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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 21:01

Desde que se levantan, hasta que se acuestan. La relación simbiótica entre las nuevas generaciones y los smartphones o tablets afecta a la vida cotidiana. Este vínculo se generó de manera natural, a fin de cuentas los Millennialls son considerados "nativos", debido a que estas herramientas siempre estuvieron allí.

Pero, ¿son útiles para estudiar o una simple distracción? El debate surgió a partir de la carta del profesor Leonardo Haberkorn, quien renunció a seguir como coordinador de ciencias de la comunicación de la escuela ORT, en Uruguay, debido al uso de los celulares que hacían sus estudiantes mientras él dictaba clases. ¿El resultado? Las nuevas tecnologías afectaban la atención o provocaban desinterés.

Infobae dialogó con estudiantes universitarios para conocer su postura sobre 'los usos y abusos' de las teléfonos móviles en el aula.

Agustina Pozzo, estudiante de la licenciatura en periodismo de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, sostuvo que resulta "imposible pensar que el celular puede quedar desterrado de las clases".

"Si bien es cierto que es una gran distracción, también es un herramienta fundamental. En lo particular muchas veces nos sirve para ir consultando datos, biografías de autores o textos al mismo tiempo que el profesor explica algún tema. Sin dejar de prestar atención, y corroborando información que de otro modo quedaría en el aire y nos olvidaríamos de consultar más tarde", agregó Pozzo.

Tomás Adduci, estudiante de economía en la Universidad de Buenos Aires, considera que el uso del celular no produce una merma en el rendimiento: "Como toda herramienta puede ser buena o mala dependiendo del uso que se le dé y, sin duda, el celular es una fuente importante a la hora de buscar información o comunicarse rápidamente. Hay que adaptar las técnicas de educación a los cambios tecnológicos, no descartarlos y, a la vez, utilizar los mismos para mejorarlas".

Para las nuevas generaciones de estudiantes dejar de lado lossmartphones al momento de cursar o preparar una materia resulta un rechazo hacia el progreso, hacia lo inevitable.

"En un mundo inundado por la tecnología me parece inútil intentar remar en contra. Es cierto que puede ser muy molesto para un profesor que un alumno distraído chequee Facebook, pero pienso que si ese alumno no tuviera el celular también se distraería con otra cosa. Hay que encontrar la manera de incorporar el celular e internet como un complemento más para la clase", agregó Pozzo.

Pozzo además sostuvo que es una cuestión generacional y que el conflicto surge a partir de la incomprensión de unos y otros: "Las generaciones cambiaron, sus intereses, sus gustos y sus posturas frente al estudio. Muchos profesores saben entenderlo y llevar una dinámica de la clase en función de ello. El uso del celular tiene que ver con esto. Además, naturalizar la presencia del celular en la clase también disminuiría su uso como instrumento de distracción".

infobae.com

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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 20:56

La relación entre los Millennials –los jóvenes nacidos entre los años 1980 y 2000– y las nuevas herramientas tecnológicas es una realidad que llegó para quedarse y que en la actualidad instaló diversos conflictos –incluso contradictorios– en las aulas. Si bien permiten un acceso a la información más directa, sin intermediarios, los smartphones también pueden ser utilizados para el ocio. Y es allí donde el conflicto se hace más notorio.

Uno de los casos más resonantes fue el del periodista y profesorLeonardo Haberkorn, quien renunció a seguir como coordinador de la materia de ciencias de la comunicación en la escuela ORT, en Uruguay.Infobae dialogó con diferentes especialistas para conocer cómo transitar el conflicto sobre los nuevos usos culturales.

Marcelo Jov, profesor de cuarto año de Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires, sostuvo que "el celular es una gran fuente de distracción, pero no es la única. Yo no prohíbo el uso del celular, es más, hasta lo permito en ciertos exámenes que son para reflexionar, pero es responsabilidad del alumno usarlo para buscar información vinculada a la materia y no para revisar Facebook. Lamentablemente hoy el alumno universitario se parece al de nivel secundario por su inmadurez".

