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2 abril 2016 6 02 /04 /abril /2016 10:37

"No puedo ser tan cobarde, mamá. No va a pasar nada. Voy a volver y voy a contar la verdadera historia de Malvinas". La frase fue pronunciada la mañana del 12 de abril de 1982, cuando un docente de 21 años y a la espera de una hija, le revelaba sorpresivamente a su madreque viajaría de forma voluntaria a las Islas Malvinas para defender a su país en un conflicto bélico contra Gran Bretaña.

Se trata de Julio Cao, quien entonces ejercía como profesor de literatura de varias escuelas primarias del Oeste del Gran Buenos Aires y, quien se despedía de su madre Delmira de manera inesperada: "El último adiós fue muy doloroso. Recuerdo su última frase: '¿Ves ese pino que está ahí, lo planté yo. Ahora voy a tener una hija y solo me falta escribir el libro. Lo voy a hacer cuando vuelva de Malvinas y voy a contar todo lo que viví", detalló con emoción Delmira Cao aInfobae, a 34 años del inicio de la guerra.

"Me sacó a la puerta y me hizo ver los camiones que iban a Malvinas para que entendiera su amor a la patria", añadió.

La participación de Julio Cao en Malvinas finalizó de manera abrupta el 10 de junio, cuando murió tras recibir un proyectil en su espalda durante un combate en Monte Longdon. El joven nacido en Ramos Mejía el 18 de enero de 1961 fue uno de los 649 soldados argentinos fallecidosdurante los 73 días del enfrentamiento.

Cao, el segundo más grande de cuatro hermanos, fallecía sin tener la posibilidad de conocer a la que sería su primogénita, Julia María, que llegaría al mundo el 28 de agosto.

Un deber moral

Delmira se opuso a que su hijo acudiera a la guerra de Malvinas desde el primer momento. "De todos modos, él me respondía: '¿Cómo me vas a pedir que no vaya? Soy docente y enseño a defender a la patria. Si me quedo acá, ¿Qué ejemplo voy a dar?'. Desde chico tenía inculcados los símbolos patrios. De hecho, San Martín y Belgrano eran sus héroes", describió aInfobae.

Una vez que Cao se marchó a las islas, la comunicación con sus conocidos en tierras continentales se dio mediante escuetas cartas y sin demasiada información. El objetivo principal del soldado era que sus padres no terminaran de conocer los detalles de su experiencia en la guerra. "Las cartas con nosotros eran cortas, ya que tampoco les proveían mucho papel.Siempre me decía que no me preocupara mucho por él", reveló su madre.

El hermetismo de Cao ante su decisión fue tal, que desapareció de un día para el otro del colegio N° 32 de Gregorio de Laferrere, donde impartía clases. La comunicación de la noticia llegaría unos días después mediante dos cartas: una para las autoridades de la institución y la otra para sus alumnos de 3° D.

"Puerto Rivero, 24 de abril de 1982

Sra Directora:

He recibido carta de mi esposa quien me transmitió la preocupación de todo el personal de la escuela en cuanto a mi presencia luego de mi inesperada desaparición debido a mi incorporación al Ejército.

Deseo hacer llegar a ud y por su intermedio a todo el personal de la escuela mi mayor gratitud por haberme hecho sentir tan a gusto durante el corto lapso en que me conté entre uds.

Espero que no se tomen en cuenta la incorrecta redacción y caligrafía de estas líneas pues es un soldado no un maestro quien las escribe.

Considero que uds desearán saber las condiciones en que vivimos aquí los soldados, que según tuve oportunidad de comprobar son muy distintas a las que describen en los diarios.

(...)

Estamos a unos 3 km del Puerto Rivero (Stanley), en la isla Soledad y vivimos en pozos de 1 m por 2 m (sic) aproximadamente (pozos de zorros) en parejas, de a dos soldados; la humedad de la tierra es nuestro mejor compañero. Comemos bien, pero la ansiedad hace que sintamos mayor apetito, no hay comida que alcance. Hace frío, frío, mucho viento y el clima en general es muy húmedo. Las noches son muy largas y se hacen más largas porque cumplimos 2 hs de guardia.

