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13 septiembre 2013 5 13 /09 /septiembre /2013 10:25

Hace tres meses, Gonzalo, de 13 años, fue baleado y brutalmente herido durante un recreo de la escuela a la que asiste. Desde entonces, estuvo internado y hoy, ya recuperado, tiene miedo de volver a clases.

El hecho fue denunciado por la familia del adolescente que sostiene que otro alumno agredió en la cabeza a la víctima Más precisamente, piensa que un compañero disparó desde afuera de la escuela N°10 por causas desconocidas.

http://www.lanacion.com.ar/1619149-un-chico-de-13-anos-fue-baleado-en-la-cabeza-en-una-escuela-de-moreno

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12 septiembre 2013 4 12 /09 /septiembre /2013 19:43

Empieza el tercer trimestre y debo confesar que cerrar el segundo trimestre fue en algunos cursos un gran momento de inspiración. Ya no sabía cómo dibujar algunas notas…en un curso, para tener una nota más, se me ocurrió tomar una evaluación a texto abierto-ya que la carpeta de muchos alumnos directamente no existen y era imposible tomar una prueba a carpeta abierta-, fui a la fotocopiadora con mi libro, estuve casi media hora esperando ya que había gente, gasté 9 pesos, llego al colegio y…no había nadie! Qué idiota! Todos los alumnos ausente…la verdad, la verdad, es culpa mía, cómo se me va a ocurrir darles otra oportunidad…

En otro curso me puse “casi a perseguir” a los chicos para no poner aplazo, les dije “meren que el trimestre se les cierra a ustedes, yo si quieren les dejo la nota que tienen…”, “no se haga drama profe, lo único que le pido es que no me ponga aplazo, con un 4 me conformo, si igual ya sabía que me la llevaba…” me respondió un alumno…es un divino, le puse el 4, sólo por lo simpático, dos por tres me hace reír con las ocurrencias que tiene, y eso hoy por hoy no es poco…

Es cada vez más difícil cerrar los trimestres como lo hacíamos hace unos años, por lo menos en las escuelas donde yo trabajo…

 

Serale

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12 septiembre 2013 4 12 /09 /septiembre /2013 08:48

Tiene 14 años, y sufrió una verdadera pesadilla, cuando11 compañeras de su colegio la emboscaron a la salida de la institución educativa de Quilmes y la golpearon salvajemente, todo por ser "linda". Durante la agresión le cortaron el rostro y finalmente le arrojaron piedras. "Ver a mi hija ensangrentada, toda golpeada y cortada, es lo peor que me pasó en la vida", dijo su madre, aún conmocionada por el episodio.

Al brindar detalles del espeluznante caso de bullying, María Teresa, mamá de la adolescente, indicó que todo ocurrió el martes, luego de la celebración del Día del Maestro en la Escuela Técnica 6 de Quilmes, ubicada en la avenida Calchaquí al 1800.

"Quedó con la marca en la cara, moretones en la zona de los ojos y rasguños. Así la dejaron. La atacaron con golpes de puño, luego de agarrarla de atrás. Ella venía con sus hermanitos que van a la escuela primaria. Salió de su escuela, esperó a los hermanitos y cuando volvía para casa fue emboscada por esta patota de chicas", señaló la mujer.

Según refirió la denunciante, la principal agresora tiene 15 años, uno más que la víctima. "Todo el grupo va a la misma escuela, pero es de un grado más. La venían amenazando desde hace tres meses", dijo María Teresa, en declaraciones al canal C5N, agregando que su hija "no le contó al director, tampoco a mí de lo que venía pasando".

Es que en abril, cuando comenzaron los enfrentamientos y las amenazas, María Teresa pidió una reunión con las autoridades del establecimiento. Allí, le prometieron monitorear la situación con especialistas. "Yo trabajo todo el día. Me quedé más o menos tranquila, pero no pasó nada. Ese día hablé con la otra chica, y para calmar los ánimos le dije que también era bonita, que no hiciera eso. Pero ahora sé que mi hija era hostigada todo el tiempo", señaló la mujer.

"En este tiempo le decían que le iban a pegar, y le advertían que no se meta el hermano mayor, que tiene 16 años, porque iba a ser peor. Ellos tienen su forma de hablar. Le decía que la rebajaba. No sé bien qué es eso, pero es algo así como que la miraba mal", dijo la madre de la víctima.

María Teresa, sobre el incidente del martes, explicó que "la agarró esta chica de atrás, pero venía en grupo, eran 11, todos los golpes fueron en la cara, en los brazos tiene magullones porque luego le tiraron con piedras", y precisó que "el problema viene porque mi hija llama la atención, es grandota".

"Los chicos la siguen, está desarrollada. Que se yo, por ahí mi hija la miró mal alguna vez, no lo sé, son muy especiales los chicos a esta edad. Pero no se justifica que le peguen como lo hicieron, que la lastimen de esa forma tan salvaje. Siempre miraba la tele, sobre casos como éste, y pensaba que no me gustaría estar en los zapatos de esos padres. Decía ojalá que no pase por esto", indicó María Teresa.

Asimismo, relató: "Cuando la vi ensangrentada, no lo podía creer. Fui a la escuela, a ver qué me decían. No estaban al tanto. Me dijeron que vuelva el jueves (por hoy) para arreglarlo, porque al día siguiente era feriado. Para colmo alguien le dijo que estaba expulsada del colegio".

http://www.diariopopular.com.ar/notas/168903-bullying-golpearon-salvajemente-una-chica-ser-linda

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11 septiembre 2013 3 11 /09 /septiembre /2013 19:40

Las primeras observaciones que quiero hacer tienen que ver con uno de los últimos artículos que colgué en el blog, más precisamente con el de Gustavo Iaies: http://polimodalitos.over-blog.es/article-gustavo-iaies-mas-poder-para-los-maestros-en-la-escuela-119940507.html

En este artículo Iaies realiza unas conclusiones muy interesantes con respecto a la crisis educativa, entre otras cosas dice que la mayor inversión en educación no tuvo un correlato en la calidad educativa y que directamente el sistema educativo “está agotado”.

