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El acoso escolar, una problemática en auge

Publicado en por Polimodalitos

El acoso entre niños y adolescentes, popularmente conocido como bullying -su denominación en inglés- no es “cosa de chicos” como suelen decir no pocos padres y hasta docentes y directivos de establecimientos educativos. Es un problema “grave” de salud, especialmente en las escuelas, según indica nada menos que la Organización Mundial de la Salud (OMS).

“Cuando docentes y familias minimizan las actitudes de acoso por parte de los pares, el problema se agrava”, aseguran, por ejemplo, desde la Asociación Ciudades Sin Bullying.

Cuando el hostigamiento se produce por medio de las redes sociales es definido como ciberbullying, un flagelo cada vez más extendido y que ha complejizado la problemática, pues “el acoso por internet nadie lo ve y no se puede mensurar qué cantidad de casos quedan en el silencio ‘cómplice’ del hostigador u hostigadores y la víctima”, resaltan los especialistas en la materia.

De un tiempo a esta parte, los propios expertos han comenzado a pedir con inusitada fuerza el involucramiento de padres y docentes para prevenir el problema.

En Ciudades Sin Bullying dicen que las principales formas que adopta el acoso entre los adolescentes son “coacción, hostigamiento, intimidación, amenazas, agresiones y bloqueo, exclusión y manipulación social”, y subrayan que “en todos los casos, cuando el mundo adulto no interviene a tiempo los daños emocionales y psicológicos de las víctimas se traducen en un problema de salud pública”.

A lo largo del tiempo

Se habla de bullying cuando un chico le hace y/o dice cosas a otro que lo hacen sentir incómodo; cuando se produce cualquier forma de maltrato psicológico, verbal o físico entre escolares “de forma reiterada a lo largo de un tiempo determinado”.

El acoso escolar, apuntan los entendidos, es crónico, sostenido en el tiempo y se da entre pares, con “un desbalance significativo de poder entre uno y otro”, a diferencia de la violencia escolar que es “circunstancial” y se da en cualquier dirección entre alumnos, padres y docentes.

Es decir que un hecho puntual de violencia no es bullying, pero la violencia puede formar parte del acoso o ser el lamentable corolario de un proceso de hostigamiento prolongado.

En la asociación advierten que la ansiedad, el estrés postraumático, la baja autoestima, la distimia (estado de ánimo melancólico crónico), los recuerdos y sensaciones negativos que vuelven una y otra vez y hasta malestar físico o enfermedades son “algunas de las consecuencias del acoso escolar”.

Asimismo realzan que la experiencia dice que “esto no se resuelve con un día de reflexión en el aula, sino con la incorporación de una materia escolar sobre convivencia y habilidades sociales”.

“En las aulas donde hay más espectadores pasivos también hay más víctimas”, explican en Anti Bullying Argentina (ABA). Es “clave” poner atención sobre esta “mayoría silenciosa” porque su incidencia “no es menor” en el problema, enfatizan.

Ello dificulta el abordaje de la problemática en la escuela. Señalan que “cuanto mayor sea la cantidad de espectadores pasivos menor será la posibilidad de que la solución salga del aula misma, que es la respuesta más efectiva”. Por ese motivo, “hay que convertir a esos espectadores pasivos en activos”, sostienen.

En ese sentido las especialistas hacen hincapié en que hay que poder “dar en la tecla” con la identificación de lo que sucede con el grupo, detectando por dónde pasan los ejes de poder que funcionan en el aula, y no sólo mirar al agresor o agresores y a la víctima.

eldia.com

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