Daniel Gutiérrez, director de la carrera de Publicidad de la Universidad del Salvador, explicó: "Hay que entender que se produjo un cambio generacional, que tiene sus características propias. Los Millennials tienen a su disposición una multiplicidad de plataformas, que los ayuda a tener un acceso directo a la información. La manera en que lo utilizan puede ser lo conflictivo, pero eso siempre depende del profesor".

Para Julián Leone, profesor de Economía en el CBC de la UBA, "el celular es un dato dado, es imposible que los alumnos pasen dos horas sin mirarlo en clase para ver qué novedad tiene el WhatsApp o en las redes sociales. Hay que saber que una vez que se termina un tema, hay 4 o 5 que no lo entendieron y siguen prestando atención, pero el resto ya está con el celular en la mano".

 

Una herramienta, dos generaciones

 

Con respecto a las características de los jóvenes, Gutiérrez sostuvo que "a los estudiantes de hoy se los acusa de tener una menor 'capacidad de atención'. La realidad es que tienen una manera multitasking de afrontar las actividades diarias y esto no está mal, es solo otra forma de concentrarse".

Para Gutiérrez, lo que se produce básicamente es el choque de dos generaciones que enfrentan lo mismo con diferentes herramientas: "Creo que el problema no son las redes o las nuevas tecnologías, sino que muchos docentes no pueden escapar de la manera tradicional de enseñanza, en la que él expone y los demás lo siguen. Cada cambio trae su complejidad y hay que prepararse para enfrentarlo".

"Parte de la pedagogía es saber buscar puntos de interés. Ese es el desafío de los profesores. Renunciar o rechazar los cambios es una manera simplista de afrontar el problema. Además, la clase debe ser un espacio democrático", dijo Gutiérrez, docente de grado y posgrado.

Carlos Pachuk, médico psiquiatra y autor del libro Terapia grupal. Curarse por Internet, explicó a Infobae que "el uso excesivo del celular denota un fenómeno sociocultural actual: hemos pasado de dar un salto antropológico a ser seres biotecnológicos o 'tecnovivos'. Está claro que con el exceso del uso del celular no se puede disfrutar del ocio".

 

¿Sirve prohibirlo?

 

"Lo peor que podés hacer es prohibirlo porque genera una expectativa y ansiedad brutales. Sólo genera que lo saque a escondidas. El mejor indicio es cuando el alumno mira el celular y lo deja rápidamente para seguir con la clase", dijo Leone.

Cómo sacarle provecho

"Es más, el celular se puede llegar a incorporar a la clase porque tenés información al instante al alcance de la mano. Hoy ya es casi un apéndice de la vida, no estar comunicado te limita terriblemente", explicó Leone.

Para Gutiérrez "el uso puede ser positivo", debido a que "los chicos pueden ser muy críticos, ya que tienen la capacidad de chequear lo que dice el profesor en simultáneo".

Ya lo dijo Isaac Asimov hace más de 50 años: las personas del futuro van a estudiar lo que quieran y por su cuenta. Este momento ya llegó.

infobae.com

 

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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 20:13

Por Alfredo Serra

"Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún día a dictar clases en una licenciatura en Comunicación.
"Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla."

"Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan ante muchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.
Claro, es cierto, no todos son así
Pero cada vez son más".

(Leonardo Haberkorn, profesor y coordinador hasta diciembre de 2015 de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad ORT de Montevideo, Uruguay)

Lo que acabo de leer es trágico. Y no uso la palabra "tragedia" en vano: así llama a la degradación educativa el eximio médico y profesor Guillermo Jaim Etcheverry, aterrado ante una estadísitca: más de la mitad de los alumnos de escuelas secundarias y de universidades (se refiere a la Argentina, pero está en consonancia con lo que denuncia Leonardo Haberkorn, el colega uruguayo) "no comprenden lo que leen". Excepto, claro, los brevísimos mensajes que permite la tecnología, reducidos además a abreviaturas sólo comprensible para un clan.

