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9 septiembre 2016 5 09 /09 /septiembre /2016 10:45

NO quedarse sólo en los manuales de estudio: salir de las aulas al encuentro de la comunidad, poniendo en práctica y reforzando lo aprendido mientras se genera un impacto positivo en su entorno. Ésa es la misión del aprendizaje y servicio solidario, una modalidad pedagógica que, cada vez más, se extiende en las escuelas a lo largo y ancho del país.


Nieves Tapia, directora del Centro Latinoamericano de Aprendizaje y Servicio Solidario (Clayss), subraya: "Este tipo de aprendizaje está protagonizando por los estudiantes y planificado por los profesores, para que no sólo se aprendan contenidos pedagógicos, sino que participen como ciudadanos poniendo en juego una variedad de conocimientos".De los jardines de infantes a los secundarios, estos proyectos impulsados por docentes y alumnos se plantean objetivos diversos, pero el espíritu que los une es el mismo: mejorar la calidad de la educación a través de iniciativas donde la creatividad y la innovación juegan un rol fundamental, pero también la solidaridad y el compromiso ciudadano.

Ejemplo de esto es el proyecto "Ver Mejor", de la Escuela de Educación Técnica N°3 "María Sánchez de Thompson". En el barrio de Palermo, en el subsuelo de esta institución, funciona una óptica solidaria, donde los alumnos que cursan los últimos años de la especialidad de Técnico en Óptica elaboran anteojos que luego se entregan a precio de costo (o, en algunos casos, se donan) a personas de sectores vulnerables.

Marcelo Fernández, maestro de Enseñanzas Prácticas, explica que el proyecto nació en 2001 como resultado de una inquietud de los alumnos. "Egresaban sabiendo mucho de la técnica, pero el problema lo tenían cuando trataban con un paciente. Entonces, surgió la idea de atender de forma gratuita a personas de escasos recursos económicos", cuenta. Cada año, se entregan unos 1000 anteojos.

Vestido con un guardapolvo blanco está Alejandro Lavric, que tiene 18 años y es uno de los alumnos. "Este proyecto te permite poner en práctica los contenidos aprendidos; pero, sobre todo, te enseña a cómo relacionarte con los pacientes, preparándote para insertarte en el mundo laboral", dice el joven. Matías Lio, de 21 años, egresado y actualmente maestro del colegio, agrega: "Ver a una persona saliendo con un anteojo en la cara y una sonrisa es una enorme satisfacción. Sentís que lo que haces genera un impacto en la vida de alguien".

Una tendencia que crece

Según Tapia, el aprendizaje en servicio es una modalidad que cada vez más gana espacios en las escuelas de Argentina: "Desde el 2000 se llevan documentadas unas 26 mil experiencias en todo el país".

Para la especialista, los beneficios de estos proyectos en el proceso de enseñanza-aprendizaje, son múltiples: mejoran los resultados académicos en las materias involucradas; y cuando se desarrollan en escuelas que atienden a población vulnerable, tienen un impacto muy grande en la inclusión educativa, en la baja de la deserción y repitencia.

"Saca a al chico del lugar del beneficiario o destinatario de políticas públicas, para decirle: 'vos sos capaz de hacer grandes cosas por tu comunidad´. No es casual que escuelas de contextos muy desfavorecidos tengan experiencias extraordinarias", asegura Tapia.

Pedro Cárdenes es profesor en la Escuela Técnica N°1 de La Quiaca, e impulsor del proyecto "Manos que ayudan, conocimiento que aflora", del que participan jóvenes de 1ro, 2do y 4to año de esa institución donde la mayoría de los alumnos provienen de zonas rurales y barrios vulnerables. El objetivo, es fabricar bastones, andadores, sillas de ruedas y muletas, que son entregados de forma gratuita a personas con discapacidad y adultos mayores.

"La idea surgió en 2008, al ver que los abuelos de la comunidad tenían sillas de ruedas muy gastadas o precarias, y que además necesitaban otros elementos que ayudaran a su movilidad", recuerda Pedro.

