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28 julio 2016 4 28 /07 /julio /2016 09:10

Cierto diagnóstico suele repetir que los jóvenes no le encuentran sentido a la escuela, que nada de lo que sucede entre esas cuatro paredes les importa, y que la mayoría no ve la hora de estar fuera del colegio para hacer lo que realmente le interesa. A esas afirmaciones, que describen uno de los problemas medulares de la secundaria, se les podría contraponer una imagen, o mejor varias: las de cada uno de los2500 adolescentes que, este invierno, eligieron seguir yendo al colegio durante las dos semanas de descanso. En la Ciudad de Buenos Aires, 64 escuelas públicas permanecieron abiertas para recibir a los chicos de 3 a 19 años con una propuesta de colonia de vacaciones. Uno de los grandes logros de esa iniciativa puede resumirse en su capacidad de llenar las aulas de adolescentes, en pleno receso escolar.

La Escuela N° 2 de Mataderos es una de las sedes de Vacaciones en la Escuela destinadas exclusivamente a alumnos de secundaria. Allí la jornada empieza a las 12 del mediodía, con talleres de danza, murga, teatro, percusión, circo y radio. Los chicos eligen uno y lo comparten con compañeros de todas las edades (de 13 a 19 años). A las 13 se hace el saludo de bienvenida y a las 13.30 arranca el almuerzo, siempre acompañado con alguna consigna o juego pedagógico. Después de la comida, los chicos se dividen por edades y trabajan en un proyecto a lo largo de las dos semanas. La propuesta de este año, decidida en conjunto por los profesores de la sede, es “Soñar con responsabilidad”.

“La idea es aprovechar el espacio de la colonia para que los chicos puedan pensar su proyecto de vida, darles herramientas para que puedan decidir y que sean capaces de elegir lo que más les guste”, cuenta Larissa Barreto, coordinadora de la sede Mataderos. Ese eje –soñar de manera responsable– se “baja” de manera diferente en cada grupo de edad: los más chicos lo trabajan por medio del juego, mientras que los más grandes participan de tareas de reflexión y debate grupal. Muchos de ellos ya habían asistido a la colonia de verano, en la que los sueños y los proyectos también habían sido el corazón del trabajo con los adolescentes.

Las actividades incluyen visitas al Parque de la Ciudad (donde los chicos hacen kayak y tirolesa), natación, juegos deportivos y actividades culturales como visitas a museos y salidas al cine. La propuesta contempla la realidad de muchas alumnas que son mamás: algunas sedes incluyen guarderías con docentes que cuidan a los bebés, para que ellas también puedan participar de la colonia. "Nos cuidan a los bebés, les dan la leche, y nos proponen juegos. Está bueno porqueaunque tengamos hijos, seguimos conservando el espíritu adolescente", dice Ayelén (19), mamá de una nena de dos años.

“Muchos de estos adolescentes no han jugado cuando eran chicos; no han tenido tiempo porque tenían que cuidar a sus hermanos menores y después a sus hijos. Acá recuperan esa posibilidad de jugar y de aprender divirtiéndose”, afirma Ricardo Benítez, coordinador general del programa Vacaciones en la Escuela, que depende del Ministerio de Educación porteño.

“La colonia tiene un eje pedagógico que busca potenciar en los adolescentes habilidades para la vida, que después los ayuden a transitar el sistema educativo formal. Hacemos un énfasis especial en eltrabajo en equipo, lo grupal, el liderazgo. La colonia funciona también como un espacio de pertenencia y de socialización, de construcción de nuevos vínculos”, explica Benítez.

En la Escuela N° 2 de Mataderos –ubicada justo en la entrada de la Villa 15, muy cerca del Elefante Blanco– la colonia tuvo un rol clave para superar una rivalidad histórica entre los chicos de Ciudad Oculta y los del barrio INTA, separados entre sí por unas pocas cuadras. “No era nada fácil juntar a los chicos de esos dos barrios. En la colonia, a partir del trabajo sobre lo grupal y el respeto se logró superar la rivalidad territorial. Muchos chicos se hicieron amigos entre sí y ahora se visitan durante el año, los del barrio INTA van a jugar al fútbol a Ciudad Oculta. Antes eso era impensable”, recuerda Larissa.

Las puertas abiertas de la escuela pública formulan una invitación: a aprender, a proyectar, a no quedarse afuera. Gracias a esa invitación, muchos adolescentes se encuentran en el patio y no en la esquina; se reúnen para participar juntos de actividades con sentido, pensadas especialmente para ellos, que los desafían y les enseñan y los divierten: todo a la vez, quizás un poco a contramano de lo que sucede en esas mismas aulas el resto del año. Benítez sintetiza la experiencia de la colonia pública como una “reconciliación” con el sistema educativo: “El vínculo con el colegio se armoniza a partir de la colonia. Después de pasar por acá, los chicos se amigan con la escuela”.

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“Hacés buenos amigos y jugás con los profes”

En el cole. Evelyn Bogado (16), Franco Vega (18), Ezequiel Martínez (16) y Zaira Tijera (16). GERMÁN GARCÍA ADRASTI

Franco Vega (18), Evelyn Bogado (16), Ezequiel Martínez (16) y Zaira Tijera (16) se conocieron en Vacaciones en la Escuela. Durante el año van a colegios diferentes –dos de ellos son de Ciudad Oculta y los otros dos, del Barrio INTA–, pero todos los inviernos y veranos se reencuentran en la colonia gratuita del Ministerio de Educación de la Ciudad.

¿Qué es lo que lleva a un adolescente a elegir ir a la escuela en vacaciones? “Acá hacés buenos amigos. Hasta jugás con los profesores”, explica Ezequiel. “En la colonia hablamos de la vida, reflexionamos sobre el futuro y podemos ser tal cual somos”, dice Zaira, y agrega que “muchos chicos deciden venir para no estar en la esquina sin hacer nada”.

“Acá aprendés a compartir y a resolver los conflictos sin pelear”, dice Evelyn. Franco evalúa: “A los chicos que tienen alguna adicción también les sirve para distraerse”. Zaira, futura socióloga, resume: “En la escuela aprendés con el libro; en la colonia, con el juego”.

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Para jóvenes de Capital y Provincia

El programa Vacaciones en la Escuela funciona desde hace más de 15 años en la Ciudad de Buenos Aires, para chicos de 3 a 19 años. Según pudo saber Clarín, en la mayoría de las provincias no hay iniciativas similares que estén abiertas a los adolescentes: las colonias escolares suelen abarcar hasta los 12 años, y en muchos casos funcionan solo en vacaciones de verano.

En provincia de Buenos Aires funciona el programa “Patios Abiertos”, donde los alumnos (de 5 a 21 años) realizan actividades recreativas, artísticas y deportivas, acompañados por docentes de las diferen.

Alfredo Dillon

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Published by Polimodalitos
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