Mucho comprendo a Haberkorn. Durante más de veinte años (1985 a 2006) dicté materias de la carrera de Periodismo y Comunicación Social. No existían las selfies, y los celulares, el Twitter y el Facebook, avanzaban lentamente.

No eran todavía un virus ni una bacteria. No parecía haber peligro de infección ni de contagio. Pero sí era alarmante el desinterés por el pasado.Grecia y Roma eran, para ellos, sólo destinos turísiticos. La Segunda Guerra Mundial, un hecho lejano y sin ningún significado ni trascendencia. Apenas tenían una vaga noción de los años 70 de nuestra Patria, y mucho menos por qué los llamaban "Años de Plomo".

Tratar de que cumplieran un plan de lectura de grandes textos fue para mí una batalla tan dura como la que acabó derrotando al valioso profesor uruguayo. Pretendía yo que leyeran al menos un libro por mes, y sólo unos pocos llegaron a la última página de "A sangre fría", la novela deTruman Capote que es, además, una lección de investigación periodística.

No me rendí. Me retiraron al cumplir 65 años: disparate nacional que aleja a los profesores cuando más útiles pueden ser. Por sabiduría, vocación y pasión. Pero confieso que la indiferencia de los alumnos, como una niebla enfermiza de mediocridad, había empezado a desencantarme.

Ninguno de ellos había abordado a un gran autor. Ninguno había asistido a una ópera o a aun ballet. Pasé películas clásicas (monumentos…), pero rara vez la mayoría se quedó hasta el The End.Sólo los atraía el deporte y la música de moda. Para ellos, la historia del planeta había empezado con una reciente banda de rock…

Lo grave, lo dramático, no es sólo que Haberkorn haya depuesto las armas -las mejores-, lo realmente ominoso es que esa negra nube de indiferencia, desdén por el saber, la vida reducida a una pantalla de celular (útil, esencial a veces, pero no mañana, tarde, noche y trasnoche) cuyos dueños son incapaces de discernir ni de jerarquizar qué es importante y qué no lo es.

La rendición del profesor Haberkorn, su carta, su desencanto, su sensación de tiempo perdido y tal vez de fracaso, no se agita como una bandera blanca en una trinchera cuyos soldados están exangües y abatidos: se yergue como un desesperado grito de auxilio por el futuro.

Porque esos adictos a las selfies y toda la parafernalia en uso, algún día tendrán que asumir responsabilidades mayores: progresar en un empleo, dirigir una empresa, educar a sus hijos, etcétera. ¿Cómo lo harán, si su bagaje de ignorancia ni siquiera les permitirá escribir una carta pidiendo empleo? ¿Cómo, si la trilogía sujeto-verbo-predicado es para ellos un enigma insondable?

La cuestión profunda es cómo salir de ese pantano, de esa fábrica de ignorantes y mediocres. No hay otra salida que un firme pacto padres-maestros y profesores-alumnos. Si esa semilla no se recupera y no germina, habrá muchas más banderas blancas. Y no sólo en América latina, donde el fenómeno se repite. También en gran parte del mundo.

Lea la carta original del profesor Leonardo Haberkorn

infobae.com

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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 17:47

El profesor Leonardo Haberkorn dictaba clases en la carrera de Comunicación en la Universidad de Montevideo, hasta que renunció en diciembre de 2015 (Gentileza Leo Carreño)Con mi música y la Falacci a otra parte

Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez.

No dictaré clases allí el semestre que viene y no sé si volveré algún

día a dictar clases en una licenciatura en periodismo.

Me cansé de estar hablando de asuntos que a mí me apasionan antemuchachos que no pueden despegar la vista de un teléfono que no cesa de recibir selfies.Claro, es cierto, no todos son así.Pero cada vez son más.

