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27 noviembre 2015 5 27 /11 /noviembre /2015 10:02

Por Adriana Lara

Se termina la gestión de Nora de Lucía en la provincia de Buenos Aires. Aquellos que seguimos dentro de las escuelas estaremos aguardando cambios drásticos que solucionen la larga lista de problemas que a lo largo de esta gestión que finaliza se han hecho públicos y notorios.

Ciento noventa días de clase. Salarios. Instituto de Obra Médico Asistencial (IOMA). Se preguntarán qué se necesita cambiar además de eso para que mejore la calidad de la educación que reciben nuestros chicos. Yo me lo pregunto todos los días.

En primer lugar, deberíamos ponernos de acuerdo como sociedad para enseñar en el seno de las familias que lo que sucede adentro de las escuelas es importante. Preparar a los papás para, desde el vamos, considerar a los docentes de sus hijos como colaboradores para realizar un trabajo en equipo. Si seguimos diciéndoles a los chicos que nacieron sabiéndolo todo y que nada de lo que les enseñen en el colegio sirve para nada, seguiremos estando mal. Porque estamos mal. Ya a esta altura, es “Chocolate por la noticia”.

En segundo lugar, deberíamos exigirles a los nuevos gobernantes que los edificios donde trabajaremos brindando educación formal durante 2016 estén en condiciones. No es cierto que cualquier espacio pueda ser un aula. No es cierto que se pueda explicar bien algo a los alumnos dentro de un comedor, en un pasillo, en un lugar inundado, agujereado o contaminado. Los resultados están a la vista.

Otra cosa que necesitamos urgentemente es silenciar el ruido. Las interferencias, el desastre que proviene de afuera de donde debemos trabajar y el que proviene de adentro. No se puede enseñar ni aprender correctamente en un lugar donde todos gritan. Se necesita un “¡Shh!” generalizado, cantar La lechuza, la lechuza o algo por el estilo, apagar celulares, jueguitos, guardar los auriculares. Se necesita un sistema efectivo para mejorar la convivencia dentro de las escuelas y detener el bullicio improductivo, porque a lo único que conduce es al simulacro y al fracaso de cualquier proyecto pedagógico.

Necesitamos comenzar bien. Va a ser difícil, pero, ¿y si sucede? ¿Y si pasa el año que viene o en los próximos años?

Me pregunto qué haremos una vez que consigamos que los alumnos se comporten como alumnos, que estén en un silencio expectante, atentos al tema que se viene, concentrados para comprender la consigna que vendrá. ¿Qué necesitaremos?

Necesitamos docentes preparados, que sepan mucho acerca de su disciplina y acerca de cómo enseñarla. Urge preparar docentes así, porque una vez conseguido el respeto, resignificada y dignificada la figura del docente, se debe mantener y merecer esa significancia y ese respeto.

Continúo especulando. Una vez que tengamos todo eso, docentes con la clase planificada y preparada, alumnos preparados para escuchar, entender y aprender, edificios dignos y el silencio, orden y armonía necesarios. ¿Será suficiente?

No creo: tendremos que revisar qué enseñaremos. Si corresponde, es pertinente, es útil, para qué y por qué necesitamos cada contenido. Si está bien enseñar lo mismo a cualquier grupo de alumnos, en cualquier escuela, dentro de cualquier heterogeneidad y diversidad. La cantidad de horas, los horarios de ingreso, de egreso, los recreos. Pensar nuevamente qué y cómo se evalúa, cómo se expresan los resultados obtenidos mediante las planillas de calificaciones y cómo deberíamos hacerlo para mejorar.

Releo y sonrío. Es dificilísimo conseguir lo que quiero. Sin embargo, es tan simple. Se reduce a mi esperanza de poder entrar dentro de mis aulas y que los alumnos estén ahí y me saluden. A mis anhelos de poder, luego del “Buenos días”, “Buenas tardes” o “Buenas noches”, decir algo como “Hoy vamos a…” y poder comenzar la clase que preparé con esmero interactuando con alumnos que dialoguen conmigo y entre sí para poder construir un aprendizaje verdadero y significativo.

Sé que es mucho pedir, pero resignarme con cómo estamos no va con mi esencia ni con la de la mayoría de los docentes. Somos pedigüeños, soñadores, esperanzados y testarudos: queremos que nuestros alumnos aprendan, a pesar de todo y en contra de todas las adversidades. Espero que el 2016 me sorprenda (nos sorprenda) con mejoras dentro de las escuelas, que es donde estaremos trabajando, como siempre.

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Published by Polimodalitos
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