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6 junio 2016 1 06 /06 /junio /2016 18:40

Norma De Torres con sus carpetas y apuntes. Practica y hace todos los ejercicios que le exigen en clase.

Persevera y triunfarás. Esta frase caracteriza la historia de Norma De Torres, una abuela y vecina de Lanús Este que, tras mucho tiempo de paciencia y trabajo, está cumpliendo su máximo sueño: a los 86 años, termina el secundario. Ya está a sólo un paso de tener el diploma con su nombre y apellido para enmarcarlo en alguna pared de su casa.

Norma vive en Lanús, el mismo lugar donde nació y creció. Durante su adolescencia, entre bailes y comidas con amigos por el club que lleva el nombre del barrio, conoció a su esposo Carlos Suárez. Cuando la relación fue avanzando y después de estar siete años de novios, finalmente en el ‘56 dieron el “Sí”.

 

Con el paso del tiempo tuvieron cuatro hijos: Gladys (58), Alejandra (56) y los mellizos Sergio y Jorge (54). Primero le tocó ocuparse de ellos, de la casa y desempeñó el oficio de costurera. “La verdad que nunca me gustó, pero uno lo tenía que hacer para poder vivir. Hace tiempo seguía cosiendo algunos pantalones y hasta incluso empecé a tejer”, cuenta Norma.

Pasó el tiempo, sus hijos comenzaron a ser grandes, independizarse y darle el mayor regalo: 11 nietos y cinco bisnietos.

 

Pero hubo un sueño que siempre estuvo guardado en el corazón de Norma y recién hace dos años se animó a dar el gran paso: terminar la secundaria.

“Cuando era chica mi papá no me dejó hacer el secundario y a mí siempre me quedaron esas ganas de poder realizarlo”, recuerda. Y agrega: “Fue así que un día que había salido de casa para hacer unos mandados, vi que en un árbol había unos papelitos donde decía que se daban clases para adultos”. Entonces decidió averiguar de qué se trataban esas clases y comenzar la gran aventura.

 

Norma cursa dos veces a la semana en una entidad barrial ubicada en Centenario Uruguayo al 1500. Durante 2014 realizó el primer año, en 2015 el segundo y actualmente se encuentra en el último, para recibirse a fines de 2016.

El compañerismo que hay en la clase es muy bueno, nos ayudamos entre todos. Si uno falta y la profesora da una fotocopia, se la alcanzamos después para que no pierda los ejercicios o la tarea”, destaca.

Cursa matemáticas, diseño y desarrollo de proyectos sociales, y problemática social contemporánea. Aunque las materias que prefiere son lengua y matemáticas. “Me gustan más ese tipo de materias antes que las sociales. El año pasado tuve física y me fue muy bien durante todo el cuatrimestre. Me acuerdo que la maestra me decía: ‘El año que viene vas a tener química, vos quedate tranquila que te va a ir bien porque en física te fue excelente’”, recuerda con una sonrisa en su cara Norma.

Hoy menciona que si hubiese podido estudiar cuando terminó la primaria, le hubiese gustado convertirse en enfermera.

 

A la hora de estudiar o realizar los ejercicios que le dejan de tarea, se prepara en su mesita, con todos sus apuntes y útiles dispuesta a seguir aprendiendo.

“Generalmente estudio cuando vuelvo de las clases o después de cenar.Trato de hacer los ejercicios en el día para no olvidarme lo que nos explicaron”, resalta la estudiante. Los trabajos de sociales le gusta resolverlos sola pero para los problemas de matemáticas que a más de uno le traen algunos dolores de cabeza, a veces recurre a sus nietos con preguntas.

 
 

Me parece bárbaro lo que está logrando, porque además la ayuda a que se mantenga activa mental y físicamente". Su nieta Yasmín

“Ahora estamos con los problemas de binomio y a veces hay algo que no me acuerdo o no me sale, entonces les pregunto”, detalla. Además de ayudarla, con sus nietos comparten los boletines y hacen competencias con las notas que obtuvieron en las diversas materias.

Sus hijos también están contentos y no paran de asombrarse de los avances que su mamá logra semana tras semana. “Estamos súper orgullosos de ella. No es algo habitual que a su edad, todavía tenga eso pendiente y lo pueda hacer. La verdad que es muy meritorio todo lo que hace”, la elogia su hija mayor Gladys Suárez, quien además es docente y brinda apoyo escolar a chicos de la secundaria.

Cuando termina el cuatrimestre, siempre nos muestra orgullosa su boletín con las notas que obtuvo. Es un ejemplo de perseverancia y voluntad. Nos pide ayuda cuando no sabe o no se acuerda. Yo el año pasado le daba una mano en inglés. Me parece bárbaro lo que está logrando, porque además la ayuda a que se mantenga activa mental y físicamente”, agrega su nieta Yasmin Suárez Palla (22).

En relación a los últimos caminos que le tocará recorrer, cursará el último cuatrimestre para finalmente en diciembre tener el premio mayor: su diploma. “Estoy muy contenta y ansiosa porque llegue ese momento. Estoy cumpliendo un sueño de toda la vida”, resalta Norma, un ejemplo de superación.

Agustina Varallo,

Clarín Zonales

 

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Published by Polimodalitos
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