Hasta hace tres o cuatro años la exhortación a dejar el teléfono de

lado durante 90 minutos –aunque más no fuera para no ser maleducados–

todavía tenía algún efecto. Ya no. Puede ser que sea yo, que me haya

desgastado demasiado en el combate. O que esté haciendo algo mal. Pero

hay algo cierto: muchos de estos chicos no tienen conciencia de lo

ofensivo e hiriente que es lo que hacen.

Además, cada vez es más difícil explicar cómo funciona el periodismo

ante gente que no lo consume ni le ve sentido a estar informado.

Esta semana en clase salió el tema Venezuela. Solo una estudiante en

20 pudo decir lo básico del conflicto. Lo muy básico. El resto no

tenía ni la más mínima idea. Les pregunté si sabían qué uruguayo

estaba en medio de esa tormenta. Obviamente, ninguno sabía. Les

pregunté si conocían quién es Almagro. Silencio. A las cansadas, desde

el fondo del salón, una única chica balbuceó: ¿no era el canciller?

¿Saben quién es Vargas Llosa? ¡Sí!

¿Alguno leyó alguno de sus libros? No, ninguno.

Conectar a gente tan desinformada con el periodismo es complicado. Es

como enseñar botánica a alguien que viene de un planeta donde no

existen los vegetales.

Que la incultura, el desinterés y la ajenidad no les nacieron solos.

Que les fueron matando la curiosidad y que, con cada maestra que dejó

de corregirles las faltas de ortografía, les enseñaron que todo da más

o menos lo mismo.

No quiero ser parte de ese círculo perverso.

Nunca fui así y no lo seré.

Lo que hago, siempre me gustó hacerlo bien. Lo mejor posible.

Justamente, porque creo en la excelencia, todos los años llevo a clase

grandes ejemplos del periodismo, esos que le encienden el alma incluso

a un témpano.

Este año, proyectando la película 'El Informante', sobre

dos héroes del periodismo y de la vida, vi a gente dormirse en el

salón y a otros chateando en WhatsApp o Facebook.

¡Yo la vi más de 200 veces y todavía hay escenas donde tengo que

aguantarme las lágrimas!

También les llevé la entrevista de Oriana Fallaci a Galtieri. Toda la

vida resultó. Ahora se te va una clase entera en preparar el ambiente:

primero tenés que contarles quién era Galtieri, qué fue la guerra de

las Malvinas, en qué momento histórico la corajuda periodista italiana

se sentó frente al dictador.

Les expliqué todo. Les pasé el video de la Plaza de Mayo repleta de

una multitud enloquecida vivando a Galtieri, cuando dijo: "¡Si quieren

venir, que vengan! ¡Les presentaremos batalla!".

Normalmente, a esta altura, todos los años ya había conseguido que la

mayor parte de la clase siguiera el asunto con fascinación.

Este año no. Caras absortas. Desinterés. Un pibe despatarrado mirando

su Facebook. Todo el año estuvo igual.

Llegamos a la entrevista. Leímos los fragmentos más duros e inolvidables.

Silencio.
Silencio.
Silencio.
Ellos querían que terminara la clase.
Yo también.

 

 

 

infobae.com

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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 11:24

La obra escrita por el profesor Carlos Dotro será interpretada por el grupo TCTB y vuelve a escena tras el éxito de 2015. Una propuesta que invita a la reflexión con grandes dosis de buen humor.

Teatro  a cargo  de docentes en escuela de Berazategui

Los docentes suelen dejar su sello mucho más allá de su tarea en las aulas. Gracias a su creatividad se pueden desempeñar en diversas ramas del arte, como por ejemplo, el teatro.
Tal es el caso de los maestros que integran el grupo artístico TCTB -Tristón Couli Teatral Banda-, quienes, tras el éxito del año pasado, vuelven a las tablas con la comedia "Ya nunca seré un Beatle" este sábado y el siguiente en la Escuela Secundaria 4 del Barrio Marítimo de Berazategui.
 
