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30 abril 2016 6 30 /04 /abril /2016 08:56

Alfredo Dillon

adillon@clarin.com

Para la mitad de los alumnos de primaria, la jornada escolar no empieza con el cuaderno sobre el banco, sino con una taza caliente de mate cocido o, en el mejor de los casos, leche chocolatada. Los más privilegiados toman un vaso de yogur o cereales. La mayoría acompaña su infusión con pan o galletitas.

La descripción del menú no alarma, porque se replica en la mayoría de los hogares. Pero el 80% de los niños del país desayuna mal: no reciben los nutrientes esenciales, según un relevamiento del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA). El déficit afecta a quienes desayunan en sus casas y a los 4,6 millones de chicos que lo hacen en la escuela (el 52% del total).

La alimentación escolar profundiza la malnutrición infantil, el problema nutricional más grave que tenemos hoy”, advierte Sergio Britos, director del CEPEA. Según la Encuesta Mundial de Salud Escolar, un 34,5% de los chicos argentinos presenta sobrepeso. Y el 22,4% de los niños pobres tiene dietas deficitarias en nutrientes esenciales, lo que impacta en su desempeño cognitivo. “En la pobreza, comer mal es el principal problema alimentario, mucho más que no comer”, señala Britos.

Según CEPEA, el desayuno escolar da infusiones con poca leche y mucho azúcar. En promedio, se brinda a cada chico 100 cm3 de leche, cuando debería ofrecerse como mínimo 200. Además, los niños consumen solo en la escuela (principalmente en el desayuno) el equivalente a la cantidad de azúcar que deberían ingerir en todo el día. Así, la escuela no refuerza los nutrientes deficitarios y, por el contrario, acentúa los que deben limitarse (azúcar, sodio y grasas).

En el almuerzo el panorama también es precario y monótono: predominan los guisos con fideos o arroz, papa y carne. Y faltan los mismos elementos que son infrecuentes en la dieta hogareña: frutas, verduras, legumbres y lácteos. La situación ha sido denunciada por los expertos y los gremios docentes. “A algunas escuelas solo les alcanza para entregar fideos y arroz”, sostiene Silvia Almazán, de SUTEBA, y añade que el menú escolar “no respeta el nivel nutricional necesario para los alumnos”.

En CEPEA elaboraron un índice de calidad nutricional, según el cual un menú saludable sumaría 100 puntos. Al medir la dieta de los chicos, encontraron que, en promedio, la alimentación hogareña suma 42 puntos, mientras que la dieta escolar no pasa el examen: apenas llega a 32.

“Para que la alimentación escolar complemente los desequilibrios de la dieta hogareña, la calidad de las prestaciones debe ser mayor”, plantea un documento reciente de CEPEA y CIPPEC titulado Lineamientos para una política federal de alimentación escolar. Allí se explica que mejorar la calidad del desayuno y almuerzo escolar no requeriría gastar más, sino mejor: el 0,5% del PBI alcanza.

Según este informe, el déficit nutricional de los comedores es consecuencia de una gestión ineficiente. “Hoy los directores están sobrecargados, y encima tienen que administrar el comedor”, señala Gala Díaz Langou, directora de Protección Social de CIPPEC. Además, “la preparación de las comidas está a cargo de madres o de personal no capacitado, los controles bromatológicos y auditorías financieras son escasos, y los docentes que acompañan el servicio no reciben un plus salarial”, añade Díaz Langou. Es decir: el comedorno funciona como una instancia pedagógica que les enseñe a los alumnos a comer mejor.

Algunas claves para mejorar serían “definir metas nutricionales, fijar estándares de calidad para todo el país, avanzar hacia modelos concesionados y dar educación alimentaria en la escuela”, sostiene el documento. Otra prioridad es saldar las disparidades de cobertura y calidad entre provincias. Para empezar a resolver la malnutrición infantil, desde CEPEA y CIPPEC proponen universalizar un desayuno escolar saludable, y asegurar un mejor almuerzofocalizado en los grupos más vulnerables.

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Published by Polimodalitos
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