 

Este “agotamiento del sistema educativo” para Iaies es porque “docentes y directivos no terminan de sentirse dueños de sus escuelas, no se sienten con el derecho, la autoridad y el respeto para asumir la responsabilidad del destino de aquéllas…hoy se necesita un ministerio que entienda a cada escuela como un proyecto educativo que construye planes de mejora y los implementa. Esas escuelas necesitan equipos estables, incentivos, apoyos y normas que le permitan actuar…hoy hay alta rotación de docentes y directivos…y eso es grave…hoy los directivos no reciben apoyo, acompañamiento y reconocimiento, no se sienten respaldados sino desconsiderados…si las escuelas no pueden tomar decisiones sobre lo que hacen, tampoco pueden asumir responsabilidades por ese hacer…”.

Como siempre Iaies tiene una visión muy clarita de algunas cosas que pasan en los colegios. Pero además-para complementar lo que dice Iaies-el destino de las escuelas depende en gran medida del cuerpo directivo, y aún en el mismo contexto hay escuelas que funcionan distinto, y eso se debe en gran medida del cuerpo directivo y sobre todo del director/a.

 

Es verdad que los directores no se sienten acompañados-y al mismo tiempo los profesores sentimos lo mismo-pero también es verdad que en muchas escuelas muchos directivos abandonan a su vez las escuelas: ¿cómo puede ser que profesores, padres y alumnos vayan a los colegios y nunca encuentren a nadie?.

 

“La semana pasada vino un padre a hablar con el director, le dije que viniera a la tarde, a la tarde vino de nuevo y le dije que viniera al otro día, al día siguiente cuando lo vi entrar me fui a la mierda, para que lo atendiera otro, yo ya no quería poner más la cara, otra vez no había nadie…”. Este fue el comentario que escuché de un colega, colega que le estaba comentando a otro profesor cuando éste último estaba preguntando por algún directivo. “Fui a un par de colegios a pedir la certificación de servicios porque estoy juntado papeles para jubilarme pero nunca encuentro a nadie…” fue otro comentario de otro compañero en otra sala de profesores…

 

Por eso creo que el problema que plantea Iaies es más profundo. Que los directivos no se sientan acompañados no quiere decir que también tengan que dejar solos a sus docentes. Muchas veces tenemos algún problema de conducta con algún alumno y no tenemos a quien recurrir. Si bien hay muchos que concursan cargos directivos porque quieren hacer algo, creen que hay cosas que se pueden cambiar, la gran mayoría de los directivos concursan sólo para engordar el sueldo y/o la futura jubilación, o para no estar frente al aula, y eso se nota, es muy importante que siempre haya algún directivo en el colegio, los docentes nos sentimos más respaldados, ¿por qué los docentes que tienen más puntajes tienen que quedarse a cargo de la escuela?...

 

En el fondo tampoco es culpa de esos directivos que se borran, si fueran dos o tres o 10 ó 20  en todo el sistema educativo sería culpa de ellos, pero ya si son decenas y decenas de escuelas en toda la provincia que tienen este problema ya es un problema del propio sistema, es porque “algo pasa”, y una-de muchas-respuesta es lo que plantea Iaies: los directivos no se sienten “acompañados, respaldados”…y faltan, lo mismo que nos pasa a los profesores, que terminamos sacamos licencia cuando nos toca uno de esos cursos insufribles del profundo conurbano…es un problema del sistema, la semana pasada le pregunté a una profesora porque faltaba tanto, y me dijo: “un pibe me  tiró la cartuchera en la cabeza, cuando le comenté a la directora me dijo que no me haga problema que no eran malos, que seguro que el cartucherazo era para un compañero y que me pegó sin querer…”.

 

Son cosas de la profesión…

Muy bueno el artículo de Iaies, pero sólo explica una parte del problema, que los directores no se sientan acompañados es sólo parte de un sinfín de problemas.

 

Serale

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11 septiembre 2013 3 11 /09 /septiembre /2013 17:34

A las cinco y cuarto de la mañana suena el despertador. El ruido empuja a Laura fuera de las sábanas. Entre el letargo de despertar, manotea un pantalón color beige, un sweater fucsia y un pañuelo con flores, que reúne los colores de su vestimenta. Unos segundos más invierte en tomar su guardapolvo blanco, la insignia de la escuela pública. Una hora después, cruza la puerta de su casa para ir a educar en una escuela que no forma parte de la plataforma continental. Lo hace con la voluntad de un médico que atiende en el desierto y la perseverancia de un vendedor que ofrece productos puerta a puerta.

"Estoy en diez minutos pero salgo con más margen para prever imprevistos, sino pierdo la lancha", relata a Clarín, en la rampa 1 de la Estación Fluvial de Tigre, el punto de llegada o partida de decenas de isleños y viajeros que atraviesan el Delta bonaerense. Minutos más tarde, subirá a la lancha-colectivo "Delta F II", que partirá con una tripulación de ocho docentes, dos profesores de teatro, cinco alumnos de una escuela secundaria técnica de isla y otros cinco de un jardín de infantes, un reportero gráfico y una periodista.

De lunes a viernes, Laura Miller, directora de la Escuela Primaria N° 13 "Fragata Sarmiento, Mirta Benítez, directora del Jardín de Infantes N° 919 -que comparte edificio con la N°13- y Natalia Castro, docente de primer, segundo y tercer ciclo invierten como mínimo cuatro horas y media (el mismo tiempo que demanda un trayecto a la costa) en ir y volver desde la escuela. El establecimiento tiene un arroyo como dirección: elPaycarabí, cuyas aguas café con leche –según cuentan los isleños más añejos- fueron bautizadas en honor a un cura jesuita, "padre Gabriel", que habitó la zona en el siglo XVI.

Son las siete menos cuarto de la mañana. El motor del "Delta F II", timoneado por Emiliano, comienza a rugir y el aire se impregna de olor a combustible. Afuera aún no amaneció. "¿Qué raro que todavía no llegaron los chicos de teatro?", comentan las docentes, al tiempo que corriendo por el muelle, haciendo más señales que un jugador que pide la pelota, aparecen los maestros del taller. "Emiliano, retomá, retomá", indica Mirta. "Es terrible el tema del horario. Un atraso lo puede tener cualquiera", explica Natalia. Perder la lancha es sinónimo de volver a casa, la próxima sale a las siete pero no pasa por la escuela.

