceptor.
Ante esta situación les comentaba a los chicos: “¿Cómo puede ser que tengan tantas faltas con tantas clases perdidas…entre semanas de suspensión por la gripe “A”, vacaciones de invierno, semana de examen, paros de porteros y varios motivos más y aún así tienen tantas faltas?...”. “¿Cómo pueden tener tantas faltas aún cuando el preceptor les perdonó muchas de ellas?”.
Acto seguido a mi observación nos pusimos a charlar, y-como hice a principio de año con otros cursos-les pedí que me respondieran una serie de preguntas.
En el artículo de hoy solamente voy a transcribir una de ellas ya que en total fueron unas cuantas y es largo para comentarlas en un solo artículo. Así, voy a quedarme por hoy con una sola pregunta y prometo el resto para los próximos días.
¿Cómo ven a los docentes? Fue una de las preguntas, y las respuestas fueron estas:
-Re-vagos.
-Más vagos que nosotros.
-Depende, porque hay algunos piolas y otros no tanto, pero todos tienen su parte buena.
-No tan estrictos como antes.
-Bien.
-Con buena onda.
-Yo veo que los docentes vienen sin ganas.
-Son profesores con los que se puede hablar de su vida, que se les puede confiar, y además son buenos profesionales.
-Bien a la mayoría.
-Que son re-piolas.
-Son Buenos, salvo en una materia.
-Yo los veo como buenas personas como cuando dan consejos y oportunidades.
-Yo creo que tienen mucha paciencia con nosotros los alumnos que somos muy rebeldes.
-A los docentes los veo bien explicando, pero les falta más exigencia, en el estudio nos perdonan a algunos las notas cuando no damos las lecciones.
-Cada vez tienen menos ganas de explicar.
-Bien, son buenos y dan buenos consejos, algunos nos hablan demasiado de cosas personales y esta bueno llegar a una relación así.
-Los veo positivamente, entienden a los chicos que trabajan y a los que no también les dan oportunidades.
-Bien, veo que dan oportunidades para que aprueben.
-Algunos son muy desinteresados por nosotros, y nos “rotulan” a todos de algo que no somos, piensan que ya estamos perdidos y no tienen esperanzas en nosotros.
¿Qué tal? Hay respuestas para todos los gustos. Son solamente 20 respuestas, pero creo que sirve para hacer algún análisis. Recuerden que esta misma pregunta la hice a principios de año en tres o cuatro cursos de otros colegios y de otros turnos. Así que si sumamos todas ellas alguna conclusión más general podemos hacer.
De estas 20 respuestas lo que yo puedo ver es que algunos de nuestros alumnos nos ven como nosotros los vemos a ellos: Nosotros decimos que no tienen ganas de estudiar y ellos dicen que muchos de nosotros no tenemos ganas de trabajar, “son vagos” dijeron algunos.
¿Qué problema, no? Es una observación que nos lleva a la pregunta que me hice hace algunos días en uno de mis artículos: ¿primero el huevo o la gallina? ¿Nosotros no tenemos ganas de trabajar por qué ellos son apáticos? O ¿Ellos son apáticos producto de nuestras pocas ganas de trabajar? ¿La apatía del profesorado es producto de la apatía de los alumnos o la apatía de los alumnos es producto de la apatía del profesorado? ¿O la apatía de ambos es producto de la apatía social?
Creo que el problema es complejo. Porque si entramos con todas las pilas a dar clases después obviamente vamos a exigir un correlato de parte de los alumnos. Y aquí está el problema, el noventa por ciento de ellos no podrá seguir un ritmo exigente. ¿Y entonces?
Pero también muchas veces ¿somos “vagos” por algunos otros motivos? Bueno, muchos de nosotros trabajamos los tres turnos y en muchos momentos no nos responde el cuerpo ni la mente. Así, llegamos muchas veces a los cursos ya sin fuerzas. Y los alumnos se dan cuenta de ello. ¿Y entonces?
Entonces no deberíamos trabajar tanto. No es aconsejable trabajar todos los días los tres turnos (y creo que ni un solo día en la semana). Pero aquí es el Estado el que tiene que reaccionar, y creo que tiene que hacer dos cosas: impedir la locura de que muchos de nosotros viva en los colegios poniendo un tope de horas y/o cargos a los docentes. Y paralelamente mejorar los salarios para que no tengamos la necesidad de trabajar tanto.
Es una de las puntas del ovillo, la situación es tan absurda que es el propio Estado el que permite que existan docentes con varios cargos y horas cátedras a la vez. La posible solución sería “la redistribución” de los cargos acompañado de una mejora salarial, y con un tope de horas. Pero aquí muchos de nosotros vamos a poner resistencia. Ya veo un paro porque muchos no vamos a querer largar nada. Es que muchas veces nosotros mismo defendemos el “Estatus quo”.
Para esto es necesario un Estado y Gobiernos serios. En un país donde el Poder Ejecutivo no puede controlar “al vice-Poder Ejecutivo”, donde el/la presidenta no puede controlar a su vicepresidente ¿cómo vamos a pretender que un Estado provincial controle a 290.000 docentes?.
Podría hacer otros análisis de una sola respuesta de mis alumnos, pero ya se me fueron las ganas de escribir por hoy.
Hasta Pronto
SERALE
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