La pieza teatral, una obra del profesor y escritor Carlos Dotro, cuenta con todos los ingredientes de un humor ágil y efectivo, que brinda al espectador una diversión plena sin evitar una profunda reflexión sobre las ambiciones personales, donde se confunden el amor y el egoísmo en una sola y desconcertante sensación.
 
Uno de los atractivos de esta obra es su musicalización ya que la banda sonora está conformada por inolvidables canciones de The Beatles. 
 
TCTB es un grupo teatral integrado, en su gran mayoría, por docentes que viene poniendo, con creciente éxito, comedias de Carlos Dotro desde 2013 como Tras el Carambolo Perdido, Marosca a la Italiana, y reponiendo este año Ya nunca seré un Beatle.
 
Las funciones tendrán lugar los próximos dos sábados a las 20:30, en la Escuela 4, ubicada en calle 137A N° 5288, en Barrio Marítimo, Hudson, Berazategui, con entradas a 60 pesos
 
diariopopular.com
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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 10:16

Por José María del Corral. Docente y director mundial de Scholas Ocurrentes.

Nos hemos acostumbrado a escuchar hablar de la crisis educativa, a repetir que todos los problemas que existen tienen el mismo origen: la falta o la mala educación.

Una y otra vez se anuncian reformas, cambios de leyes, súper diagnósticos, debates, congresos, pero en el fondo nada cambia.

Para hacer frente a esto, hace ya 20 años un grupo de docentes de la Ciudad de Buenos Aires, en su mayoría rectores de colegios de distinta procedencia, encararon con mucho entusiasmo –y una cuota de miedo– un sueño diferente: la creación de la primera Escuela de Vecinos.

Este programa, pionero en su tipo, reunía a estudiantes de 16 años, de diversas religiones, culturas y niveles sociales, que durante algunas semanas de clases compartían aquellos problemas que más les afectaban y juntos buscaban las mejores soluciones para cada uno de ellos.

Quien acompañó desde sus inicios este proyecto fue Jorge Bergoglio, que luego, siendo ya Papa Francisco, nos volvió a convocar para extender este sueño y esta experiencia a los jóvenes del mundo entero. Así nació, el 13 de agosto del 2013, Scholas Occurrentes, que significa escuelas para el encuentro.

Scholas tiene como misión fundamental integrar a jóvenes diversos para que juntos aprendan a participar activamente como ciudadanos.

Fabrizio, de 15 años, de una escuela del Bañado Norte en Asunción, Paraguay, sostiene que “Scholas Ciudadanía genera un encuentro a través del cual los problemas del otro, por más lejanos que me resulten, pasan a ser míos también”. Por eso les decía a sus compañeros, y al Papa, que “esta experiencia puede cambiar a nuestro país, puede llevarnos a la unidad”.

En este sentido, nosotros entendemos la educación como “educere”, como el proceso humanizador por el cual cada niño y cada joven saca lo mejor de si para compartir con nosotros.

Es por eso que Alijaeh Joshua Go, nacido en Filipinas, pero actualmente radicado en Dubai, expresó con relación al proyecto: “es un acontecimiento que cambiará mi vida. Uno puede conocer personas de diferentes países como Paraguay, Australia, Mozambique, y todas son personas increíbles con los que me encanta interactuar”.

El desafío está planteado: enseñar a un niño y a un joven a ser ciudadano es tarea de toda la sociedad. Todos somos co-responsables de su educación. Ellos nos recuerdan que debemos dejar de verlos como el futuro para empezar a considerarlos como presente, porque de lo contrario no tendremos futuro.

clarin.com

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13 septiembre 2016 2 13 /09 /septiembre /2016 09:13

Por Rafael Otegui

De instituciones cerradas y verticales a organizaciones abiertas y participativas. Tal es el cambio que muchas escuelas argentinas han empezado a transitar con el objetivo de alcanzar mayores niveles de aprendizaje y de inclusión social. La ciencia lo respalda: las teorías pedagógicas más avanzadas aseguran que la interacción y la participación de la comunidad son clave para el éxito educativo.