Con todos a bordo, el "capitán" encara rumbo al horizonte de agua. Pinceladas rojizas forman el cielo y la brisa del inicio del día es helada. En el interior de la lancha algunos docentes y alumnos aprovechan para dormir, otros para estudiar, completar la tarea o terminar actividades del aula. Mates, cafés y charlas se suman a la escena. Afuera, la panza de la barcaza arruga la superficie del río, que alcanza su ondulación máxima en los juncos y muere en la orilla. El camino es sinuoso, curvándose hacia el norte, tornándose primero amplio, luego angosto; amplio, luego angosto. Se parte del Río Tigre, se atraviesa el Río Luján, Sarmiento, el Arroyo Espera, Cruz Colorada, el Río Paraná de las Palmas, parte del arroyo Paycarabí, el Estudiantes y de vuelta el Paycarabí, situado en la segunda sección de islas.

"El viaje depende de las condiciones climáticas. Si hay neblina la lancha no zarpa o sale de la Estación Fluvial pero se detiene en el Paraná –el sector con menor visibilidad, en caso de que haya bruma- a esperar que el paisaje se defina", describe Natalia. Esa interrupción suma como mínimo una hora más al recorrido. "El tiempo que demanda ir y volver fue algo que pensé con detenimiento antes de tomar el cargo pero este viaje no es estresante y ofrece una postal nueva en cada estación: sea invierno o primavera, el Delta siempre es bellísimo", destaca Laura.

A las agujas del reloj le faltan apenas unos minutos para llegar a las nueve. El equipo de docentes baja de lancha e ingresa a la escuela. Con la velocidad de un maratonista, preparan las aulas para recibir a los alumnos que están a punto de llegar. A la "Fragata Sarmiento" asisten 20 chicos de primaria y doce de jardín. La población estudiantil está conformada por hijos de isleños, de inmigrantes (en su mayoría paraguayos) que se instalaron en la zona y de trabajadores golondrina que llegan al Delta para trabajar en plantaciones de mimbre.

La escuela tiene 108 años y fue fundada, según cuentan los registros, en junio de 1905. Por esos días, la construcción era de adobe y se limitaba a un aula de 30 m2 y tres metros de altura, dos habitaciones y una cocina. Serapio Gonzalvio fue el primer maestro y director. En 1909, relatan las maestras, se construyó un segundo edificio, ya de madera y chapa. En la actualidad, el establecimiento está compuesto por tres cuerpos, dispuestos en forma horizontal. No hay servicio de agua potable ni Internet.

A las nueve en punto, la embarcación "Niña V", que levanta a los chicos que viven a la vera del Paycarabí, hace su aparición. Los alumnos bajan y pueblan el muelle. Entran -algunos corriendo, otros de la mano de alguna maestra- a las aulas y dejan sus mochilas. Tienen poco tiempo, hay que formar para la izada de la bandera.

"Canta como el río/ Canta pueblo mío/ Pueblos que cantan/ Siempre tendrán futuro", entonan al unísono, mientras la bandera se hace camino hacia la punta. La canción es cantada por Mercedes Sosa y, a dos horas de la ciudad, la ceremonia adquiere más sentido.

Profesoras y alumnos vuelven a la escuela, la bandera flamea. De fondo, duerme el río. "Soy isleña. Me fui a los quince años a estudiar y volví para enseñar. Es mi forma de devolver todo lo que el río me dio", explica Mirta. Mientras tanto, en las aulas las maestras educan con la voluntad de un médico que atiende en el desierto y la perseverancia de un vendedor que ofrece productos puerta a puerta.

clarin.com

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10 septiembre 2013 2 10 /09 /septiembre /2013 20:03

Las dos décadas ganadas

El filósofo advierte: el problema es la sociedad.

Por Tomás Abraham

Tenemos la sensación de que los Kirchner gobiernan desde hace una eternidad. Parecen funcionar como un sinfín. Y, sin embargo, apenas nos damos cuenta de que recién van a cumplir un mandato que duró el mismo tiempo en que un presidente llamado Carlos Menem gobernó la Argentina.

¿Puede ser que los argentinos hayamos soportado sin chistar a un presidente innombrable durante un lapso de tiempo equivalente a esta década que se dice ganada? Y sí, no sólo soportado sino bendecido, disfrutado, votado, revotado y vuelto a revotar en el 2003, cuando les ganó a todos los otros candidatos que se le opusieron en nombre de la ética, como Carrió, en nombre de la libertad de empresa y la calidad institucional, como López Murphy, en nombre del peronismo auténtico, como Rodríguez Saá, en nombre de la producción y del trabajo, como Kirchner. A todos les ganó.

Ganó con nuestros votos, no hay que olvidarlo. 
El problema –suponiendo que hay un problema– no es el poder en la Argentina, sino la sociedad. También somos poder, y lo ejercemos con frecuencia. Nadie ejerce el poder político en nuestro país sin el apoyo de la sociedad civil, y no de un sector minoritario sino mayoritario de la ciudadanía. El considerarnos víctimas de cada gobierno caído o en decadencia, y socios triunfantes del que puede aprovechar ciclos de bonanza, cubrirnos las espaldas con los pobres y los desaparecidos para extorsionar con la culpa a adversarios políticos, no nos exime de responsabilidades aunque fuere por lo que hemos pensado y dicho, sino hecho.

Por eso dan tanta bronca a tantos seres recelosos ciertos recordatorios, porque rompen el espejito en el que el poder vigente quiere reflejarse, y se lo rompen también a todos los sectores sociales que no quieren perder la imagen que paladean de sí mismos.

Desastre. Este gobierno es un desastre; perdón por la falta de matices, pero el horno está para bollos. Como lo fue el de Menem. Pero no hay nada que lamentar. Son muchos los que pueden participar del festejo del brindis en conmemoración de dos décadas ganadas por haber elegido cuatro veces a los mismos candidatos y ganar cada uno de los escrutinios.