Releyendo la carta me doy cuenta de que los estoy describiendo un panorama para nada alentador, pero la realidad es que no es nada que no pueda soportarse; principalmente porque la moral de la tropa es muy alta en general".

(...)

Señora, deseo recordarle que esta información y todo lo que se refiere a mi ubicación no he hecho llegar ni a mi esposa ni a mi familia, con el objeto de no alarmarlos más de lo que por el hecho mismo se encuentran. Igualmente tengo la seguridad de que las cosas no van a llegar a mayores y que esto va a terminar muy pronto; no sabe cuánto deseo volverme a encontrar frente al grado cumpliendo esa misión mucho más gratificante y provechosa que la que tengo encomendada".

"A mis queridos alumnos de 3ro D

No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mi porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas.

Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder. Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes. Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña. Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.

Señora, además desearía hacer llegar mi recuerdo y saludos a todo el personal a la señora Bibiana, al Sr Galo, Cristina, Nora, Mercedes, Bárbara, Isabel y a todos los docentes de mi turno y de la escuela; a la señora Alicia quisiera que sepa que extraño mucho su mate de las 13 hs, y espero pronto volverlo a saborear ya que aquí el desayuno es una especie de mate cocido mezclado con cal de albañil y hasta un poco de cemento, nada de azúcar.

Habiendo distraído demasiado su atención pero sintiéndonos por un instante con uds me decido a concluir estas líneas con la esperanza de encontrarme a la brevedad con ustedes.

Afectuosamente, JULIO".

Delmira Cao recuerda con claridad de detalle cómo fueron esos días de sufrimiento, mientras no recibía ninguna noticia sobre el estado de su hijo: "Mi marido se guardaba todo. Yo, en cambio, me peleaba con todos. Iba a la iglesia a rezar y a calmar mi estrés", detalló la señora, que durante toda la guerra tenía la fe de volver a ver con vida a su hijo.

La noticia de la muerte del soldado de 21 años fue comunicada a su familia recién después de finalizado el conflicto. "No es fácil perder a un hijo para ninguna madre, pero hacerlo en una guerra es particularmente duro. Yo me pasé arrodillada en la iglesia rezando el rosario los más de 70 días de la guerra. Era la única madre que había ahí y fui la única madre a la que se le murió el hijo", explica dolorosamente.

Desde entonces, Delmira Cao decidió unirse a diversas agrupaciones de Veteranos de Malvinas para que el nombre de los que perdieron su vida en la guerra nunca fuera olvidado. Fue la manera que encontró de salir adelante. "No le encuentro sentido a la vida de otra manera. Si me hubiera quedado con el dolor y la bronca, me habría pasado como a mi esposo, que se murió poco después que mi hijo porque no lo pudo superar", lamenta.

Hoy, a 34 años del inicio de la guerra, la madre de Julio Rubén Cao siente que los ex combatientes quedaron prácticamente en el olvido y que el tributo por parte de la sociedad todavía no es suficiente. A falta de cifras oficiales, diversas agrupaciones de veteranos estiman que desde 1982 hasta la fecha hubo alrededor de 500 suicidios de ex combatientes.

"Todos los 2 de abril deben servir para reconocer a los veteranos, para que no queden como los 'pobrecitos' o 'los loquitos de la guerra'. Mi hijo ya está con Dios, pero estoy segura de que, si hubiera visto la desmalvinización que hubo, se habría matado. Por eso, ya no lucho por los que no están, sino por los que volvieron, porque no podemos dejarlos solos", sentenció.

Hoy, el consuelo que le queda a Delmira es el del recuerdo de alguien que siempre se brindó por los demás, que daba clases a los más necesitados y que siempre defendió un espíritu pacifista, aún en combate: "Él amaba a Ghandi, así que era pacifista. Y yo lo que sé es que Julio no tiró un tiro. Y murió sin tirar un tiro y sin matar a nadie". Y añadió: "Me quedó la tranquilidad de que, al no tener que matar a nadie ni tirar, él se habrá ido con Dios tranquilo".

En tanto, el legado educativo que dejó el maestro soldado quedó intacto: la misma escuela N° 32 de Gregorio de Laferrere, hoy lleva el nombre de Julio Rubén Cao

infobae.com

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Published by Polimodalitos
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Comentarios

Silvita 04/07/2016 00:12

Muy emocionante...