Con esta premisa, desde 2013 se llevan adelante en nuestro país las jornadas “Escuela, Familias y Comunidad”, una actividad acordada por el Consejo Federal de Educación e incluida dentro del Plan Nacional de Educación Obligatoria y Formación Docente (2012-2016) para fortalecer la relación entre directivos, profesores, alumnos y padres. En cada edición, las escuelas abren sus puertas a los vecinos y a las organizaciones sociales del lugar para abordar distintos temas y acordar líneas de acción.

“Estas jornadas han demostrado su importancia para mejorar el vínculo entre las escuelas, las familias y la comunidad, y ya son parte de los hábitos y del calendario de la mayoría de los establecimientos del país”, aseguran sus organizadores. Con este tipo de prácticas, explican, no sólo se logra un mayor compromiso de los padres con el aprendizaje de sus hijos, sino que se construye ciudadanía y se mejora la convivencia entre vecinos.

Un objetivo similar persiguen las “Comunidades de Aprendizaje”, un proyecto impulsado por el Centro de Investigación en Teorías y Prácticas Superadoras de Desigualdades (CREA) de la Universidad de Barcelona e implementado en la Argentina desde 2015 por CIPPEC. Basada en la pedagogía de Paulo Freire, la iniciativa propone una transformación de las escuelas a partir de una serie de innovaciones que buscan generar nuevos diálogos con su comunidad.

“Una de las innovaciones, por ejemplo, consiste en la formación de comisiones mixtas de gestión para resolver temas de infraestructura o para ofrecer cursos a los vecinos. Son como cooperativas, pero más amplias y descentralizas, en las que participan padres, alumnos, jubilados o referentes de instituciones cercanas”, explica Alejandra Cardini, directora del proyecto. Y agrega: “La propuesta se funda en la idea de que cuantos más diálogos hay entre las personas, más aprendizajes se generan”.

El proyecto, que ya se implementa con éxito en España, Brasil, Perú, Colombia y México, no focaliza sólo en el aprendizaje, sino también en temas de cohesión social y equidad. En la Argentina, ya son más de 20 las escuelas que se sumaron a la iniciativa en las provincias de Salta, Santa Fe y Chaco

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12 septiembre 2016 1 12 /09 /septiembre /2016 10:21

Por Mariano Narodowski

El financiamiento estatal para la educación ha estado siempre en lo más alto de la agenda política y social desde la vuelta de lo democracia. En los años 80’s, se discutía el 25% del presupuesto público para la educación. En los 90’s, un aumento del presupuesto educativo del 20% anual para llegar a su duplicación en 5 años. En los 2000, se pretendió que la inversión alcance el 6% del Producto Bruto Interno.

Pese al marketing político, ninguna de todas esas metas se logró y del aumento presupuestario conseguido en todos los gobiernos no se ha derivado una mejora sustantiva ni en la calidad ni en la igualación de las oportunidades educacionales. La idea economicista de que con más dinero (y solo con más dinero) se mejora la educación, parece haberse agotado.

Pero hay algo más. El crecimiento de la población en escuelas privadas que ocurre desde hace medio siglo (y que como resultado de las políticas educativas aumentó brutalmente en la última década) implica una ampliación del gasto en educación de las familias que nadie computa. Es cierto que existen subvenciones para escuelas privadas pero estas apenas rondan el 15% de los presupuestos estatales: un porcentaje menor en relación al colosal incremento de chicos en instituciones privadas y el decrecimiento en las públicas. En resumen, además de los impuestos, las clases medias financian directamente al sistema educativo.

Mi propuesta, desde hace décadas, es cambiar los ejes economicistas del debate en base a tres preguntas: ¿Cuánto cuesta la educación pública con calidad e inclusión?, ¿Qué recursos necesita cada escuela concreta para sostener un proyecto acorde? y ¿Cuáles son las mejores reglas de juego para que las escuelas alcancen sus objetivos?