¿Pero por qué entonces un desastre? No por lo que el kirchnerismo hizo. Lo que hizo, a veces lo hizo más o menos bien, como los tres primeros años, o menos bien los tres siguientes, o mal los que le siguieron. La guerra estadística por fuera del Indec es constante. El ciclo virtuoso del 2003 al 2006, luego el inicio del ciclo vicioso, para terminar con el totalmente pecaminoso, hacen de la economía nacional un logaritmo trunco. Por lo general, el periodismo y las consultoras entregan el número de la suerte y festejan el premio que se otorgan a sí mismos.

Por eso lo que este doble gobierno hizo tiene sus facetas y sus fases. Pero su carácter calamitoso reside en lo que nos deja. Argentina no es Venezuela. No se alfabetizó a millones de personas fuera de la lectoescritura. No vinieron miles de médicos cubanos a tratar enfermedades de los sectores más pobres. El kirchnerismo nos va a dejar un cráter. Pero no es un agujero negro cósmico sino político; es decir, programado.

Menem le dejó al impávido De la Rúa una bombita que se llamaba deuda externa, déficit fiscal, patacones y bonos provinciales, desocupación masiva, y el fantasma más temido de los economistas, un espectro terrorífico como la hiperinflación: la deflación.

Y así le regaló el paquetito a De la Rúa, otro al ahora tan querido Alfonsín y un boleto de vuelta a los del Frepaso en vísperas de ser reciclados. Un acto de generosidad para que se divirtieran con el sermón de la ética, la educación y la democracia. Tic, tac, tic, tac...
¡Y booom! Se fueron al diablo, con unos cuantos millones de connacionales.

El paquetito K. Veamos ahora el paquetito que va a dejar el matrimonio Kirchner una vez que el kirchnerismo se vaya por mucho o poco tiempo o para siempre. Porque todo se va, es así, nada queda para siempre, es una ley universal.

Pero desanudemos el moño para ver qué nos regalan. Millones de personas que viven de aportes estatales. La mitad del país, si no más, convertidos en asistidos sociales.

Transportes y servicios subsidiados, incrementos de los sueldos de los empleados públicos de un cuarto de su monto total por año. Una inflación incontrolable. Un gasto público cautivo. Una caja menguante. Modernización tecnológica cero. Tecnópolis es una cosa, los científicos repatriados otra, y otra bien distinta el área de servicios empresarios, de atención al cliente, la producción propia de bienes de alto valor agregado y una estrategia de inserción en el mercado mundial que no dependa de las lluvias.

La industria argentina en el mundo tiene un nivel de productividad bajísimo. Por algo representantes de La Salada acompañan al secretario de Comercio a Angola.

Política de comercio exterior que permita la financiación de obra pública y emprendimientos de infraestructura como energía, transportes, comunicación, nada. Parece ser que la política más redituable en términos electorales es la asistencia, y no el desarrollo sustentable. Hay poco trabajo blanco de calidad: al no mejorar la productividad, difícilmente mejora la calidad del trabajo que depende de la educación, de las nuevas tecnologías, de innovaciones en la gestión empresaria, de la competitividad y de un Estado eficiente. 
¿Plan de viviendas después de diez años? No hablemos de Sueños Compartidos porque es un tema penal, sino de lo que se trata de inventar ahora para que los bancos hipotecarios recuerden para qué fueron creados.

¿Villas miseria? Cada vez hay más y con más gente sin que se hayan hecho obras para que se conviertan en lugares habitables en términos de salud y seguridad. Hubo sí creación de viviendas en lugares como San Juan y Jujuy bajo una red de mandos feudal y cobertura de mineras.
¿Lucha contra el narcotráfico? Vía libre para los aeropuertos clandestinos, radares por instalar algún día que no es hoy ni mañana, infiltración criminal en los poros de la sociedad que deberían estar ocupados por quienes tienen la misión de protegernos de esas mafias. Muerte por paco y tiroteos entre colombianos en los shoppings.

¿Seguridad? No es un asunto de rubios sino de morochos. Basta ver las investigaciones como las de Javier Auyero para terminar con el cuento de que la inseguridad es una sensación y un reclamo gorila. Quienes más la padecen y del modo más cruento son los pobres.

¿Lucha contra la corrupción? Bueno, no hay que abundar en ese tema porque el Gobierno se enoja y puede sacar una ley por el Congreso que prohíba toda otra noticia que no sean los resultados del campeonato argentino de fútbol. Todo el resto lo condena por subversivo o destituyente, elijan el vocabulario que quieran.

¿Calidad institucional? Son dos palabras que empleó la Presidenta en su campaña del 2007 cuando creía que era un faltante del gobierno de su esposo. Ahora son dos faltantes y medio.

¿Cultura? Hermoso tema. Eso sí que está bueno… ¿se dice así? ¿“Está bueno”? ¿No se decía en otra época “está bien”? ¿Por qué nadie dice “está malo”? ¿Cuánto tiempo esperaremos para que se diga “está malo que Independiente se vaya a la B”, o que está malo blanquear capitales sin pagar nada? A ver… a ver … a ver… diremos una frase contundente: “Tenemos la necesidad de encontrar un vocablo que sea posible recepcionar y que amerite una premiación semántica”… está buena… la frase está rebuena… encontré la palabra: la cultura y la batalla están rebuenas porque hay consenso entre afines, adláteres y supuestos críticos en que el kirchnerismo ganó la batalla cultural. Los pibes son K, los pendeviejos son K, los hijos, las madres y las abuelas son K, y los que no son K no lo son porque los K no son lo suficientemente K como prometían.

Se asegura que nada ni nadie podrá volver atrás. No hay retorno posible. Hay un cambio cultural irreversible. La cultura es muy importante. Basta ver la metamorfosis que presenta la Biblioteca Nacional, convertida en un Correo Central que emite mediante asambleas de posgraduados un buen número de cartas abiertas, y el Correo Central convertido en lo que se anuncia como uno de los centros culturales más grandes del mundo. Es lo que los sociólogos vanguardistas llaman “estallido de las instituciones”. Una excelente muestra de posmodernidad.

Y nuestra afición tan auténtica por conocer nuestro pasado, ese ronroneo que nos da un dormir placentero cuando nos cuentan las mil y una noches de nuestra epopeya liberadora de los demonios de afuera y de adentro. La leyenda infinita que nos parece crucial para saber quiénes somos… A propósito, ya que estamos: ¿quiénes somos?...

