La educación pública, LA EDUCACIÓN QUE NOS QUEDA
En un artículo del diario clarín publicado hoy en la sección educación hay una nota titulada “Qué evalúan las elites cuando eligen un colegio”. En la misma, producto de una investigación de Guillermina Tiramonti, investigadora de FLACSO, se llega a la conclusión de que las elites cuando eligen un colegio para sus hijos buscan privilegiar las redes sociales, la excelencia académica y/o las escuelas públicas preuniversitarias. Esto es ni más ni menos que los hijos de las elites vayan acumulando “capital social” o bien soslayan lo intelectual.
Y los padres de nuestros alumnos ¿Qué buscan? Bueno, la realidad es que los padres de nuestros alumnos están más preocupados por conseguir trabajo y llegar a fin de mes. Jamás podrían pagar una escuela que ofrezca excelencia educativa, ya que para ello tendrían que disponer unos $2000 desde el vamos por hijo, para la cuota mensual y todo lo que necesitan en uniformes, material didáctico, etc.
Obviamente hay escuelas privadas “intermedias” con cuotas que van desde los $150 en adelante. ¿Todo esto es sabido, no? ¿y entonces cuál es la conclusión?. La obvia: la educación es una mercancía más. Y en las últimas décadas, con el triunfo del neoliberalismo, el Estado no hizo más que aplicar esta ideología a favor de la educación privada. A las estadísticas me remito: “Entre 2002 y 2007 se dio el mayor pasaje al sector privado…se perdieron 100 mil alumnos de la escuela pública y se sumaron 115 mil a la privada” (Axel Rivas, clarín, sección tribuna, 9/3/09).
Y los gobiernos democráticos?...y…son gobiernos abiertamente neoliberales, como en los noventas o “falsamente progresistas” como en los primeros años de este nuevo siglo: Aumentar la matrícula en detrimento de la calidad es un falso progresismo; dictar la obligatoriedad del secundario sin permitir la movilidad social es un falso progresismo; Permitir las desigualdades educativas de todos nuestros jóvenes es un falso progresismo…y podría seguir un buen rato con los ejemplos, pero lo que quiero hacer notar es que por ese “falso progresismo” nuestra democracia va perdiendo legitimidad.
La escuela pública, más allá de sus falencias, entre la ley 1420 y mediados de los setenta fue la institución que posibilitó la movilidad social, pero claro, primero fue parte de un proyecto de país (con la generación del ochenta) y después fue parte del ya inexistente Estado de bienestar. Lamentablemente hoy reproduce las desigualdades, no tiene peso en la movilidad social, el ascenso social de nuestros alumnos depende hoy más del azar que de los meritos personales y/o intelectuales.
Me voy despidiendo por hoy, solamente quería comentar un par de artículos salidos en la semana en diarios de circulación nacional.
Hasta la próxima
SERALE
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