Responder esas tres preguntas implica construir una idea precisa de dónde estamos y ¡un proyecto! de adónde queremos llegar. Además, supone atribuir a cada actor de la educación (gobiernos, escuelas, docentes, familias) una responsabilidad concreta por los resultados que se compromete a alcanzar no en 20 años (como la remanida frase) sino este año, y el que viene, y el otro, y así de seguido.

No es indispensable sancionar una nueva ley de financiamiento. Las leyes educativas han mostrado gran ineficacia. Lo que falta es una agenda consistente políticamente, sólida técnicamente, respetuosa de la realidad diversa de la educación argentina.

Claro que si insistimos de nuevo con las viejas recetas, después no podremos quejarnos al obtener, de nuevo, idénticos resultados. w

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12 septiembre 2016 1 12 /09 /septiembre /2016 10:19

Malos resultados en las pruebas internacionales, problemas de convivencia y de atención en las aulas, alta deserción en la secundaria, baja graduación en las universidades. Hay consenso acerca de los enormes desafíos que enfrenta la educación argentina. También, que para solucionar los problemas se necesitan recursos. Ahora, tener más dinero, ¿es suficiente?

La Argentina incrementó notablemente su inversión educativa en la última década. La ley de Financiamiento Educativo, de 2005, estableció que desde el apenas 4% del PBI que la Argentina destinaba a la educación se pasara al 6% a partir de 2010. Aunque algunos señalan que nunca se llegó a esa cifra, todos coinciden que estuvo cerca y reconocen la mayor inversión del Estado en esta materia.

¿Por qué los resultados no aparecen? Axel Rivas, director del Programa de Educación de CIPPEC, relativiza algunas certezas. “Hay avances importantes en educación. Un 40% de los alumnos que va a la secundaria son primera generación de la familia en ese nivel. El acceso al nivel inicial se expandió notablemente. La oferta de cargos docentes, materiales educativos, netbooks y recursos digitales aumentó. Se avanzó en el financiamiento pero no se crearon dispositivos claros y potentes para mejorar los aprendizajes y revisar las prácticas pedagógicas”, dice.

Inés Aguerrondo, socióloga de la educación, tiene una mirada más crítica. “No es tan simple. En educación siempre se necesita más plata, pero ese no es el problema. Más plata en este sistema no da mejores resultados. Tiene que servir para tensionar reformas”, afirma.

Mientras tanto, los gremios docentes y diversas organizaciones sociales reclaman que se sancione una nueva Ley de Financiamiento, que eleve la inversión al 10% del PBI. El proyecto ya fue presentando en el Congreso. Dicen que con el actual nivel de inversión no se pueden alcanzar las metas establecidas para la educación.

Otros, como el experto Mariano Narodowski, creen que no se necesita una nueva ley. “Deberíamos debatir qué entendemos por una educación de calidad. Esto nos llevaría a calcular cuánto nos cuesta tener docentes bien capacitados, por ejemplo. Todo esto perfila qué tipo de educación queremos”.

Mientras que especialistas como Alieto Guadagni o Juan Llach, con formación económica, cuestionan que el financiamiento esté atado a la evolución del PBI. Creen que esto puede generar problemas en épocas recesivas, como la actual. Proponen, en cambio, cálculos “contracíclicos”, como hizo Brasil al vincular el presupuesto educativo a la rentabilidad de Petrobras.

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12 septiembre 2016 1 12 /09 /septiembre /2016 10:16

Los maestros enseñan a leer y las matemáticas con técnicas del siglo XX. Las nuevas tecnologías impactaron en la escuela como un aluvión, que arrasó al proceso de aprendizaje. Es un diagnóstico en el que coinciden autoridades y docentes. Además, de acuerdo con los datos oficiales, sólo el 20% de los educadores de la provincia realiza las capacitaciones que ofrece el ministerio de Educación para quienes están en servicio.