Gracias, revisionismo, por develarnos quién fue Mitre. Gracias por todos los feriados que nos regalás. Todos los hoteles de la costa agradecen al Instituto Dorrego el recordatorio de nuestras efemérides patrióticas.

Hablemos de la educación pero sin tomar las cosas a la tremenda. ¿Alguien puede negar que en la actualidad casi todo el mundo está matriculado en una institución educativa? ¿Acaso no están todos los chicos y chicas adentro? No importa si están afuera o adentro del aula, o en la vereda, o en el baño, o tomando la única comida del día en una sala, pero están adentro y los profes cuando no hay paro dicen que también lo están.

El ministro Sileoni apoya a los alumnos que ocupan colegios. Los docentes sugieren que se hagan congresos para que todos los enseñantes participen, muchos congresos por favor, en lo posible uno por semana, preferentemente los viernes, para discutir un nuevo plan educativo.

Queremos más cursos de capacitación docente con todo incluido para poder lidiar con los problemas que se suscitan desde la primaria hasta la universidad. Hay un rubro que debemos tomar cada vez más en cuenta: el de la repitencia, otra palabra que está bueno recordar porque lo amerita.

En la universidad tenemos alumnos que faltan a los parciales. ¿Por qué faltan? Los motivos son varios. Un alumno puede enfermarse, puede tener un problema laboral, o tiene que cuidar a la abuela, puede tener un problema con el transporte, o un problema climático, o sea, inundarse. 
Los profesores de la universidad sabemos por reglamento y tradición que los estudiantes que no se presenten al primer parcial tienen la posibilidad de recuperarlo después del segundo parcial. Aquel que haya estado ausente o sido aplazado en ese segundo parcial también tiene la posibilidad de recuperarlo cuando recuperen los del primero. Aquel que falla todas las veces tendrá la posibilidad de recuperar todo un montón de veces y convertirse en un “remanente”. Un alumno que padece de repitencia reposa en el casillero de los remanentes hasta que pueda ser recuperado. Todo con “re”.

Tengo el presentimiento de que las autoridades educativas han comprendido que el capitalismo globalizado es un sistema de oportunidades, con el agregado nacional, que es el de las oportunidades desperdiciadas. Pero nada se pierde, todo se transforma.

Perdonen esta intromisión algo anticuada, pero para mí el problema es que los que faltan lo hacen porque no estudian, y los que no aprueban no lo hacen porque no estudian, y no estudian porque da lo mismo que estudien o no, y da lo mismo porque al ministro le da lo mismo y al ministro le da lo mismo porque lo mismo da.

Pasemos de la educación a los derechos humanos. Hay un acuerdo general en que los derechos humanos fueron violados durante la dictadura del Proceso. No hay un acuerdo sobre el concepto de crímenes de lesa humanidad en cuanto aplicables a lo que pasó en nuestro país. Ni sobre la pertinencia de la palabra “genocidio”, que en el siglo XX remite a la exterminación de grupos raciales, étnicos, religiosos y no de enemigos políticos. Ni sobre quiénes tienen que estar exentos o incluidos en el acta de acusación del delito mencionado, ya que hay amnistías para algunos y condenas para otros.

Tampoco hay un acuerdo general sobre el alcance de los derechos humanos, que abarcan del derecho a la vivienda digna a la condena de toda tortura y apremio físico de parte de aparatos estatales. Ni sobre qué es una democracia ni sobre el despotismo o la tiranía. Hay más consenso en lo relativo a qué es el populismo: régimen político elaborado por Ernesto Laclau y relatado por Víctor Hugo, que define a un gobierno de ricos votado por pobres.

¿Qué sucede cuando un mandante es elegido por la mayoría del pueblo de una nación y luego se mofa de todo? ¿Qué es lo que lo limita en el poder? La Constitución. ¿Qué sucede si la Constitución no le conviene y decide modificarla para que le convenga? Nada, no sucede nada, en realidad, no más que lo que sucede en la Argentina.

*Filósofo.
www.tomasabraham.com.ar

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8 septiembre 2013 7 08 /09 /septiembre /2013 22:34

El increíble lapsus de un intendente en un acto: "Vengo a entregar estas..."

Vaya a saber en qué estaría pensando Juan Pablo de Jesús, el joven intendente K del Partido de La Costa, cuando días atrás encabezó un acto en una escuela de San Bernardo para anunciarles a padres, alumnos y docentes una nueva entrega de netbooks del plan nacional Conectar Igualdad. Al mejor estilo Maduro, que viene de confundir peces con penes, De Jesús arrancó el discurso con estas palabras: "Vengo a entregar estas vergas ...". ¿Cómo dijo intendente? Los murmullos partieron de los propios alumnos. Más de uno dibujó una sonrisa. Otros, en cambio, preguntaron con indignación si habían escuchado lo que habían escuchado. Pero De Jesús siguió hablando. Como si nada pasara.

http://www.clarin.com/politica/increible-lapsus-intendente-Vengo-entregar_0_988101434.html

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8 septiembre 2013 7 08 /09 /septiembre /2013 18:22

Cada vez que la presidenta Cristina Kirchner habla de la "década ganada",cientos de miles de jóvenes en todo el país deben preguntarse a qué se refiere. Sucede que, según muestran las propias cifras oficiales, en los últimos 10 años aumentó el número de argentinos de 15 a 24 años que no estudian, no trabajan, ni están buscando un empleo.

Los "ni-ni", como se conoce a este grupo -compuesto principalmente por mujeres-, representan actualmente entre el 10 y el 15% de la población juvenil del país, según distintos informes elaborados a partir de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Para la Universidad Católica Argentina (UCA), el porcentaje es aún mayor. Los analistas resaltan, además, que esa situación de exclusión se da principalmente entre los jóvenes de los estratos socioeconómicos más bajos.

Entre 2003 y 2012, según Ernesto Kritz, uno de los directores de Poliarquía Consultores, el peso de los "ni-ni" en la franja de 15 a 24 años aumentó de 8 a 10 por ciento. Esta suba, señaló el experto, se dio pese al crecimiento de la economía, la mejora en el mercado de trabajo (incluyendo la baja del desempleo juvenil) y el aumento del presupuesto educativo. De acuerdo con sus estimaciones, que se basan en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec, en 2012 (los datos de 2013 aún no están disponibles) más de 650.000 jóvenes no estudiaban, no trabajaban ni buscaban empleo.