El docente cuenta que se pusieron en contacto con el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), porque era necesario "una certificación de un ente autorizado que diseñara los planos y especificara el material que se debía utilizar".

Durante el proceso de elaboración de estos dispositivos, los chicos ponen en práctica lo aprendido en las materias Ajuste mecánico y Mediciones eléctricas (donde se logró asistencia perfecta): "En vez de estar limando, soldando o cortando en el taller, como una actividad muy aburrida y sin saber para qué, lo hacen sabiendo que es para alguien que lo necesita, que inclusive puede ser un familiar de ellos", dice Pedro.

Jaqueline Churquina tiene 16 años y es una de las alumnas. Cuenta que en La Quiaca no hay lugares donde se vendan o fabriquen estos dispositivos. "Es muy emocionante ver a las personas cuando reciben las sillas de ruedas o bastones que tanto necesitan. Saber que lo que hacemos ayuda a mucha gente nos incentiva a seguir aprendiendo", dice la joven, que cursa 4to año. Daniela Aramayo, compañera de Jaqueline, agrega: "Los alumnos tenemos que aplicar todo lo que aprendimos, y lo reforzamos en la práctica".

Guardianes del Riachuelo

A Claudia Leguizamón, maestra de quinto grado de la Escuela Primaria N° 72 de Villa Jardín, Lanús, dar clases se le había vuelto una tarea imposible. "Los chicos se portaban muy mal. No bastaba con retarlos o llamarles la atención. Era necesario hablar con ellos sobre lo que les estaba pasando", recuerda.

Una mañana de 2010, les propuso que, durante una hora, dibujaran o escribieran lo que les pasaba. Ahí supo que seis hermanitos de sus alumnos habían fallecido por problemas respiratorios o congénitos.

"Ante esa realidad, desde la ciencias sociales plantee que el objeto de estudio dejara de ser el manual y fuera el barrio. Empezamos a ver el problema de la contaminación", dice Claudia, que hace 17 años es maestra en esa zona del conurbano bonaerense, una de las más afectadas por su cercanía al Riachuelo.

"Salimos con los chicos a observar las zanjas a cielo abierto, las deficiencias muy graves en la llegada del agua potable a las viviendas, los basurales que hay cada veinte metros y las cuevas de ratas", cuenta. "Vimos una problemática concreta y buscamos trabajarla desde la educación ambiental".

Así nació el proyecto Guardianes de la Cuenca Matanza Riachuelo, con el objetivo de que los alumnos de 5to y 6to grado diseñaran un plan de investigación y acción para mejorar la salud ambiental del barrio. Incluyó campañas de concientización y jornadas ecológicas; y hasta una visita a la Corte Suprema de Justicia para interiorizarse sobre los aspectos legales.

El compromiso y entusiasmo de los chicos bajó notoriamente los niveles de conflictividad y mejoró el rendimiento escolar. "Se fueron generando cambios culturales en el barrio: ahora estamos luchando por la reubicación del basural que está en la cancha de futbol", dice Claudia. "A los chicos les interesa mucho lo que pasa en su comunidad y cómo afecta a sus familias. Sienten que son protagonistas de sus aprendizajes, aplican el método científico a través de la investigación y elaboración de hipótesis. Aunque a veces no se dan cuenta, aprenden mucho".

Metodología con muchos beneficios

Según Nieves Tapia, el aprendizaje en servicio "es una tendencia que está creciendo mucho: desde los jardines de infantes hasta las universidades".

Subraya que, muchas veces, cuando los papás se enteran de que sus hijos van a hacer una actividad solidaria desde la escuela, "piensan que es algo que no tiene nada que ver con lo que necesitan para triunfar en la vida". Pero dice: "La experiencia muestra que cuando una escuela se vuelve solidaria en serio y hace cosas que impactan en la comunidad, también se vuelve mejor desde el punto de vista académico. No hay contradicción entre ser solidario y eficiente: pueden formarse futuros buenos profesionales, pero también buenas personas".

Más información: www.clayss.org www.premio. fundacionlanacion.org.ar

lanacion.com

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Published by Polimodalitos
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