Por eso la dirección de Escuelas anunciará hoy un plan para ampliar la oferta de cursos gratuitos –presenciales y a distancia– orientados a desarrollar nuevas estrategias de alfabetización, de instrucción científica, prácticas de ciencias exactas y aprendizaje digital.

Serán abiertos y gratuitos para los casi 360 mil maestros y profesores que trabajan en establecimientos públicos o privados de Buenos Aires. Pero no serán obligatorios, aunque otorgarán puntajes que mejoran las chances para acceder a los cargos. Y según adelantaron a Clarín, a partir del 2017 la acreditación de estos planes de perfeccionamiento será un requisito para ascender a puestos de secretarios, directores o inspectores.

María Eugenia Vidal presentará hoy la iniciativa denominada “Buenos Aires hace Escuela” en Tandil, en un encuentro con inspectores regionales y distritales. El Gobierno busca competir con la oferta de capacitaciones pagas que cuestan hasta 5 mil pesos. Desde la Provincia, reconocen que la propuesta en materia de perfeccionamiento estatal es “insuficiente” y buscan ampliarla con cursos cuatrimestrales. En eso está un equipo de pedagogos dirigidos por la especialista Guillermina Tiramonti que diseña cursos de hasta 2 meses (16 horas de clases) desde plataformas virtuales o con clases presenciales. También crearán una plataforma con herramientas educativas para cada área temática, con especial atención en matemática y lengua.

La utilización de instrumentos digitales en el proceso de enseñanza-aprendizaje es una de las obsesiones del ministro de Educación, Alejandro Finocchiaro. Por eso ya evalúa eliminar la restricción del uso del celular en el aula que rige desde 2006 en los establecimientos de la Provincia. “Hay que levantar esa prohibición. El celular puede ser un instrumento más dentro del aula. No se ha tomado en cuenta el lugar de la tecnología y el uso de Google”, explicó Tiramonti.

¿Por qué los maestros no se capacitan?. “Hay mucha desorganización en los programas. Los documentos llegan tarde. No hay tiempo para analizarlos”, explicó Mirta Petrocini, presidente de la Federación de Educadores Bonaerenses (FEB). En ese gremio se dictan diferentes cursos de actualización pedagógica. “Lo hacemos por distritos, para poder focalizar las necesidades y las inquietudes de los docentes”, agregó Petrocini.

“Los maestros tienen voluntad y necesidad de mejorar pero desde los gobiernos no hay una dirección. No sabemos hacia dónde va la educación”, es el diagnóstico de Miguel Díaz, de Udocba. El dirigente coincide en que “ahora se enseña igual que hace 50 años”.

El plan oficial contempla mejorar la infraestructura y las herramientas tecnológicas de los 136 Centros de Investigación Educativa (CIES) que hay en la Provincia, uno por municipio. Allí se harán los cursos presenciales y también funcionarán las tutorías para los virtuales. “Es insuficiente. Con esa logística no alcanza. Tenemos que seducir a los docentes para que tengan más capacitación. De otra manera, en unos años no podrán estar más frente a un aula”, consideró el ministro de Educación.

Los funcionarios dijeron que el programa estará en pleno funcionamiento a principios del año que viene. No obstante, el ministerio ya lanzó una cartilla con nuevos cursos a los que se anotaron unos 60 mil docentes por vía electrónica. “Esto demuestra que hay interés”, explicó Tiramonti.

Los pedagogos ya trabajan en un rediseño de la página web del ministerio (www.abc.gov.ar) para que pueda ser utilizado como “reservorio” de instrumentos de enseñanza, con recursos pedagógicos y procedimientos para actuar frente al aula. Serían como los “tutoriales” que se encuentran en las redes sociales, pero específicos para los docentes. Allí encontrarán instrucciones y nuevas técnicas para dictar desde normas de ortografía hasta formas prácticas de enseñar.

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