"El problema es especialmente serio en los sectores de menores ingresos -afirma Kritz-. Se nota al analizar el cuartil inferior [el 25% de la población que menos gana]."

"Allí la proporción de jóvenes de 15 a 24 años que no estudian no trabajan ni buscan trabajo es de 15 por ciento, lo que representa un incremento de casi 4 puntos respecto de 2003", dice Kritz.

Otros informes son aun más preocupantes. Según el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), en el tercer trimestre de 2012 había 850.000 "ni-ni" en el país, es decir, el 13,2% de los jóvenes de entre 15 y 24 años. Jorge Colina, jefe de Investigaciones de Idesa, explicó que sus cálculos se basan en la Encuesta Anual de Hogares Urbanos (EAHU) del Indec, que, a diferencia de la EPH, no toma en cuenta sólo las principales ciudades del país, sino también los aglomerados urbanos del interior, donde hay muchos jóvenes en situación de inactividad. Colina, además, resaltó otro dato: las dos terceras partes de los "ni-ni" son mujeres, muchas de las cuales realizan tareas domésticas en sus propios hogares. Las estimaciones de Kritz excluyen a esas jóvenes.

En el Ieral (Fundación Mediterránea) analizaron un rango de edad diferente: personas de 18 a 24 años. Según un informe escrito por Marcelo Capello y Gerardo García Oro, en el último trimestre de 2012 el 15,3% de los jóvenes en ese rango eran "ni-ni", es decir, 745.000 personas. Los analistas destacan que, pese a la expansión económica, "la proporción de jóvenes «ni-ni» fue incrementándose en el tiempo, pasando de un 13,1% en el año 2003 al 15,3% correspondiente al año 2012".

Por otro lado, el informe añade que en 2012 los "ni-ni" en la Argentina representaban el 14,2% de los jóvenes de entre 15 y 29 años, tasa mayor al 7,2% promedio de los países europeos en 2010 (último dato disponible) y al 12,8% de Brasil, pero inferior al 20,4% de México.

Finalmente, según la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la UCA (la misma que se utiliza para contrastar los dudosos datos de pobreza que publica el Indec), en 2012 los "ni-ni" fueron el 17,4% de los jóvenes de 18 a 24 años. En el estrato socioeconómico más bajo, casi el 30% de los jóvenes estaba en esa situación.

Los expertos mencionan varios motivos para el aumento de los "ni-ni". Marcelo Capello, investigador jefe del Ieral, destacó que en la Argentina el sector privado viene creando muy pocos empleos (de hecho, según el Indec, en 2012 la cantidad de empleos privados registró una leve caída), lo que desalienta la búsqueda de trabajo.

Colina, en tanto, señaló que la suba en los costos para contratar (salario mínimo) y despedir empleados hace que las empresas sean cada vez más selectivas al contratar personal, lo que complica sobre todo a los jóvenes, cuya productividad es menor porque no tienen experiencia previa y, además, no pueden acreditar buenos antecedentes.

Eduardo Donza, investigador de la UCA y especialista en trabajo y desigualdad, coincidió en que "los jóvenes son el grupo más golpeado en el mercado del trabajo", y añadió que, incluso en los sectores altos, empiezan con modalidades de contratación precarias. Además, mencionó que cuando el mercado laboral presenta altos niveles de informalidad, como en la Argentina -donde, según Donza, el 50% de los trabajadores totales y el 30% de los asalariados tienen un empleo no registrado- los jóvenes son los que enfrentan la situación más compleja.

Francisco Menin, asesor del programa de empleo joven de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), diferenció dos clases de "ni-ni": "Los que tienen resuelta su situación económica y no encuentran en el trabajo ni en el estudio algo que los configure como personas y buscan ese elemento, principalmente, en las redes sociales. Y los de menores ingresos, cuyo contexto social no promueve el ingreso en el mundo laboral o éste los rechaza, y la educación no es para ellos un factor aspiracional. Estos jóvenes están en riesgo de caer en la delincuencia para cubrir sus necesidades económicas", dijo.

Kritz, en tanto, destaca la vulnerabilidad de los "ni-ni": "Con un nivel educacional tan pobre, que se suma a su falta de experiencia laboral, estos chicos tienen una bajísima probabilidad de logro en el mercado de trabajo formal. Esa probabilidad es reducida aun en relación con los desempleados de la misma edad", asegura.

En ese contexto, los expertos mencionaron el programa Jóvenes con Más y Mejor Trabajo, del Ministerio de Trabajo, que busca ayudarlos a completar su educación secundaria y a insertarse en el mercado laboral a través de pasantías en empresas, subsidios para emprendimientos y programas de capacitación.

Sin embargo, en opinión de Capello, el programa tiene problemas de escala, porque alcanza apenas a la mitad de los "ni-ni", y de focalización, porque hay provincias con muchos jóvenes inactivos donde el programa no ha llegado. Menin añadió que el programa no siempre tiene financiamiento disponible.

PREVISIONES Y REALIDAD SOBRE POBREZA Y EMPLEO

Según el índice de expectativas juveniles, que fue presentado en julio por la Organización Iberoamericana de Juventud (OIJ) y mide la percepción de los jóvenes sobre la situación actual y futura en temas como pobreza, corrupción, educación y empleo, el resultado de la Argentina (65 sobre un máximo de 100) es mayor que el de países como Brasil (55,9), Colombia (61,4) y México (61,6), pero menor que el de otros como España (66,3), Venezuela (68,2) y Ecuador (77,3).

El informe de la OIJ señala que "los datos sugieren que no existe una relación directa y lineal entre contextos nacionales críticos -típicamente, situaciones económicas negativas o desfavorables- que generen de manera automática desesperanza respecto del futuro". Y menciona como ejemplo el caso de España.

lanacion.com

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8 septiembre 2013 7 08 /09 /septiembre /2013 11:18

La Argentina ha hecho en la última décadauna importante inversión presupuestaria en Educación. Aumentos salariales,distribución de libros, computadoras, mejoras edilicias.

Sin embargo, ese impulso no se tradujo en mejores resultados, al menos no en forma proporcional al esfuerzo realizado. En 2011, se graduaron en la escuela secundaria 30.000 alumnos menos que en 2003; los resultados de aprendizaje cayeron en las pruebas internacionales y aumentó la cantidad de familias que ha migrado a las escuelas de gestión privada.

¿Por qué esta mayor inversión no se refleja en los resultados? ¿Qué le pasa a nuestro sistema educativo?

Hace unos días, un director mendocino decidió que en su escuela no se utilizarían unos libros que el Ministerio de Educación le había enviado, porque los contenidos le parecieron inconvenientes. Las autoridades provinciales explicaron que no habían participado de la selección ni habían sido consultadas por las autoridades nacionales. El Ministerio de Educación adujo que los libros habían sido seleccionados por una comisión técnica y que no eran de uso obligatorio.

El episodio es un buen ejemplo del agotamiento de nuestro modelo educativo. Es bueno que el director haya actuado como responsable de los aprendizajes de sus alumnos. Él decidió que los libros no eran compatibles con el proyecto de su escuela y los dejó fuera de su biblioteca escolar. ¿Por qué no consultaron en la selección ni a él ni a su equipo como responsables de la oferta educativa de sus escuelas para elegirlos? Y además, ¿qué pasó con los miles de ejemplares que se enviaron a las demás escuelas cuyos directores, en su mayoría, no dijeron nada? Seguramente, algunos los habrán dejado en las cajas porque los consideraron inconvenientes. Otros, tal vez, ni los revisaron ni los pusieron en los estantes de las bibliotecas. Y en muchas escuelas deben estar a disposición de los alumnos. Lo cierto es que la gran mayoría de los directores no reaccionaron cuando se los mandaron ni cuando les ordenaron retirarlos.

Una parte central del problema educativo argentino pasa porque muchos docentes y directores no terminan de sentirse "dueños" de sus escuelas, no se sienten con el derecho, la autoridad y el respaldo para asumir la responsabilidad, junto con sus equipos, por el destino de aquéllas.

"Una de las características de las buenas escuelas brasileñas es la permanencia de los equipos en ellas, la consolidación", dijo hace unos días Cleuza Repulho, presidenta de la Unión de Dirigentes educativos municipales de Brasil, durante un seminario en Lima. "Nuestra evidencia muestra que las escuelas que se superan son las que tienen un plan propio, realista y con metas claras de mejora", agregó el director de planeamiento del Ministerio de Educación de Chile. "Un incentivo fundamental es el reconocimiento, que la comunidad sepa que esa escuela mejoró", sumó el viceministro de Costa Rica al diálogo. "La clave para que un sistema mejore es que todos tengan metas, que todos tengan conciencia del sentido de lo que hacen", subrayó Claudio Moreno, director de indicadores en el Instituto de Evaluación de Brasil.

En estas frases está concentrada buena parte de la crisis de nuestro sistema, que se ha venido agudizando a lo largo de las últimas décadas. Se agotó el modelo de sistema educativo en el que el ministerio "baja" órdenes y recursos: hoy se necesita un ministerio que entienda a cada escuela como un proyecto educativo que construye planes de mejora y los implementa. Esas escuelas requieren equipos estables, incentivos, apoyo y normas que les permitan actuar.

Hoy el malestar en nuestras escuelas se traduce en la alta rotación de docentes y directores: resulta muy difícil estabilizar equipos porque la vida en las escuelas se volvió muy compleja. Más del 60% de nuestros directores tiene menos de cinco años de antigüedad al frente de sus establecimientos. Y eso es grave.

Si los directores reciben libros que no eligieron, computadoras que no pidieron, capacitaciones que no se adecuan a sus necesidades, y no reciben apoyo, acompañamiento y reconocimiento, no se sienten respaldados, sino desconsiderados.

Claro que, así como los equipos docentes deben tener más autonomía y más poder, también deben asumir responsabilidades por los resultados de sus acciones. Si las escuelas no pueden tomar decisiones sobre lo que hacen, tampoco pueden asumir las responsabilidades por ese hacer. ¿Y entonces quién las asume?

Ésa es la diferencia entre nuestro sistema y los de otros países de la región que están mejorando. Ellos vienen trabajando sobre la idea de escuelas más fuertes, con más derechos y responsabilidades.Y lo van logrando a partir de ministerios más potentes, con mayor legitimidad técnica y capacidad de acompañar a las escuelas.

En Brasil, los maestros eligen, a partir de recomendaciones técnicas, los libros que el Estado les entregará. En Chile, seleccionan el programa de capacitación que necesitan para mejorar. En Colombia, las escuelas cuentan con un legajo individual de cada alumno, con la información necesaria para poder trabajar. En México, reciben los resultados de las evaluaciones a los pocos meses de aplicadas y deben colgarlos en la entrada de las escuelas para que los padres los vean. No es que esos países estén en el paraíso, algunos están peor que nosotros en algunos aspectos, pero han empezado a mejorar.

No alcanza con invertir, aunque es muy bueno hacerlo. Se necesitan cambios en la organización del sistema, en la vida interna de las escuelas. Y eso es más "caro" que los recursos financieros, porque implica modificar derechos y obligaciones de los actores, discutir con los sindicatos, evaluar desempeños, pactar nuevas condiciones.

A la Argentina le está costando salir de la inercia de un sistema educativo que se ha venido desgastando en el tiempo. Deberíamos enfrentar los costos políticos de construir un sistema educativo republicano, con derechos y obligaciones equilibrados para todos sus actores. Si no, seguiremos con este modelo populista que permite evitar conflictos, es más vistoso políticamente, pero no produce resultados de mejora.

El nuevo modelo requiere que los docentes y directores sean más importantes que los funcionarios de los ministerios; que los derechos sean tan importantes como las responsabilidades, y los aprendizajes de los chicos, más importantes que cualquier otra cosa.

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31 agosto 2013 6 31 /08 /agosto /2013 19:58

Hay que lamentar que al vencer la ley de financiamiento de la educación en 2010 no se hiciera una evaluación de sus resultados educativos, sociales y económicos, y que ella no fuera prorrogada o, mejor aún, reemplazada por una versión superadora. Algo muy difícil de comprender y que afianza las dudas de muchos acerca del bajo compromiso efectivo de los gobernantes con la educación.

Se construyó, en cambio, uno más de los relatos al uso, de apariencia incuestionable, afirmando el cumplimiento sin atenuantes y sin precedente de las metas financieras. La realidad es que la inversión en educación, ciencia y tecnología como porcentaje del producto bruto interno ha sido un logro de la democracia, de todos nosotros: aumentó sostenidamente, más allá de inevitables ciclos y pese a los dramáticos avatares socioeconómicos del país, desde 1983. El incremento fue mayor entre 1980/83 y 2000 (0,13% del PBI por año) que entre 2000 y 2010 (cuando alcanzó un 0,09 anual).

Más allá de polémicas decimales o sobre los años correctos a medir, es claro que estamos en presencia de una tendencia y no de un milagro ocurrido a partir de 2005. Además, si tenemos en cuenta las circunstancias externas extraordinariamente favorables de la mayor parte de este siglo, tanto mejores que las soportadas por los gobiernos democráticos anteriores, los recientes logros de financiamiento de la educación tienen gusto a poco. Parte de esta confusión surge de las falacias del Indec, que no se limitan a la inflación y alcanzan también al producto bruto interno. Por ejemplo, en la versión oficial la meta de invertir 6% del PBI en educación, ciencia y tecnología se habría cumplido con creces al llegar a 6,23%. Pero usando una versión más realista del PBI, la inversión verdadera fue 5,76% del PBI y la meta no se cumplió.

No alcanza hacia el futuro lo establecido en el artículo 9 de la ley de educación nacional de 2006, que establece que desde 2011 el presupuesto consolidado del Estado nacional, las provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires destinado exclusivamente a educación no será inferior al 6% del PBI. Y no alcanza por más que se lo ratifique cada año en el presupuesto nacional, porque nada se dice de las obligaciones específicas de cada provincia, ni de las de la Nación, como sí lo hacía la ley de financiamiento.

Aunque no se ha informado oficialmente, evidencias parciales indican que se habría cumplido en 2011, pero no en 2012. Para 2013 se han agregado cláusulas insólitas, como la que dice que hay que asegurar el reparto automático de los recursos a los municipios para cubrir gastos ligados a la finalidad educación. Es cierto que, ante las falencias de la Nación y de las provincias y pese a no ser su función, los municipios están realizando cada vez más tareas educativas. Pero la cláusula difiere de la ley de financiamiento original, que se refería sólo a la Nación y las provincias. Sin ley, en fin, hay también menos reaseguros del cumplimiento de las metas, por ejemplo, por la desaparición de los recursos coparticipables de las provincias como garantía de su cumplimiento; la garantía dada por los coparticipables de la Nación estaba en el proyecto original de 2005, pero fue escamoteada de la ley.

Más importante aún es que las metas propiamente educativas quedaron incumplidas en gran medida. La escolarización de 12 a 24 años aumentó apenas de 60,5% a 61,7% entre 2001 y 2010. La graduación a tiempo en la escuela media subió entre 2003 y 2010 tan sólo del 39% al 44%. A los 15 años de edad, sólo un 52% de los chicos comprenden cabalmente lo que leen. En concordancia, la prioridad de los más pobres está mucho más presente en el relato que en la realidad, y la participación de la educación básica en el financiamiento educativo cayó del 38% al 32% entre 2003 y 2010, principalmente por el aumento de la educación superior. El aumento de los salarios docentes -cerca de un 30% en términos reales desde 2005- absorbió, puede estimarse, cerca de un 75% de los recursos. Esta mejora es condición imprescindible para jerarquizar la profesión y también para lograr los objetivos de escolarización y calidad educativa. Pero esa participación limitó otras metas y, además, no tuvo hasta ahora contraprestación en el cumplimiento de otros mandatos de las leyes que se condicionaron a la negociación colectiva, tales como que los mejores docentes enseñen en las escuelas y zonas más necesitadas o que ellos puedan llegar a la máxima jerarquía salarial sin dejar el aula. Sí se logró en parte más concentración de las horas de los profesores de la enseñanza media en una o dos escuelas, para acentuar así su compromiso con el proyecto educativo institucional.

Lo reseñado evidencia que sin una mejora sustancial de las políticas la educación en la Argentina seguirá perdiendo posiciones aun en el contexto latinoamericano y no podrá cumplir el rol que le cabe de aportar a la construcción de una sociedad más justa y con menos exclusión. Se sabe que el poder de las leyes para transformar la realidad es limitado, pero una nueva ley, ya no sólo de financiamiento, sino también de justicia y calidad educativas, colocaría esta cuestión en lo más alto de la agenda pública y ayudaría al cumplimiento de renovadas metas de inversión ligadas a otras educativas. Entre ellas, deberían destacarse la efectiva prioridad a los chicos que viven en contextos más desfavorables, para impulsar su acceso a la educación inicial; la doble jornada para que todos puedan acceder al desarrollo físico, la segunda lengua, la tecnología o la expresión artística, así como a la adquisición de competencias laborales en la enseñanza media, para reducir el casi millón de jóvenes que no trabajan ni estudian. Esto debería acompañarse con renovadas políticas de mejora escolar, sólo posibles con evaluaciones censales de los aprendizajes cada dos años. No es que no se esté "haciendo nada", ya que hay algunas jurisdicciones que han iniciado estos caminos y, desde la órbita nacional, se ha lanzado un plan 2012-2016 que contiene algunas de las metas mencionadas. Pero el ritmo de avance de las políticas nacionales y de la gran mayoría de las provincias está todavía muy lejos del necesario para impedir que continúe el retraso educativo del país y, sobre todo, de los más necesitados.

Más dinero no garantiza mejores resultados educativos. Pero sin más y mejor financiamiento tampoco habrá más educación inicial, ni más chicos con doble jornada, ni competencias laborales de los jóvenes. Decididamente, no alcanza para eso el 6% del PBI. Por eso es digno de consideración el proyecto de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, de invertir en la educación la mayor parte de las rentas de las nuevas reservas de petróleo y gas. La idea es clara: lograr un desarrollo sostenible mediante la transformación de los recursos no renovables en capital humano que posibilite una sociedad más justa e inclusiva.

© LA NACION

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